jueves, 22 de abril de 2010

Embastar.


Esta mañana cuando paseaba a los perros –ya sé que siempre comienzo igual, pero es cierto: la mañana tranquila… los perros husmeando… cantan los pájaros… y a mí me da por pensar. Como digo, paseaba los perros y al hilo de lo que decía el otro día, se me vino a la cabeza otra palabra de esas que ya casi no se utilizan: embastar.
Cuando yo era crío, en mi casa se utilizaban colchones de lana. No como en casa de mi tía, que, a pesar de ser rica – entraban dos sueldos para tres personas, tenían huerta, gallinas, cerdo y conejos- los usaban de "fueya de panoya". También había casas que los tenían de "borra", mira por donde salió otra palabrita.
Todos los años, venía por casa el colchonero, que no era ese señor que vende colchones, era el que los hacía. El hombre, agarraba el colchón, le quitaba la funda y apilaba la lana en un montón, para darle de palos. El objeto de la maniobra era esponjarla, para que luego estuviera mullida y confortable. Una vez realizada esta operación, volvía a colocar la funda, vieja o nueva, y lo embastaba. Es decir; cada cierto trecho ataba una cinta que pasaba de lado a lado, al objeto de que la lana no se amontonara. Por eso se veía el colchón como con montoncitos.
Cuando el colchonero dejó, seguramente, el oficio, nosotros nos íbamos para el barrio del Coto, donde por entonces casi todo eran prados. El cuartel, la cárcel, algún chale y casitas viejas. Luego había que "arrepollinar" por él hasta Enrique Martínez, que era donde vivíamos.
Mucha gente se daba cita allí para ese menester, pero con el correr de los tiempos, los colchones pasaron a ser de espuma o de muelles. Dejaron de hacerse y por tanto de embastarse. La palabra, posiblemente, hay ni quienes la conozcan.
Otras palabras que ya casi no se utilizan pueden ser:
Fanal: Farol grande que se coloca en las torres de los puertos para que su luz sirva de señal nocturna. (Entre otras)
Deshollinador: Utensilio para deshollinar chimeneas. (Entre otras)
Fielato: Oficina a la entrada de las poblaciones en la cual se pagaban los derechos de consumo. (Entre otras).
Y por hoy, nada más.

2 comentarios:

Cani dijo...

He encontrado este blog y me estoy recreando en el; cuantos recuerdos me trae esto de los colchones. Estabamos, de niños, deseando que en el verano sacasen la lana para "vareala" y nos dejasen darle algun "palo", luego ver como, en este caso colchonera, rellenaban la tela y la "embastaban" con aquellas largas agujas.
¡fantastico¡
Un saludo

Alfredo dijo...

Cani.
Este hombre que a nosotros nos hacía los colchones, era tan flaco que, queriendo demostrar mas vigor del que sin duda tenía, acompañaba los varazos emitiendo un suave ruidillo con la boca. Imitaba el sonido de la vara, con lo que parecía que el golpe era más fuerte.
Hoy yo ya no vivo en aquél barrio, ni en aquella ciudad, pero voy todos los años y he visto que donde él vivía, hay una colchonería. Sin duda alguno de los numerosos hijos que tenía, quiso continuar con el oficio del padre, pero ya en plan moderno.
Bienvenida a este sencillo bolg cuyo fin es tratar de entretener al personal. Gracias por tu comentario.
Salu2.