sábado, 20 de marzo de 2010

Color, olor, sabor, sentimiento.

Aún a fuer de ser pesado, hoy vengo con otro par de cuentinos y, como los anteriores, de hace bastante tiempo. Con el primero traté en su día de rememorar aquellos recuerdos de niño en la aldea de mi madre. Una aldea entre viejos montes, viejas casas, viejas gentes y viejas costumbres, muchas de ellas ya desaparecidas.
Siempre digo, que el ayer tarda más en onvidarse, o mejor, núnca se olvida. Porque a medida que el tiempo transcurre, tenemos más para recordarlo.




COLOR, OLOR, SABOR, SENTIMIENTO

¡Ah si yo pudiera!... describir el follaje verde claro de la primavera, el más oscuro del verano, el amarillento del otoño o el blanco de nieve que cubre las ramas en los bosques de hayas, castaños y robles de mi aldea... Los floridos manzanos, los perales o ciruelos, los siempre verdes pinos, las diversas florecillas de los prados y el cristalino correr de los arroyuelos, las rojas cerezas o los maduros pringosos y amarillentos higos, las uvas de la parra y las moras de la morera...
!Ah si yo pudiera¡... describir los azules de los trajes y camisas de mahón, los negros de las boinas y las madreñas, los marrones de las chirucas y los castaños brillantes de las cestas de mimbre de los mineros y trabajadores de la fábrica, cuando suben o bajan por la matona, camino de casa o de la tarea...
!Ah si yo pudiera¡... describir los mandiles a cuadritos grises y blancos de faena, las negras pañoletas y los brillantes chanclos que las mujeres utilizan para ir a la huerta, los calderos, barcales o paxios que llevan sobre la cabeza cuando van al lavadero o al mercado, los pantalones por bajo de la rodilla de los chiquillos, los niquis a rayas, los jerseys tejidos a mano aprovechando lana de aquí y allá, los zapatos heredados del padre o hermano mayor, las alpargatas y playeras...
¡Ah si yo pudiera!... describir a las mocitas con sus blancos calcetines y largas trenzas, el rubor de la novia, cuando saliendo de casa, camina a encontrase con su amado que semiescondido tras el laurel la espera, el velo blanco de la señora condesa que para eso lo es y en algo, aparte de reclinatorio propio en la iglesia, se ha de distinguir la realeza...
!Ah si yo pudiera¡... describir en ese viejo hórreo, el brillante castaño de las cebollas y el dorado de las mazorcas enristradas cual rosarios de grandes cuentas, el térreo color de las patatas, el blanco de las fabas, el negruzco de las arrugadas morcillas y el rojo exultante de los chorizos que penden colgados dentro de la panera...
!Ah si yo pudiera¡... describir los encalados de las casas y los rojos oscuros de los tejados, moteados por el hollín de las chimeneas, el marrón de las puertas de cuarterón, él más natural de las talanqueras, el rojo y blanco de las vallas de la carretera...
!Ah si yo pudiera¡... describir los calderos de blanco de porcelana colgados en la cocina, el cacillo por el que beberá el agua que contienen, la familia entera, el piso de madera que con estropajo y asperón se friega, el azul y blanco del armario con sus dorados tiradores, el multicolor juego de café con motivos campestres, la vieja radio con su larga y retorcida antena, el hule de dibujos romboidales sobre la mesa panera, las largas barras y redondos panes que guarda junto a las servilletas, la ventana donde está la verde fresquera...
!Ah si yo pudiera¡... describir las estrechas camas con sus colchones de hojas de maíz, la pequeña cómoda con su juego de tocador sobre tapetitos de puntilla, el armario de luna y el reloj de pared y que como manda la tradición, ha de ser de castaño la madera, la mecedora de esa señora de moño que siempre hace calceta y es hermana de la abuela, el cuadro con un señor de bigote y una mujer de toquilla que dicen eran tus abuelos, el niquelado despertador con sus grandes campanillas y agujas fosforescentes, el rollo de higiénico el elefante, la jofaina, la palangana y la jabonera...
¡Ah si yo pudiera!... describir el llar o la vieja hornilla y el soplillo que había antes de colocar aquella bilbaína con horno y herrajes de metal, ahora ya hay agua caliente y sin ponerla a calentar siquiera, con el carbón que nunca falta y que todos los meses deja el carretero a la puerta...
!Ah si yo pudiera¡... describir el blanco amarillento del bacalao, las plateadas sardinas, los rojizos besugos, las oscuras palometas, los azulados chicharros o el rosado de las grandes rodajas de bonito, recostadas entre el hielo y los helechos del motocarro de la pescadera...
!Ah si yo pudiera¡... describir al tratante de negro blusón y vara en la mano que va comprando cerdos y terneras, al gitano operado de la garganta que se lleva la goma desde el agujero de la traquea a la boca para poder preguntar si queremos que nos haga un cesto de verde mimbre, al gallego de bata gris que pasa con su piedra de afilar reparando las potas y paraguas, al tejero que va de pueblo en pueblo construyendo con el barro tejas y ladrillos, al chatarrero que busca el hierro, pero mejor el cobre y el plomo y que a cambio te da un plato o un globo, al panadero que a lomos de su burra lleva en las alforjas los dorados y recientes panes, la yunta de lucidos bueyes que acarrea las pipas de vino para el almacén de los Orejas, la reata de mulas de Misaél que del monte baja la madera...
!Ah si yo pudiera¡... describir el aroma de la mies caída por la guadaña, el de los cestos de manzanas cogidas a mano, el de la tierra húmeda y sombría bajo las ramas de los árboles, la del surco recién abierto que acunará las patatas en la siembra, el del apio y la zanahoria ya crecidos, el de las fariñas recién hechas de la cena, el de las patatas cocidas con arroz y chorizo para medio día, el de la tortilla que llevará el paisano en la fiambrera, junto a la botella de vino en su cesta, el de esa gruesa onza de chocolate que dentro de un zoquete de pan es la merienda de los críos, el de la leche acabada de catar, el del caldero humeante de esllava para los cerdos, el de la oscura cuadra donde se recoge la vaca, el de la madera encerada de la escalera y del piso de tabla de las habitaciones superiores, el del carmín, colorete y esmalte de uñas de ese cuartito pequeño y misterioso en la buhardilla donde duerme la criada, el del chigre con sus pellejos de vino o del lugar donde se escancia la sidra, allí bajo la figar, al pie de la bolera...
!Ah si yo pudiera¡... describir el sabor dulzón de los tomates de la huerta, el de las ciruelas y los piescos, el de las manzanas y peras, el de los huevos con chorizo, el del café con pan mañanero en taza de bola, el de la manteca guardada entre hojas de berza, el de las castañas cocidas con leche o las mayucas, el de ese pollo grande y hermoso que siempre guardamos para Navidad, el del arroz con leche requemado con el gancho de la lumbre de los días de fiesta, el del jarabe de guindas, tan bueno para la tripa y que se guarda en la alacena...
!Ah si yo pudiera¡... describir la devoción y las promesas a los santos Mártires, la voz cansada del cura de tantos rezos, misas y novenas, las dos lagrimas traidoras que se le escapan a la Blanquita y que vino a la fiesta dejando en la ciudad al gran señor que la retiró de la faena, la vieja que se empeña en llegar de rodillas cuando puede andar a duras penas, la señora que porta un niño en cuello y en la mano una pierna de cera, el morito que se quedó de cuando la guerra y ahora pide limosna para volver a su tierra, el tullido que toca el acordeón enseñando sus miserias...
!Ah si yo pudiera¡... describir la barraca que sortea esos cayados de rojo caramelo, al vendedor de los de madera, que los pinta de colorines, para atraer a los niños y que el padre paga sin chistar siquiera, la señora de la ruleta que por suerte eligió a mi tía como gancho y le esta haciendo ganar ya cuatro perras, la comida de todos los de la vecindad, sentados en suelo formando corro y sacando filetes, tortilla y empanada a la palestra, el fotógrafo que inmortaliza la ocasión, para que mucho mas tarde al ver la foto, alguien exclame... !mira Concha... pobre... murió tan joven¡ aunque sin duda con el rápido correr de los años, no será solo ella...
!Ah si yo pudiera¡... describir el sonido de la sirena de la fabrica anunciando que ya es la hora de ir a buscar la cena, el traqueteo del trenillo que baja el carbón de la mina, el silbido de la locomotora del tren correo, con ese pasajero al que le falta una mano, rifa un paquete de caramelos que casi siempre toca al siete de espadas y dice que es invalido de guerra, la risita de nervioso disimulo de la rolliza señora que lanza del tren la saca o su bolsa de estraperlo al ver acercarse a la pareja para bajarse en cuanto puede e ir a recogerla...
!Ah si yo pudiera¡... describir el canto melodioso del ruiseñor en lo profundo del bosque, la del mirlo en el zarzal, la esquila de la pinta, la roxia o la moruca en el prado, el cencerro de las ovejas, el llamar incesante de la pega que va tres días que perdió a su pareja, la tonada que canta el minero camino del "tayu", los sones desafinados de la gaita del hijo de Mandolín que sin desmayo ensaya, el ruido de los coches o camiones que raramente pasan por la carretera, la tranquilidad y el sosiego con que hablan a las puertas de las casas, el modo de dejar correr el tiempo sin prisas, la suavidad de la voz para no interrumpir el sueño de aquellos que trabajan de noche o hicieron el turno de la mañana, el canto de la lotería los domingos por la tarde, los paseos de los jóvenes carretera arriba y abajo, la esperanza siempre fallida de esa quiniela escuchada con devoción por la radio, la cita nocturna con la Pirenaica vigilando que los guardias no aparezcan...
¡Ah si yo pudiera!... describir los paseos con mi abuelo por el andén de la estación, las misas de los domingos de la mano de mi abuela, el tebeo que me compraba como recompensa al salir de la iglesia, la sesión infantil de las cuatro con Boris Karloff, el Gordo y el Flaco y Errol Flin, el cine de verano en el campo de fútbol, aquella película para mayores a la que fui con mi madre y para que no se notase lo crío que era, con la rebeca me tapaba las piernas, la botella de sidra y los bigaros que tomaba con mis padres en el anochecer dominguero, el entierro del minero llevado a hombros por los compañeros y que ocupa la calle entera...
!Ah si yo pudiera¡... describir con acierto esas cosas pasadas y que por eso mismo no volverán, podríais conocer algo de mi pueblo, de sus cosas y sus gentes, y aunque tal vez dijerais de mi que soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor, no andaríais desacertados, pues mejor es este minuto pasado que el próximo, como este lo será entonces con respecto al siguiente y así sucesivamente hasta que ya no podáis pensar.


No hay comentarios: