martes, 4 de mayo de 2010

Eva María.

Día primero a las nueve horas.
¡Buenos días!. Me llamo Antón, así como suena, no Antonio, ni Toño, ni Tonino. Antón Sánchez García, y estoy aquí escribiendo esto tras una discusión con mi hija María. Les diré – de mala leche por cierto- que soy un jubilado reconvertido, reconvertido en parado y por tanto bastante joven, que en los larguísimos ratos de ocio, me dedico a la construcción de maquetas de trenes. Lo de la mala leche no es por mi hija, quede claro. Es por que con cincuenta y dos años y en lo mejor de la vida, me mandan a tomar por el saco.
Mi hija es, a mi juicio, una chica a la que le gusta mucho leer, pero sobre todo escribir. Ganadora de algunos pequeños concursos, sueña con la gran novela que la haga famosa. Yo creo que lo puede conseguir si corrige un defecto primordial; la vagancia. Mi opinión, muy personal por supuesto, es que hay que sentarse todos los días a una hora y durante un tiempo determinado, a trabajar. Escribir todo lo que en aquel momento te venga a la mente, pues de allí puede nacer el hilo de una historia. Puede suceder también que aquella situación, aquel comentario o aquellas gentes con las que trataste el día anterior, te inspiren una idea, idea que hay que llevar al papel, trabajarla y pulirla hasta que conforme lo que deseas.
Ella no quiere esa disciplina, y se escuda en que la inspiración es un capricho de la mente, que llega sin saber cuando ni como. Yo creo que lo que no se puede hacer es esperar a que esa inspiración, la llegada de las musas, o hasta la mismísima ciencia infusa, venga en nuestro auxilio de repente. Ninguna historia se presenta de modo prolífico, claro, nítido y hasta con acentos, puntos y comas en un determinado momento.
Como en un principio decía, estoy aquí escribiendo a una hora determinada, y lo seguiré haciendo durante siete días, para predicar con el ejemplo. Pido disculpas, pues como se comprenderá fácilmente, esto no es lo mío. A más abundamiento diré, que tengo que andar buscando las letras en la maquina que, luego pulso con mis dedos índices. Escribir a mano no resulta ya que luego no entiendo lo escrito, tengo caligrafía de médico.
Mi relato, cuento o historia, lo he titulado como se verá a continuación, y no es mas que producto de mi mente.
"El Naufrago"
"El Eva María II era un precioso barquito de madera. Había costado muchos millones de pesetas a lo que había que sumar las artes; redes, anzuelos, etc. Era mas que toda la fortuna de la familia; eran créditos y pan para varias familias.
Todos los lunes hacia la una de la madrugada salía de puerto para iniciar una singladura que le llevaría hasta las merluzas..."
-¡Vaya coño, quien llamará ahora al timbre!
- Buenos días señor.
- ¡Buenos días! ¿Que desea?
- Vera usted, ando pidiendo una ayuda por que estoy en el paro y tengo tres hijos...
- ¡Vale, vale, pero podía venir un poco mas tarde! ¿No? ¡Casi me saca de la cama!
- Perdone pero hay que empezar pronto y terminar tarde para poder llevar algo a casa...
- Bueno, tenga veinte duros y adiós.
- Muchas gracias, muchas gracias.
No te joroba el tío, las nueve y media y ya esta dando el coñazo por las casas. ¿A que hora habrá empezado? Por lo menos a las ocho. Esta comunidad tiene nueve portales y nosotros estamos justo, a la mitad, así que empiece por un lado o por otro, lleva cuatro portales de nueve plantas cada uno y de tres pisos por planta, que son... cuatro por nueve treinta y seis, más, tres por nueve que son veintisiete... total treinta y seis más veintisiete son, siete y seis trece y me llevo una... tres y dos cinco y una seis... sesenta y tres pisos. Llama abajo, coge el ascensor y sube al noveno, dos minutos. Vamos a poner que la mitad no abren, pero entre que llama y espera pasa un minuto por piso, que son tres. No, parece mucho, bueno pero de los tres uno abre y la señora entre que busca unas monedas y tal... vale pongamos tres minutos por planta lo que hace media hora por portal... una hora dos portales y dos horas cuatro portales. No puede ser, tenía que haber empezado a las siete y media de la mañana. Es imposible. Claro, que poniendo la mitad, entonces ya cuadra lo que yo decía, empieza a las ocho y a las nueve y media ya esta en este portal. ¡Joder! Pues no tiene cara ni ná el tío. En fin, con tanto calculo ya he perdido el hilo y será mejor que lo deje hasta mañana.
Día segundo a las nueve horas.
Decía ayer, que el Eva María II se hacia a la mar todos los lunes par ir a la pesca de la merluza, sardina o bonito, según la época, prosigo pues; "Seis hombres componían la tripulación que iba a estar pescando hasta el jueves y así invariablemente casi todo el año. Mas aquella semana sería la última que aquellos hombres se vieran juntos a bordo de aquel barco. La tragedia se cernía sobre él. No, no piense nadie que la mar estaba encrespada"
- ¡Vaya hombre, ahora llaman abajo!
- ¿Quién es?
- Publicidad. ¿Me abre la puerta?
¡Cago en la leche! Treinta pisos y va a llamar al mío para que le abra el portal. Aunque, la verdad es que estos mamones ponen la mano en toda la placa de timbres. Es cojonudo la cantidad de triquiñuelas que utiliza la gente para conseguir que les abran. Y además marcan los portales. Sí, sí. Estaba yo en el jardín un día leyendo el periódico, cuando veo aparecer dos mozos bien trajeados con sus portafolios de ejecutivo... Lo primero que pensé fue... dos que vienen a vender libros. Y efectivamente, luego me lo dijo mi mujer. Cuando un buen rato después salieron, me llamó la atención algo que señalaban sobre el quicio de la puerta. Espere a que se introdujeran en otro portal y me encamine hacia el primero. Habían colocado una pequeñísima pegatina y que creo debía de advertir a otros compañeros de que ellos ya habían estado allí, o que allí había negocio. Algunos pobres, bueno, no sé si pobres o profesionales de la mendicidad, también marcan los portales. Uno que vi, hacía una señal curiosa que yo interpreto de la siguiente forma... Si dan mucho, el ángulo matemático, mayor que. Si dan poco un ángulo, menor que. En fin, prosigamos.
"La mar estaba tranquila. La lancha se mecía suavemente y los aparejos salían del agua con las merluzas engarzadas. Las cajas iban recibiendo el pescado que se acostaba sobre unas paladas de hielo y que una vez llenas pasaban a la bodega. El patrón era un experto y siempre volvía a casa con el pan ganado. Algunos patrones de tres al cuarto, envidiosos y sabedores de su buen olfato, lo vigilaban y en cuanto anclaba en un lugar para echar las redes, no tardaban diez minutos en aparecer por el mismo lugar".
¡Bendito sea Dios, no dejan a uno en paz!
- ¿Quién es?
- ¡Abre que soy yo!. Es que se me olvidaron las llaves.
-¡Pero bueno! ¿Para que demonios quieres las llaves si luego no las usas?
- Total, ¿no estas tú en casa?
- Si, pero ¿no sabes que estoy concentrado? Estoy tratando de hacer algo y no me dejáis.
- Pues hijo, por dos minutos, no me parece tanta molestia...
- Si pero ya no sé por donde iba y además estoy de mala leche. Será mejor que lo deje para mañana.
Tercer día a las nueve horas.
Ayer trataba de explicar como hay patrones a los que llaman pesquines, para los que la mar no tiene secretos. Otros sin embargo no están tan duchos y tratan de aprovecharse de lo que saben los primeros. Se establece entonces lo que llamo la suerte del enredo. Se trata de engañar, enredar, a los otros de forma que te dejen pescar tranquilo, a tu aire y con tu saber.
Que Manolo, ¿Hay algo?, Pregunta a voces uno que vino siguiendo el rastro.
Nada, contesta el otro del mismo modo, no merece la pena. Me voy para otra zona.
El preguntón picará el anzuelo y se marchará a donde su buen criterio le aconseje, pues seguir al pesquin dos veces en el mismo día, ya es mucho. Uno irá en una dirección y el otro en la contraria, pero Manolo volverá un rato mas tarde al mismo lugar en que había iniciado la pesca.
Los hay que son tan torpes que incluso preguntan:
¿A cuanto estáis calando?
Cuarenta brazas. Le contestan cuando en realidad es a veinte o a ochenta. Ahora ya casi no ocurre esto. Con tanto sonar, sonda, radar y otras novedades tecnológicas, pesca casi cualquiera, pero volvamos al cuento...
"A la hora de comer, Ramón "el marrajo", que llevaba en esto de la pesca mas que el Juan Sebastián el Cano en la mar, relataba la siguiente historia a un novicio...
-Presentase d'improviso, y anque non ye bien semeyante, daqué tien col exemplu que te voi explicar. Paez como'l gatu que ta acesmando'l momentu oportunu pa llanzase sobre'l mure nel prau. Asina de siniestra ye. Salta sobre ti, solménate, llévate pa equí y pa allá y depués mátate. Toi falando d'esa nube tan fuerte na mar, que llamen torba y que si ye más grande llámenla galerna..

-Estabamos afaenando cuando de sópitu el cielu escurecióse que paecía de nueche. El vientu arreciaba formando foles de trés o cuatro metros y aumentando. La espluma blanca na cresta de la fola esprendíase d'aquella agua gris y formaba una neblina pegañosa pol salitre. El barcu empezó a movese talmente que el patrón mandó soltar los apareyos. Daba igual que se perdieren–y os redes, que se perdiera'l pescao y con tollo, la ganancia de munchos dias. Yera meyor nun perder la vida..
-EL patrón de la " Neña Guapa" nun podía apoderala. Tantos años na mar y agora rezaba pa dientro como si fuera un beatu mientres daba bandazos al timón pa un llau y pal otru según precisábalo'l barcu. Yo taba cagau de mieu. Aferrábame colos dos manos a donde podía, el chalecu salva vides y el traxe d'agües puestu. Taba na ponte y anque los dientes rillábenme procuraba dar ánimos al patrón...
-¡Animo José, el to puedes con ella! ¡Da-y caña y sácanos d'esta!
Polos cristales, nun se vía casi nada, pero avisaba a José cuando podía... ¡a babor, José, a babor! Y él endrechaba. A él non -y escontra falta que yo-y avisara, pero estimábalu. Toos teníamos na mente que si un golpetazo d'aquellos pillábanos por una banda... ¡ acábose!. Aquella galerna, la del sesenta y dos, túvonos tola tarde y tola nueche sufriendo col corazón nun puñu. A l'amanecida asélose y, ¿sabes onde tábamos? fuéramos parar a Malpica, más allá de Coruña."

Por hoy lo voy a dejar, al fin y al cabo, es una suerte haber podido escribir este trozo de un tirón, pero tengo gazuza y me voy a preparar un bocata.
Cuarto día a las doce horas.
Hoy he tenido que ir al paro. Fui en coche, pues quería estar allí temprano ya que era la primera vez que tenía que fichar. En la calle del INEM no había sitio y tuve que aparcar cuatro o cinco calles mas arriba. Me puse de mala leche cuando comprobé al regresar andando, que algunas personas estaban retirando los vehículos y quedaban numerosas plazas. Sería por que eran las nueve menos diez y a las nueve entra en vigor "la hora".
A la puerta de las oficinas, ya había cinco o seis personas esperando que abrieran. Formaban cola y yo me incorporé en último lugar, no sin pensar en lo mucho que madrugaban, para no tener nada que hacer. Tal vez fueran novatos como yo, o tal vez esperaban conseguir allí un puesto de trabajo, cosa que yo jamás he oído que pasara. Varias personas mas se añadieron a la cola, que ya daba vuelta a la esquina, cuando una chica bastante... no sé como decir; ¿presuntuosa?. Sí, yo creo que es la palabra adecuada. No por que estuviera bien de figura, que lo estaba, ni por que fuera bien trajeada, que lo iba. Si no por su forma arrogante de mirar y hasta de andar. Zapatos de tacón de aguja –seis o siete centímetros- pantalón de cuero marrón ajustado, chaqueta pelo camello y pañuelo grande y florido al cuello, melena rubia de frasco al viento... .Portaba una carpeta que asía junto a su pecho y yo creí en un principio, al verla ir hacia la puerta, tan decidida y lanzando aquellas miradas entre desdeñosas y perdonavidas, que sería la jefa del INEM. Como la mañana estaba fría, el que más y el que menos entre los que me cuento, no paraba en su sitio; los unos daban pataditas al suelo para calentar los pies, los otros, cortos paseos desde la pared al borde de la acera. Cuando en uno de estos paseos vi a la moza que esperaba en primer lugar a que la puerta se abriera, me dieron ganas de reprender su acción, pero como nadie lo hizo, no iba a ser yo él más intransigente. De la casa, seguro que no era, pues dos personas habían entrado y echado la llave por dentro. Cuando abrieron pude comprobar que se dirigió rápidamente a coger número de un aparato sobre el que un cartel decía: "demandas de empleo". Entregué mi papelito para que lo cuñaran y cuando me marchaba, vi a la espabilada aquella sentada y dedicando una sonrisa de oreja a oreja al empleado.
A la hora que es, ya no voy a escribir nada, lo dejaré para mañana. Creo que lo que ha sucedido, en cierto modo influiría. Mi estado de ánimo no es optimo.
Quinto día a las nueve horas.
Estoy aquí, con el papel en blanco y pensando si María no tendrá razón; Ayer, no me sentía capaz de seguir con mi cuento, por que tenía la cabeza en otro lugar. Hoy no se como continuar la historia. La inspiración no llega y los cuatro renglones que escribí, los he borrado varias veces. Yo me propuse contar una pequeña historia que tuviera algo de trágico y algo de cómico, pero ni soy capaz de hacer sentir inquietud, intriga, miedo tal vez, y muchísimo menos soy capaz de escribir un par de líneas que tengan gracia. Como sin duda me será más fácil, dar a este cuento un leve tinte trágico, estoy pensando en hundir el barco, ahogar a toda la tripulación y finalizar el papelón en los siete días que prometí. Lo dejaré por hoy, sin haber puesto una sola palabra, cuando me acueste pensaré en ello.
Sexto día a las nueve horas.
Por más que he querido pensar en el cuento, mi mente siempre se largaba hacia cosas más habituales, por ejemplo: tengo que colocar un desvío antes de llegar al túnel, así el tren dará una vuelta por dentro de la montaña y la siguiente por afuera. Cuando pienso cosas como ésta, ya no hay remedio, o bien me encamino a mi pequeño taller si estoy levantado, o si estoy en la cama, comienzo a formar en mi mente composiciones de locomotoras con vagones, poner o quitar árboles o casas, puentes...
Otra cosa me ha distraído esta mañana. Cuando me levante me fui a la ducha y como casi siempre, se me olvidó coger los calzoncillos de la cómoda. Como ya estaba bajo el agua cuando me acordé, le di una voz a mi mujer para que me los acercara.
-Te los dejo en el picaporte- me dijo desde el pasillo.
Cuando ya seco les echo mano, veo que son nuevos, pero de una talla superlativa, lo justo lo justo, para el cojonazos de Rodrigo, y digo esto sin ánimo de ofender ya que es la pura verdad; aparte de que está bastante gordo, sus atributos, debido a dos hernias eso es verdad, son fuera de lo común. Yo prefiero los calzoncillos pequeñitos, que aprieten y a poder ser, de color negro. No es que sea fetichista ni nada de eso, es una cosa... como te diría... traumatológica; recuerdo aquellos calzoncillazos blancos, como los de los jugadores de fútbol de hoy en día y que durante tantos años nos vimos obligados a llevar. Y encima con aquella bragueta, que si te dejabas un botón del pantalón suelto se te veía todo. Menos mal que inventaron el slip y las cremalleras.
En fin, que son casi las once, y sin dar un palo al agua. No tengo ni idea de cómo acabar la historia. Lo dejaré para mañana. Mañana haré que un mercante colisione con el Eva María y que lo hunda, pero como a bordo llevan esas balsas neumáticas que se inflan bajo el agua y estaban todos en cubierta cuando salen a flote, después del chapuzón, se encaraman a la balsa. El mercante o petrolero, tiene que ser grande, no se da cuenta siquiera y prosigue su rumbo como si tal cosa, y ellos son encontrados a las pocas horas gracias a la radiobaliza. Y ya está, se acabó.
Día siete a las nueve horas.
Ayer creo que me pasé de listo, hoy me ha levantado con la mente despejada y mientras desayunaba, he repensado lo de ayer. ¡Parece fácil hundir un barco!
No recuerdo lo que tenía en mente el primer día que me puse a escribir, pero lo que sí está claro es que no había temporal. Tendré que cambiar la historia, aunque si el patrón logró salir de una galerna, ¿no lo iba a hacer de un temporal?. Eso no sirve, tampoco la niebla pues hay normas muy estrictas y el radar, las luces y la señal acústica, aunque fuera de noche, harían que el abordaje resultara casi imposible. Ya sé que se han dado casos de abordajes, pero no es corriente.
¡Vaya hombre! Otra vez estoy solo y llaman a la puerta.
-Buenos días, Ando pidiendo limosna.
-Ya lo sé. Es usted el de la semana pasada, el de los tres hijos que está en el paro...
-Sí señor...
¿Y no le dije que viniera mas tarde?
Es que tengo que salir todos los días a la misma hora, sabe usted. Mi mujer desconoce que me han echado, y yo me tomo esto como si fuera mi quehacer diario. Tengo que llevar un sueldo a fin de mes.
No me estará contando una de indios...
Mire usted, aquí traigo el bocadillo que me prepara la patrona, y si quiere venir, en el coche tengo la herramienta, el mono... lo malo será el día que quiera ir al centro comercial ¿dónde meto yo todo lo que llevo en el maletero?
Así que viene a pedir en coche...
No querrá que lo venda, me darían cuatro perras y nos las comeríamos en un pis pas. Tengo cincuenta años y soy un buen ebanista, pero ahora todo es industrial, las puertas; como chorizos, las ventanas; de aluminio, los muebles; de aglomerado... pido dinero y saco lo suficiente para complementar lo del paro, pero si me dieran un trabajo, aún ganando la mitad, sería feliz.
Lo siento amigo, en eso no le puedo ayudar. Tenga sus vente duros y la semana que viene, vuelva a la hora que quiera.
¡Me cago en la leche! Como está el mundo, este tío casi tiene mi edad, los dos deseamos trabajar y a ninguno nos dejan. Yo salvo con los cuarenta mil duros que me dan, pero él con tres hijos mozalbetes y estudiando, a donde va. Y encima con la vergüenza que siente, que ni a su mujer se atreve a decir que está en el paro. ¡Como si tuviera la culpa!
Tengo la bilis revuelta y me dejo de chorradas. María, tú tienes razón. Esto de la pluma es muy, pero que muy difícil. Influyen tantas cosas, tantos estados de ánimo, tantas sensaciones, que es imposible ser escritor. ¡Que digo! Cuenta cuentos malo y gracias. Yo no he llegado a eso, Maria. Perdona mi atrevimiento.
FIN
PD.
Un mes después de mi abandono.
Hoy quiero continuar con aquel cuento que comencé ya hace cinco semanas. ¿Porqué?. Por que han ocurrido cosas, cosas gratas y que sucedieron tal y como relataré.
Durante todo el día de ayer, no dejé de pensar en el carpintero. Después de darle muchas vueltas, llegué a la conclusión de que sí podía ayudarle y no con los miserables veinte duros de cada semana. Le ofrecería un lugar en mi local, en ese bajo que solamente utilizo para construir, montar y desmontar mis maquetas. Lo compre en época de vacas gordas como inversión, por si un día se tornaban flacas y hoy puede ser que comience a dar beneficios.
Pensé que si era un buen ebanista, podría dedicarse a la construcción de arcas y baúles tallados y todas esas cosas típicas que ahora tanto se llevan. Consulté con una prima mía que tiene una tienda de artesanía y quedamos de acuerdo en que ella vendería la mercancía si merecía la pena.
Ya estaba todo planeado, solo faltaba que el principal protagonista apareciera y que la idea le sedujera. Era cuestión de esperar unos días.
Estoy impaciente esperando abajo, son las ocho de la mañana y me estoy fumando un cigarrillo que le he quitado a mi mujer. Yo lo dejé hace nueve años, pero en momentos puntuales en los que el nervio aprieta, un par de caladas tranquilizan bastante. Es, creo yo, un reflejo de situaciones anteriores en las que la impaciencia hacía que con cuatro aspiraciones profundas y el filtro casi desecho a mordiscos, tirara el cigarrillo para encender otro instantes después. Es un reflejo, digo, porque ahora fumo lentamente, no trago el humo y enseguida lo tiro. Sabe verdaderamente mal y deja un sabor de boca asqueroso ya lo sé, pero cualquier día en similar situación sucederá igual que hoy.
Avelino, así supe después que se llamaba, aparece calle abajo y yo me voy hacia él. Comentamos lo que tengo pensado, nos acercamos a un bar y nos sentamos a una mesa con sendos cafés. Queda todo claro y al gusto de ambos. Avelino dispone de recursos para un mes o dos, dependiendo de los materiales que haya que comprar. En ese tiempo él tiene que construir cosas y alguna de estas cosas se tiene que vender. Es cierto que no va a estar dado de alta ni en la seguridad social, ni en autónomos y que va a seguir cobrando el paro, pero, ¿de qué otra forma podría hacerlo?. Olvidaremos ambos por unos meses, que se está infringiendo la ley, yo ya no tengo un local dedicado al ocio, ahora podría decirse que es comercial o industrial... en fin, olvidemos y quiera Dios que haya suerte.
Día treinta y cinco.
" El Eva María volvía a casa con la bodega repleta. La máquina, con su alegre chu-chu, impulsaba la hélice que formaba un gran surco de bordes de nácar. Una bandada de gaviotas peleaba por los desperdicios que sin duda arrojaban desde el barco. El patrón; al timón silbaba contento. El marrajo; engrasando y limpiando el motor con un cotón cualquier minúscula partícula que se adhiriera aquí o allá. Los jota jota, Juan y Julián, limpiaban el pescado que no iba a pasar por la lonja. De pronto, a la altura de la Concha Artedo, se oye un ruido infernal. Los jota jota caen al suelo y ruedan por la borda, José cae de espaldas, se golpea la cabeza, y cae por la portezuela desde el puente. Ramón sube a todo correr gritando: ¡vía de agua, vía de agua, todos al bote, nos hundimos!
En menos de diez minutos el Eva María II se ha hundido. Los pescadores están a salvo, pero no son capaces de saber él por que de aquella situación. El único que puede saber algo es Ramón.
-José, fue un submarino, José.
-¡Calla, que coño estas diciendo!
-¡Te digo que yo lo vi, fue el periscopio de un submarino que nos ensartó como si fuéramos una aceituna!
¿No sería una explosión?
¡Me cago en mi manto, José! Tenía la aceitera en la mano, estaba engrasando los cojinetes cuando una barra de hierro, como si fuera una lanza, rompió la madera, primero, haciendo un boquete y luego, por el impulso, la arrancó de cuajo. El hierro era el periscopio de un submarino.
El maquinista tenía razón. Sabido es desde siempre, que en la zona donde se hundió el Eva María, los alemanes quisieron hacer una base para sus submarinos. Los rumores fueron de todo genero, unos daban por cierto que lo fue, mientras que otros lo negaban. Lo cierto es que tras una simple investigación, se aclaró la cosa. El gobierno alemán había reconocido en su día, que uno de sus famosos submarinos de la clase "U" había tenido un accidente y se había hundido. Pero esto solo lo sabía el gobierno español.
Cuando se hizo la reclamación pertinente, la casa aseguradora del barco envió submarinistas que no hicieron sino corroborar la tesis del "marrajo" y que a partir de entonces, todo en mundo en el pueblo, saluda como entendido. Solo quedaba por aclarar, como nadie, nunca, había tenido conocimiento de que en aguas que se creían profundas existiese ese peligro. Se lanzó la hipótesis de que el navío había sido arrastrado por los temporales hasta un bajío de cantos rodados.

Una compañía holandesa reflotó el submarino y ganó dinero. Los alemanes pagaron por el Eva Maria lo que el seguro indicó. Ramón dejó la mar y cocina pescado en "la casa del pescador " donde cuenta a todo el que le quiere escuchar sus peripecias por la mar. José continúa su vida pescando en el Eva María III. Los Jota Jota encontraron trabajo en el parque de carbones de Aboño y hasta la fecha, todos felices y contentos.
Fin
Por fin he acabado mi cuento. No podía ser menos. Avelino me dio la idea y yo pensé, que vale mas tarde que nunca. Terminé una historia un tanto soporífera, pero ya dije que esto no era lo mío.
Mi hija María, todos los días se sienta ante el ordenador desde las seis hasta las diez, aunque a veces, cuando voy para la cama a eso de las doce, ella sigue tecleando. No cabe duda que la cosa marcha. Avelino ya esta dado de alta en la seguridad social, es trabajador autónomo y tiene su taller propio. En estos pocos días hizo varios cuadros en madera de castaño con figuras geométricas en relieve y que se vendieron muy bien. Ha llegado a un acuerdo con el paro y le han adelantado el subsidio a que tenía derecho, con lo que ha montado el negocio. Yo le ayudo, me recorro todas las tiendas de artesanía donde ofrezco la mercancía y como dije al final de mi cuento, hasta la fecha, todos felices y contentos.
 
Acabado en Prendes el día 29/10/2002 lo que empecé en San Antonio quien sabe cuando.

No hay comentarios: