domingo, 11 de abril de 2010

Madagascar.

Madagascar, o República de Madagascar, es la isla más grande de África y la cuarta más grande del mundo. Situada en el Océano Índico, frente la costa sudeste del continente africano, está separada del continente por el canal de Mozambique. Antiguamente la isla se encontraba unida al continente africano, del cual se separó, lo que ha hecho que el aislamiento originado a raíz de la separación sea la causa de la conservación en su territorio de multitud de especies únicas en el mundo. Alberga el 58% de las especies de animales y plantas del mundo (del cual más del 80% son endémicas de Madagascar). De las más notables son los lemures, el fossa carnívoro, tres familias endémicas de aves y seis especies endémicas de baobabs.

Los Antankarana.

En el norte de Madagascar hay un lago; el Antañavo. Está prohibido bañarse allí, o incluso sumergir las manos o los pies en él ya que está considerado sagrado por los nativos; los Antankarana. No solo las aguas del lago son consideradas sagradas: también los cocodrilos que lo habitan y hasta el gran tamarindo que custodia la orilla. Con estas aguas bañan a los enfermos que, según aseguran, se recuperan de inmediato. Para extraer el agua, los Antankarana se valen de una larga vara en cuyo extremo colocan un recipiente.

Cuentan los Antankarana que hace muchos años, en el lugar del lago se levantaba un pueblo próspero y feliz. Una noche, el hijo recién nacido de una joven pareja del pueblo comenzó a llorar sin consuelo. Nada parecía poder tranquilizarlo. La madre, entonces, lo tomó en sus brazos y se sentó con él en un mortero de arroz, bajo el enorme tamarindo, pensando que la brisa lo calmaría. Al sentirse bajo el árbol, el niño se durmió en el acto, pero apenas la madre lo llevó nuevamente a la casa, volvió a llorar con renovado desconsuelo.
Tres veces se repitió la escena hasta que la madre, resignada, decidió pasar la noche bajo el tamarindo. Apenas se había acomodado bajo el árbol cuando se oyó un terrible estruendo. La tierra se abrió en una enorme grieta que se tragó el poblado entero en segundos. Luego, de la grieta comenzó a brotar agua que creció hasta bañar los pies del tamarindo. La aterrorizada madre corrió hasta el poblado más cercano para pedir ayuda, pero al regresar, todos comprobaron que del pueblo no quedaban ni rastros. En su lugar, había nacido un nuevo lago, al que bautizaron Antañavo.
Del pequeño clarividente que presintió la tragedia de su pueblo, nada más se cuenta . Pero los Antankarana que no pueden tener hijos, se acercan al lago para pedir una descendencia numerosa. Y si son escuchados, sacrifican animales para que puedan alimentarse los espíritus de los desdichados pobladores que, según los nativos, aún habitan el fondo del lago.

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