miércoles, 31 de marzo de 2010

Animales y animales


DE LA RELACION ENTRE ANIMALES

Cerca de mi casa, hay un pequeño chalet con una parcela rectangular de unos dos mil metros cuadrados. Toda la finca está cerrada de boj y a la vera de este, el dueño tiene plantada una hilera de fresas. Una planta tras otra se alinea de forma que desde la vereda, el hombre, ya mayor, y que la recorre varias veces al día, va recogiendo los frutos en sazón. A veces lleva uno a la boca probando su dulzor y los otros los deposita en una pequeña cesta de mimbre para llevarlos a la casa. Este ritual, entre primaveral y veraniego, es seguido por un perro, un gato y un pato. Cuando el hombre sale de casa con la cesta, el perro, un pastor alemán tan viejo como su dueño, ya sabe lo que éste va a hacer; se coloca tras‚ él y lo sigue haciendo el recorrido y las consiguientes paradas. Nada extraño o novedoso hasta aquí, si no fuera por que el gato sigue al perro y el pato al gato. Todos forman en fila india y parece como si la impronta, más propia del ultimo animal, se hubiera contagiado a los otros dos. Es chocante cuando menos, o a mí así me lo parece, ver la formalidad con que respetan el paseo; El perro no molesta al gato y ambos respetan al pato. Nadie abandona la fila ni se adelantan el uno a los otros, a lo más, el ánade estira el cuello y picotea algún caracolillo que ha salido al camino.



Nosotros no hemos tenido el privilegio de criar a nuestro perro. No hemos sentido el placer que sin duda produce verlo crecer, aprender y enredar porque nos lo regalaron con siete años. Sin embargo, creo que el cambio de manada no le ha creado ningún trauma, antes bien; me parece que nos ha adoptado de muy buen agrado. Enseguida ha hecho su valoración del resto de su nueva familia y dado su orden de prioridades en su cariño, su amistad o su fidelidad. Quizá me crea un poco fatuo al pensar que a mí me respeta y me obedece mejor, que a mi mujer la quiere porque le da de comer y le hace más arrumacos que los demás. A Yolanda la gruñe de vez en cuando por que es un poco pesada y no le deja en su intimidad, a Susana por que le pasea a menudo, a Alejandro no se sabe el porque, y a mi suegra ni fu ni fa.



Creo que él necesita cariño y firmeza, y que es demasiado listo como para comprender quién es el que trata de engañarlo; es decir conoce la sinceridad de los sentimientos de cada persona hacia sí. Aquel que finge un cariño que no siente, aquel que solamente trata de pasarle la mano por el lomo para que no le gruña o que simplemente trata de estar a bien con él para que no le moleste, lo desprecia olímpicamente

Le gusta sentirse admirado, y si lees o escribes durante un rato sin hacerle caso, ha de arreglárselas para subir sobre la mesa y sentar sus reales en medio del periódico o la libreta. Puede que se tumbe sobre ellos cuan largo es, o que se quede sobre sus cuartos traseros mirándote fijamente a los ojos, tan cerca, que con solo alargar la lengua te la pase por la cara. Solo se bajará de allí si lo engañas diciendo que vas a la calle, o si lo quitas a la fuerza.



Dicen que hay perros que miran la televisión y que incluso tienen sus programas favoritos. A este ni si quiera le llama la atención, y a lo más que llega, es a ladrar cuando siente algo que no le agrada; Las sirenas de ambulancia o policía, el silbido del viento y por supuesto los ladridos de otros congéneres.




Generalmente se tumba a los pies de cualquiera, aunque prefiere los de Alejandro, Mari y los míos. Cambia a menudo de posición y lugar, lo que es un peligro tanto para él como para los demás, pues como es tan silencioso y tan pequeño, nunca sabes donde está o no lo recuerdas. Bajas el pie, lo pisas o simplemente lo rozas y se lanza como un poseso a morder zapatilla, zapato y con ellos lo que va dentro. Antes de hacer cualquier movimiento hay que tener siempre la precaución de ver donde está, y así nos pasamos la noche preguntándonos unos a otros:¿Dónde está el perro?. No quiero suponer, aunque la duda me asalta, que los anteriores dueños le dieran alguna que otra patada y por eso reacciona de esa forma. De algún modo se ha de defender de lo que cree una agresión y pasada la momentánea rabieta, trata de hacerse perdonar como mejor sabe: a lametones.




A un vecino mío le regalaron un mestizo de mastín y san Bernardo. Desde nuestra terraza lo vimos crecer en el jardín de la casa y con nosotros toda la chiquillería que pasaba camino de la escuela cercana. El perro, cuidado por un amigo, ya que este vecino solo pasa en la casa los veranos y fines de semana, se crió con el afecto y cariño de todos y nadie dejaba de decirle cosas desde el otro lado de la tapia. Pero cuando cumplió la mayoría de edad, lo regalaron. El dueño de la casa decía que le entraba en la huerta y se la desbarataba, además, aunque por su envergadura podía amedrentar al más pintado, su carácter bonachón se dejaba ver enseguida y no ofrecía garantía de defensa para los intereses del amo. Es cierto que las peras y las manzanas desaparecían de los árboles, y que Viriato nada hacía por guardarlas de los que saltaban a por ellas; él gozaba corriendo tras los chicos y dejaba coger el fruto en pago a los alegres momentos que pasaba. Su falta la echa en cuenta nuestro Yors, que acostumbrado como estaba a hablarle desde la terraza, no hay momento que pase ante su puerta en que no gruña buscándole, o trate de saltar a lo alto del muro para tratar de verle. Viriato hace ya casi dos años que no vive junto a nuestra casa. La relación tampoco ha sido estable en ésta ocasión. Tal vez si el perro hubiese sido un poco más fiero como quería, tampoco le hubiese servido a mi vecino. Posiblemente no está preparado para tener compañeros animales, ni siquiera en los fines de semana.





Esto lo escribí hace ya quince años. Desde entonces hemos tenido cuatro perros más. Antes de la muerte de nuestro primer yors, me traje un perro de la fábrica donde trabajaba. Posiblemente, y para deshacerse de ella como he visto en muchas ocasiones, alguien introdujo en un vagón del ferrocarril una perra preñada que llego a fábrica. La perra parió dos cachorros y al poco murió, junto con uno de ellos atropellada en la carretera. Yo me traje al otro para la finca. Un año más tarde, a nuestro yors lo mato el perro de un vecino, y la compañía de seguros nos reembolsó el dinero para que pudiéramos adquirir otro perro de igual raza. Esa fue la forma de entrada en nuestra vida del segundo cachorro. Al mismo tiempo, a mi hija Yolanda le regalaron otro cachorrillo que se veía abocado al abandono.
La aldea es el sitio idóneo para que muchos desalmados sin conciencia, abandonen los perros que fueron regalo de unos meses y que luego causan engorros. Pero todos tenemos un límite y a veces que hay que decir basta. Algunos convecinos se hacen cargo en ocasiones de estos abandonos- yo lo hice con nuestra última perra- ante el temor y certeza de que si no es así, pronto los veremos muertos en la cuneta de la carretera. ¡Pero a los animales se les coge cariño!. ¡Pero los animales también sufren y mueren! ¡Pero nosotros sufrimos con ellos! ¡Pero lloramos por ellos como si de un familiar muy allegado se tratase!.
Hoy solamente nos quedan dos. Están viejitos y enfermos, y, aunque digan que la mancha de la mora con otra se quita, el día en que falten, en mi casa no entrará otro perro.
Las fotos son las de nuestros perros. Tenemos además a Musona, Musina, Tgrina, Bisbi, Pecherina, la Negra, la Guapa, la Bola, Roxin, Mus, y el Feo.

No hay comentarios: