jueves, 1 de abril de 2010

Santa Catalina


El monasterio de Santa Catalina.
Revolviendo entre papeles, encontré el otro día una copia de un antiguo grabado de Valencia. En él se ve la torre de Santa Catalina y recordé una vieja leyenda que hace tiempo leí en alguna parte. Es esta:
Abajo, en el valle a la sombra del monte Sinaí, se encuentra el monasterio de Santa Catalina. El monasterio está formado por un complejo de edificios y parece una fortaleza. Data del siglo IV d. de J. C. Y se dice que fue construido en el lugar donde estuvo la zarza ardiente desde la cual habló Dios a Moisés. También se encuentra allí el árbol sagrado que nació de la vara milagrosa de Aarón. Esa vara fue la que Moisés utilizó para convertirla en serpiente ante los ojos del faraón, con la que golpeó para que brotara el agua, la que levantó para que las aguas del mar rojo se separasen...
Esta santa, en época de persecuciones, según cuenta la leyenda, disputó con cincuenta filósofos paganos acerca de la fe cristiana, rebatiéndolos a todos y convirtiéndolos en piadosos cristianos. El Emperador Majencio mandó ejecutarla atándola a una rueda que se rompió milagrosamente. Entonces la decapitaron. Al morir rogó a Dios que su cuerpo no fuera encontrado, llevándola unos ángeles a la montaña de Moisés. Siglos más tarde, su cadáver fue hallado por unos monjes, conservándose su cráneo y una mano ensortijada, en dos cajitas de plata.
Al parecer, estos monjes hacen sonar la campana del convento todas las mañanas treinta y tres veces, una por cada año de la vida de Jesucristo.

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