domingo, 21 de marzo de 2010

Samis

Al trasladar algunos de los cuentos y leyendas de otros pueblos, me pareció que debía de hacer una breve reseña de estos, para que la cosa no se quedara algo coja.




Los Samis.
Las primeros escritos que se conocen del pueblo Sami son las sagas islandesas del siglo XVIII. En ellas se describe a este pueblo como expertos en brujería y ocasionalmente peligrosos.
Muchos Samis aún usan sus trajes tradicionales, diferentes de una población a otra. En principio eran cazadores y recolectores, pero más tarde desarrollaron el pastoreo de renos, forma de vida similar a la de algunos pueblos del norte asiático. En nuestros días unos 7000 lapones practican todavía este método de supervivencia, y se calcula que poseen cerca de medio millón de renos.
El último estado natural de Europa, pertenece a los Lapones: Spami, llaman a este su terrtorio. Poseen Parlamento y Bandera, siendo su religión es mayoiritariamente la Cristiana Evangélica Luterana.




La leyenda de Papa Noel.





Según la leyenda, Papa Noel vive en Korvatunturi o Monte Oreja, a 150 kms al noroeste, en el Circulo Polar Ártico. Se sabe que siempre ha vivido allí gracias al descubrimiento de un locutor de Radio Finlandia fechado en 1.927. Vive en una colina cubierta de bosques nevados, en una gran finca que tiene un taller de elaboración de regalos –con sección de empaquetado y depósito– una oficina de correos, un establo para los renos y un cobertizo para los trineos. Papa Noel vive junto con su mujer y habita el lado sur de la casa. En su cocina está la mecedora en la que se sienta para leer las cartas que recibe de los niños de todo el mundo y para decidir los regalos que les hará.

La leyenda de las auroras boreales.




Otra leyenda de los antiguos lapones, cuenta que un viejo zorro ártico, durante sus vagabundeos por la blanca tundra, levanta con su cola chispas y copos al rozar la nieve.
La estremecedora visión de una Aurora Boreal a nadie deja indiferente, destellos danzantes coloreados de azufre ondean como un mar de fuego en el horizonte mientras la nieve de pronto se ilumina con reflejos asombrosos. Absolutamente impredecible, este majestuoso espectáculo puede contemplarse con suerte, y con mucha paciencia.
Científicamente consiste en una lluvia de partículas procedentes del espacio que al cruzar la atmósfera colisionan con las moléculas de oxígeno y nitrógeno de las capas inferiores provocando un desprendimiento de energía de forma lumínica.

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