martes, 23 de marzo de 2010

El niño y el pozo






El cielo está de un azul purísimo y contra él se recortan las siluetas de las gaviotas enseñando su blanco vientre. El sol brilla con ese esplendor que le es característico en el mes de julio, haciendo que la arena parezca oro nuevo, allí donde el agua no la alcanza, y oro viejo en la que queda al descubierto por el reflujo de la marea. El leve viento hace que el agua verde esmeralda vaya formando cintas de nácar que, impulsadas por las suaves olas, van hasta la orilla.
Juegos de pelota, chapoteos, risas y voces que apagan el leve rumor del agua y un rubio niño que desnudo, con su pala, hace un hoyo en la húmeda arena. Lleno de sorpresa ve el agua que mana y como el pozo se llena, anda unos pasos y otro comienza, que de igual manera el agua anega. Otro y otro más su pala excava y ya los primeros desaparecen por que de los bordes y hacia dentro, cae la arena. Quiere hacer participe a su madre que desde la hamaca lo observa. El niño llega hasta la sombra, donde la madre, que no se quiere poner muy morena, con el abanico enreda. Con su lengua de trapo quiere inducirla a que vea el fenómeno, y tirando de ella, con su manita, hasta la orilla la lleva. Un nuevo pozo cava y de nuevo brota el agua. La pregunta nace rauda...
 
- ¿Po que sale agua?
 
Difícil explicación para que pueda ser comprendida por quien no más de dos o tres años tiene.
 
 - Es que el agua se filtra por abajo - comienza la madre -
 
- ¿Que finta?
 
- No, que filtra, fil...tra, fil...tra
 
- ¿Y que e fil ta?
 
- Pues eso, que sale de abajo...
 
- ¿Y po que sale?
 
- Sale por que filtra. Mira, ves toda aquella agua del mar, pues esa agua empapa la arena y al hacer un pocito aparece.
 
- ¿Y que e empa... empa?
 
- Empapa, em pa pa, em pe pa.
 
¿Que e empapa?
 
- Que moja. Anda, ven hasta la sombrilla, que te voy a dar de merendar un yogur y un plátano.
 
Arrastra al rubito de la mano tratando de encandilarlo con algo apetecible y que la evite explicaciones que sin duda se harán interminables. Con la toalla limpia las manos y la boca del hijo, desprendiendo las pecas de arena, abre el envase y cucharadita a cucharadita va alimentándole. Luego el plátano, mordisquito a mordisquito el niño lo va pasando, pero él no deja de mirar la orilla del agua.
Ya ha acabado y la madre le dice que vaya a jugar. Allí mismo se pone el niño, en la caliente y seca arena. Comienza, como no, un nuevo pozo. Ahonda y ahonda, pero no sale el agua. Vuelve al lado de su madre y pregunta...
 
- ¿Po que no sale agua?
 
La joven reniega de ya de haberle comprado la pala, y mejor hubiera hecho, si, como quería el padre, le hubiese comprado un camión.
 
- Es que aquí está muy alto, hijo. Házlo más hondo, más profundo.
 
El niño vuelve a la carga, agranda y profundiza el hoyo, pero no sale el agua. Se para, contempla su obra y apuntando al agujero, hecha una meada. El pis desaparece tragado por la arena. Va de nuevo hasta su mamá, a contarle lo que ha sucedido mientras que poco a poco la marea ha ido subiendo.
 
- ¡Mama, no hay agua!
 
- Ya te digo que aquí está muy alto. No puede salir el agua.
 
El chiquillo no lo comprende, desanda el camino y torna al hoyo para comprobar con sorpresa, que, poquito a poco, va apareciendo el agua. Complicada cosa esta del agua que ni su mamá la entiende. Coge la pala y no espera que el hoyo sea desbordado por el agua, va y lo tapa. Luego, con disimulo y mirando atrás de reojo, se allega hasta la sombra y se sienta junto a la hamaca.

1 comentario:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.