miércoles, 28 de abril de 2010

En el casino. (parte III de IV)

Otro día ha pasado y es nuevamente la hora del café. Algunos de los contertulios han dormido la siesta y no les preocupa mucho lo que don Tanis pueda contar, pero otros como don Ramón o don Servando, ya llevan tomados sendos cafés y paladean ahora una copita mientras hacen tiempo. Don Servando moja la punta de un cigarro puro en la copa de coñac y a continuación lo enciende por el lado contrario. Es una costumbre que el maestro ya conoce de hace tiempo. Ahora, el orondo secretario del ayuntamiento, introducirá un palillo al cigarro buscando mejor tiro y dirá como siempre... "estos Montecristos hay veces que salen muy buenos y otras muy malos". El maestro, que no tiene ese hábito, como siempre, le recriminará el acto y tratará de hacerle ver lo perjudicial que puede resultar para su salud. Casi todos los días son iguales al anterior, se hacen y dicen parecidas cosas y por eso esperan a don Tanis con impaciencia. Él les trae algo nuevo de sus viajes y que viven como propios; Don Ramón, el maestro, porque desde que llegó al pueblo hace mas de diez años, no ha salido de él y solo cuando acabó la carrera, hizo un viaje de fin de curso al Escorial. Tampoco antes había salido de la ciudad que está a ochenta kilómetros. Don Servando si que ha viajado bastante. Como funcionario del estado, ha trabajado en varios pueblos y ciudades importantes, pero ahora, próximo a la jubilación, ha querido venir al pueblo donde nació. No echa de menos el bullicio, todo lo contrario, lo que añora es el conocer esos lugares que el ricacho de don Tanis conoce. Su sana envidia, por algo para lo que no tiene medios y no puede realizar, le lleva a escuchar, a imaginar y a sentir como propio.
Don Tanis ha llegado y se dispone a continuar el relato del resto de su viaje. No lo hace por presunción, por hacer de menos a los demás o por que vean lo listo, o inteligente que es y cuantas cosas sabe. Los viajes que realiza y que siempre narra en aquel círculo, los hace a veces por negocios, pero casi siempre para su plena satisfacción y si da buena cuenta de ellos, es para tratar de influir sobre los demás, para que la sed de aprender, de saber, de conocer, prenda en ellos. Para que quizá un día, con ese conocimiento, todos seamos más comprensivos, mas humanos.


-Mucho eché de menos las explicaciones de aquella mujer- comenzó don Tanis- pero estaba acostumbrado a andar solo por el mundo y tampoco había sido tanto el tiempo que pase con ella, como para llegar a acostumbrarme. Proseguí mi camino pues con mi fiel chofer. Ye he dicho, aunque ni falta hacía, que la India es un enjambre humano formado por gran número de pueblos y de razas. Lo peor que tienen a mi corto entender, es el sistema cerrado de castas, de tribus o de familias. Las castas parece que están predestinadas a desaparecer, dios lo quiera, pues en un mundo donde todo ser humano ha de ser, si no igual, si semejante y con las mismas oportunidades, no tienen cabida. Hoy por hoy, y aunque parece que el gobierno quiere que desaparezca esa clasificación de las personas, aún existen, como aún existe el "sati".
-¿Y que es eso?
-Simple y llanamente es la inmolación de las esposas en la pira funeraria de sus maridos.
-¿En serio don Tanis?. Quiero decir que si es cierto que esa costumbre aún perdura.


-Y tan en serio; lo ves a poco que te fijes, si haces el Gran Camino, ya les contaré.
-Una riada humana iba camino de Allahabad, que está situada en la confluencia de los ríos Yamuna y Ganges y es una de las ciudades más antiguas, estando considerada como santa en la India. Cada año atrae a miles de peregrinos hindúes y es el lugar donde en el año mil novecientos cuarenta y ocho, fueron esparcidas las cenizas de Mahatma Gandhi.
-Dejamos el equipaje en el hotel y quise ir a conocer la ciudad, sabía que uno de los monumentos sobresalientes es una columna de piedra que data de los tiempos del rey indio Asoka. Este rey fue conocido como Asoka el Grande por su benévolo gobierno y por convertir al budismo en la religión oficial de su imperio. También existe un fuerte militar y las ruinas de un palacio que mandó construir el emperador mogol Akbar y el templo Jama Masjid, conocido también como la Gran Mezquita.
-La verdad es que ya estaba un poco cansado de ver templos y palacios, y, aunque no es verdad aquello que se suele decir "visto uno, visto un ciento", a mí me interesaba mas la gente, sus costumbres, sus ritos...
-Comuniqué mi pretensión a mi chofer por ver si me sugería algo y éste me miró extrañado.
-¿Que sabe usted de mí?- preguntó.
-¿A que te refieres?; oficio, edad, religión, vida particular, signo político... pregunté yo a mi vez, también extrañado...
-Me dice usted que desea conocer las costumbres del pueblo, sin embargo, no dice que pueblo. El mío es el Sij, ¿conoce algo de él?. Llevo con usted tres semanas y sólo ha visto en mí a alguien pintoresco, con una forma de hacer o de vestir distinta a otros, pero por su cabeza no ha pasado la idea de que yo fuera algo de lo que anda buscando.
-Verdaderamente tenía razón; todo aquél tiempo y que poco sabía sobre su persona. Por tanto, le rogué que me hablara de él y de su pueblo.
-Nosotros los sij -comenzó- admiramos mucho la lealtad y la justicia, no fumamos ni ingerimos productos que puedan causar intoxicación a nuestro cuerpo, como habrá podido observar. El sijismo reniega del sistema de castas hindú, del sacerdocio, de la adoración de las imágenes y de las peregrinaciones. La religión sij pone especial énfasis en la unidad, la verdad y la capacidad creativa de un dios personal. La unión con este dios se realiza a través de la meditación, del pensar y del sometimiento a su voluntad y nos esforzamos en un servicio activo al prójimo, y no hacia el retiro ascético como el hindú.
-Me miraba desde su seriedad, y yo, que estaba en camiseta, me sentía un tanto ridículo.
-Como sij, debo leer libro central de la devoción, el Adi Grant, que es el primer volumen del Gurú Grant Sahib, en el Templo Dorado de Amritsar, y que fue fundado por el cuarto gurú, Ram Das. Este libro sagrado merece todo nuestro respeto y admiración y cualquier lugar en que se encuentre, se convierte en Gurdwara. Toda persona que esté en presencia del Grant Sahib debe descalzarse, cubrirse la cabeza y ofrecer obediencia al libro. Cuando está abierto, es tratado como una persona real y los contenidos de sus páginas son para nosotros mandamientos.
-Para elegir el nombre de los hijos recién nacidos, se abre el libro por una página al azar y se mira la primera letra de la primera palabra. El nombre del niño deberá comenzar con la misma letra.
-De un varón sij se espera que se una a la hermandad religiosa y militar Kalsa; puro. Los iniciados son bautizados dándoles a beber agua dulce revuelta con una daga, y toman el apellido Singh; león. Debemos respetar las reglas de las cinco K: no cortarse la barba ni el pelo; kes. Usar los pantalones cortos de los soldados; kacch.Un brazalete de hierro para protegerse del demonio; kara. Una daga de acero; kanda y una peineta; kanga. Esto es a grandes rasgos parte de la filosofía de nuestra religión y de nuestras costumbres.
-¿Acaso perteneces tú a la hermandad?
-Los tiempos que corren son malos.
-Con eso no me contestas abiertamente, pero intuyo que sí; respetas las reglas, pues aunque tratas de ocultarlo, a la vista está tu barba y tu vestimenta. El kacch lo llevas en el brazo izquierdo, bajo la guerrera, y la kara a la espalda, en la cintura. Contéstame a una pregunta, ¿cómo es que vistiendo como militar, tu no lo eres?.
-Los sij nos hemos distinguido como soldados y policías, pero con la independencia, nuestro estado fue dividido entre India y Pakistán, y eso ha cambiado las cosas. Ahora yo soy conductor en India porque mi puesto lo ocupó un musulmán en Paquistan.
-Sin haber salido de mi asombro, tanto por lo que dijo, como por la forma de decirlo, le aseguré que lo sentía y que esperaba que vinieran tiempos mejores. No quería meterme en lo que parecía política de religiones y fronteras y que intuyo cosa mala.
-Mandé a Singh que fuese a ver si había algún acontecimiento, boda, funeral o acto público de interés mientras me daba un baño en el hotel. Quiso la casualidad que no lejos de allí, en una aldea de Mirzapur, se fuese a celebrar una ceremonia funeraria a la que a su juicio debía de asistir. Me extrañó un tanto, pues ceremonias funerarias, seguro, seguro, que a menos de cincuenta metros, en el río, podíamos ver varias a la vez si quisiéramos. Me calle no obstante, algo diferente debía de haber, para que a él le llamase la atención.
-La noche se nos estaba echando encima, a mí me parecía una mala hora para celebrar un funeral, y ya temía que el informador de Singh, fuera un bandido que nos quisiera jugar una mala pasada. Antes de llegar al pueblo, del que apenas pude apreciar las sombras de unas casas, vimos una procesión precedida por un hombre que llevaba una antorcha. El camino hacia el río estaba también jalonado de antorchas, siendo estas más numerosas en el lugar previsto para la cremación. El féretro fue depositado sobre unos troncos, comenzando a pasear el cortejo alrededor del túmulo. Yo veía el rito con atención, y trataba de no perder detalle de cuanto acontecía. A pesar de estar un poco alejados, nuestra posición era mas elevada que la del resto, pero no podía saber si el cadáver era de varón o de mujer. El chofer me sacó de dudas, pues tirando de mi manga me señaló con la cabeza a una mujer que podría ser la viuda. Momentos después se dio fuego a la pira. Las llamas prendieron rápidamente en los troncos y más aún en las vestimentas de seda del féretro. El calor hizo que la gente se fuera retirando a medida que la madera ardía y se hacía brasa. Fue entonces, cuando mayor temperatura se percibía, la mujer, a la que los parientes abrazaban, se desprendió de ellos y fue a arrojarse a la pira. El rito del Sati -mujer virtuosa- que fuera abolido por los ingleses en mil novecientos veintinueve, se celebraba allí infringiendo la prohibición.
-¿Y era joven aquella mujer, don Tanis?- preguntó don Roberto.
-¿Acaso importa ante tamaña crueldad?- preguntó el secretario a modo de sentencia.
-Si ese era su deseo y esa su costumbre... -añadió el boticario que dudaba.
-¿No la empujarían a ello?- volvió a preguntar don Servando dando por sentado que sí.
-O era pobre y muerto el hombre, de que iba a vivir ella...
Don Tanis, que había dejado hablar a los hombres, respondió...
-Algo tiene de razón en eso que dice nuestro boticario. Si, don Alfonso, en teoría, el acto del sati tiene carácter voluntario, pero en algunas comunidades la mujer que se niega realizarlo es condenada al ostracismo. En cuanto a que fuera pobre o rica, los autores clásicos citan ya en el 316 antes de Cristo, que en sus orígenes parece ser que el sati fue una costumbre y un privilegio de la realeza, que más tarde se generalizó y legalizó.
-Pues vaya un privilegio...
-Y más siendo joven y bella, como era ésta don Roberto...
-¡No me diga!
-Si, le digo. Pero no tema, cuando ya estaba cerca del fuego, dos hombres la cogieron, la apartaron y continuaron con la ceremonia.
-Así que todo fue una farsa...
-En cierta medida. Ella quiso cumplir con la tradición y a los ojos de la familia y de los amigos, lo hizo. Los hombres que la retuvieron consiguieron a su vez que la ley no castigase a la familia por cometer un acto prohibido. Solo quedaba depositar las cenizas en el río sagrado y eso se hizo a la manera vikinga, como yo digo. En otros lugares, se espera a que la cremación sea completa, a que el fuego consuma todo lo consumible y luego, recogiendo aquellas cenizas, se arrojan a la corriente. Aquí, empujaron con largas pértigas los maderos de la parte baja, todo el túmulo se comportó como una balsa y fue arrastrado por la corriente. En la oscuridad de la noche, aquella gran antorcha se alejaba, pero nosotros encontramos sus restos, como los de otras muchas piras, días mas tarde río abajo. Pero esto será para mañana si dios quiere.
-Don Tanis, ¿cree usted que si no la hubieran cogido, se inmolaría?
-Si lo creo. El sij habló con la gente y luego me contó que la pareja estaba destinada a casarse desde niños. Él tenía veinticuatro años y ella diecisiete y a pesar de estar concertado el matrimonio desde su nacimiento, se amaban. Las familias habían aceptado de buen grado, que la boda se celebrase cuando él pudiera mantener a la chica con su trabajo. Hacía seis meses de la boda.
-¿Y que fue lo que causó su muerte?
-Era el dueño de una cuadrilla de elefantes que talaba madera. Un árbol acabó con su vida.
-Oiga don Tanis, no quisiera parecer incrédulo, pero, ¿no le encuentra similitud con una historia de julio Verne? Aquella de "La Vuelta al mundo en ochenta días".
-¿Porqué no, don Servando?. Al fin y al cabo una cremación es lo que es, la narre yo, o salga de la pluma de un ilustre escritor, salvando la distancia, claro está. De todas formas, yo lo he contado tal cual lo vi, y Verne, no recuerdo en este momento, creo que le pondría misterio, intriga y otras florituras propias de una novela.
-Buscaré el libro en la estantería y contrastaremos las historias ¿qué les parece?
El maestro no esperó contestación y se dirigió con paso presuroso al pequeño cuarto que hacía las veces de biblioteca. Adosadas a las cuatro paredes había repisas con algunos libros y en cada pared un rótulo indicaba el tema a que estaban dedicadas las estanterías. La más poblada era la dedicada a novela, los libros de naturaleza ocupaban el segundo lugar, luego los de entretenimiento y la menos poblada la de política. Don Roberto fue a tiro fijo, buscó un segundo y hallando lo que buscaba dio media vuelta.
-Si les parece –dijo el maestro- les leeré los capítulos doce y trece que son los que hablan del asunto.
-Ya veo que hoy no podré repasar mis diarios.
-Por favor, don Tanis, no quiera parecerse usted al señor Fogg.
-En poco me parezco a él. Siempre me ha parecido un tanto pedante, almibarado y con una seguridad rayana en lo absurdo. Creo que el héroe de esa novela, no fue él, sino Passepertout. Pero comience ya por favor.
Don Roberto leyó los dos capítulos mencionados como sólo una persona aficionada a la lectura podía hacerlo. Lentamente, con admiración o ímpetu donde lo requería, con voz que denotaba misterio, que inquiría o sugería. Las palabras calaban en los oyentes, que en silencio, en sus mentes, traducían a imágenes tan exuberantes como la misma selva en que se desarrollaban.
-Don Roberto, ha de leernos usted mas a menudo -dijo el boticario cuando el maestro dio por concluida la lectura.
El maestro dio las gracias a todos un poco acobardado, pues no esperaba la común y sonora aprobación. Para acallar las palabras que lo sonrojaban dijo...
-¿Que les parece el párrafo donde habla de los indios salvajes?
-Es muy posible que en la fecha en que se narra la historia hubiera esa clase de personas, ahora no lo creo. Y fíjense que lo digo yo que fui asaltado.
-¿De que fecha hablamos? Inquirió don Servando.
-De mil ochocientos setenta y dos.
-Puede ser, sí.
-Pasemos a otra cosa entonces. ¿Qué opinan la procesión y de Kali?¿Ven alguna similitud?.
-Si me lo permiten, hablaré yo –dijo don Tanis-. Estamos comparando una novela, no lo hay que olvidar, con una realidad. Hay quien ha dado a entender que yo me he copiado la historia, sí, sí, no protesten y aunque me consideren fatuo, les haré ver la diferencia entre las dos versiones. Es difícil, aunque no imposible, que los Brahmanes pudieran arrastrar a una mujer para sacrificarla. El brahmán es un miembro de la clase sacerdotal, la más alta de las cuatro castas hindúes. Sólo el brahmán puede interpretar los textos sagrados y su persona es sagrada. Los principales deberes de los brahmanes son el estudio, la enseñanza del Veda y la celebración de ceremonias. La vida ideal de un brahmán ha de pasar por cuatro etapas; la de estudiante, cabeza de familia, anacoreta y mendicante religioso. Parece extraño que pudieran llevar a nadie a la muerte, aunque fuera hace cien años.


-Que difícil puede parecer, aunque no imposible, que un parsi o seguidor de Zoroastro, estuviera tan alejado de su tierra. Esto no tiene mucha importancia, yo tuve un chofer del Punjab, pero hay matices chocantes, que bien pueden ser de la traducción; el que llame "sutty" a lo que es "suttee o saty", que llame pagoda a un templo hindú, cuando una pagoda es un templo budista. Habla de los fakires y los llama "estúpidos energúmenos que se contorsionaban y convulsionaban", cuando lo cierto es que muchos faquires pasan sus vidas como mendigos itinerantes y como predicadores. La mayoría de los faquires hindúes viven bajo el estricto régimen monástico, dedicados a la meditación y a la oración, practicando las formas más severas del ascetismo.
-Don Tanis, la visión que tenemos casi todos, al margen de lo que cuenta la novela, es otra, la tradicional.
-Si don Roberto, hay un cierto tipo de faquires, cuya única vinculación con las órdenes religiosas es la búsqueda de la santidad; estos faquires mortifican sus cuerpos acostándose en camas de clavos, realizan hábiles juegos de mano, y practican el hipnotismo y la ventriloquia para lograr la incorporación de nuevos adeptos. En muchas regiones tienen fama de ser insuperables cultivando las artes de la magia blanca y el malabarismo. Creo que en estas cosas que digo radica la diferencia entre el relato novelado y el verdadero, aunque no me cabe duda de que Verne debió de asociar la fealdad de Kali a todos los miembros del funeral.
-A todos menos a Auda. A ella la pinta hermosa como a una venus.
-Hay don Ramón, las mujeres bellas le traen a mal traer.
-¿Tan horrible es ese ídolo?
-Julio Verne la ha retratado bien y yo lo ampliare un poco, juzguen ustedes; Kali, es la consorte de Siva en su manifestación del poder del tiempo. Kali, una destructiva diosa madre, es descrita en la mayoría de los casos, y yo así lo vi, como un ser negro, desnudo, que porta una guirnalda de calaveras humanas, con un rostro espantoso, los dientes manchados de sangre y la lengua fuera. Tiene cuatro brazos que simbolizan un dominio absoluto sobre todas las cosas finitas. En una mano esgrime una espada, en la segunda sostiene una cabeza humana cortada; la tercera, según sus devotos, es para espantar el miedo, y la cuarta se interpreta como portadora de felicidad. Kali-omnipotente, absoluta, y que todo lo impregna- está más allá del miedo y de la existencia finita y por eso se cree que puede proteger a sus devotos contra el miedo y proporcionarles una paz ilimitada. Por último, como noche absoluta, devoradora de todo lo existente, es representada a veces sobre el cadáver de Siva, que, como la guirnalda de calaveras, simboliza los restos de la existencia finita. Se dice que en el pasado sus adoradores, entre los que se encontraba una hermandad secreta de asesinos llamada Thugs, aplacaban a Kali con sacrificios humanos. En la actualidad se hace con sangre de mamíferos.
-Don Tanis, ¿cómo sabe usted tanto?.
-Antes de hacer cada viaje, don Alfonso, procuro estudiar bien el terreno, las costumbres y todo lo que me pueda ser útil. Aún así, se lleva uno muchas sorpresas. Tengo además una gran retentiva y lo que leo con interés, no lo olvido en unos años.
-Y esos Thugs de los que habla, ¿cambiaron sin mas, a las personas por conejos?
-La secta desapareció en la década de 1830, cuando el gobierno británico inició una dura campaña que culminó con la ejecución o ingreso en prisión de casi todos los thugs. Los que quedaron, tuvieron que cambiar la costumbre a la fuerza.
-Cuéntenos algo mas de la secta don Tanis.
-Se caracterizaban por la celebración de ritos cruentos cuyas víctimas siempre morían estranguladas. Se unían en grupos de entre diez y doscientos hombres, acechaban en los caminos más transitados, asaltaban a los viajeros ricos, los estrangulaban con un pañuelo, distribuían el botín y luego huían. Siempre entregaban parte del botín como ofrenda en alguno de los templos de la diosa y nunca estrangulaban mujeres. Es todo lo que sé de ellos.
-¡Menudos pájaros!
-Bien, señores, ahora si me lo permiten, me voy con mis periódicos.
-Yo me voy, tengo que relevar a Amalia en la farmacia. Creo que le ha salido un pretendiente.
-¿No será usted el pretendiente? Preguntó don Tanis a don Roberto.
-Por dios, don Tanis, hable bajo a ver si le va a oír el boticario.
-Así que me hizo caso y habló con ella. Me alegro mucho, es una chica muy maja, supongo que culta y para usted parece la pareja ideal.
-Eso ya se verá con el tiempo, don Tanis.
-Pues no lo pierda, joven. Hala, ya se está marchando a buscarla.

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