miércoles, 19 de mayo de 2010

La batalla de Otumba.

Las fuerzas mexicas encabezadas por Cuitláhuac y las de Hernán Cortés libraron una batalla decisiva para la conquista de México-Tenochtitlán, desarrollandose esta el 14 de julio de 1520 en los Llanos de Otompan -Otumba.
Cuando Hernán Cortés se vio obligado a evacuar la ciudad de Tenochtitlan durante la Noche Triste del 30 de junio de 1520, el nuevo emperador mexica Cuitláhuac persiguió a los españoles con el fin de aniquilarlos antes de que pudieran refugiarse en las tierras de sus aliados tlaxcaltecas. Guerreros tenochcas, tepanecas, xochimilcos y miembros de otras ciudades tanto sometidos como aliados, alcanzaron a los españoles sobrevivientes en los llanos de Otumba el 14 de julio.
Cerca de 500 españoles, varios mastines y casi un centenar de aliados tlaxcaltecas en su mayoría heridos eran todas las fuerzas de Cortés. No disponían ya de artillería y habían perdido buena parte de sus caballos y arcabuces, tras la derrota sufrida durante la huida de Tenochtitlán, en la que los Mexicas o Aztecas acabaron con gran parte de las fuerzas españolas en la ciudad.
Se dice que hasta Otumba sólo llegaron los hombres que hicieron caso a Cortés durante la huida de la capital, llevándose consigo el menor equipaje y joyas posible. Todos los que pretendieron salir de la ciudad cargados de oro fueron apresados, sacrificados y sus corazones arrancados en las pirámides aztecas, no sin antes contemplar como las cabezas de sus compañeros caían rodando desde lo alto de la pirámide.
Sabiendo que los mexicas siempre sacrificaban a sus prisioneros, se decidieron a luchar o morir. Cuitlahuac había nombrado líder de la batalla a su hermano Matlatzincátzin, que ordenó atacar rodeando con sus hombres a los debilitados españoles. Durante horas intercambiaron flechas por disparos de ballesta y de mosquete, resistiendo hasta que las fuerzas estaban casi exhaustas. Hernán Cortés decidió jugar su última carta atacando al portaestandarte Cihuacóatl, el más alto y adornado de los guerreros aztecas que era el jefe supremo de su ejército. Los españoles realizaron una carga de caballería formada tan solo por cinco jinetes; Sandoval, Olid, Alonso de Ávila, Alvarado y Juan de Salamanca que se abalanzaron sobre Cihuacóatl.
Cihuacóatl, fue derribado de las andas por Cortés y rematado a espada por el soldado Juan de Salamanca, apoderándose de su insignia. Estas insignias eran señales del desarrollo de la batalla, y si caía era señal de que la batalla se estaba perdiendo. Al no tener un mando el ejército Azteca, desorganizado, rompió filas.

La victoria que parecía imposible, permitió retirarse a los españoles a la ciudad de Tlaxcala sin ser perseguidos. Días después el emperador Cuitláhuac envió emisarios a los tlaxcaltecas proponiéndoles la paz a cambio de la entrega de Cortés y sus hombres. Su idea fue rechazada y acordada una nueva alianza con los españoles para reconquistar Tenochtitlan.

De la “Crónica de la Nueva España", Francisco Cervantes de Salazar.
.."Llevaban a la guerra los más ricos vestidos y joyas que tenían. El capitán general, vestido ricamente, con una devisa de plumas sobre la cabeza, estaba en mitad del ejército, sentado en unas andas, sobre los hombros de caballeros principales; la guarnición que alrededor tenía era de los más fuertes y más señalados; tenían tanta cuenta con la bandera y estandarte, que, mientras la veían levantada, peleaban, y si estaba caída, como hombres vencidos, cada uno iba por su parte. Esto experimentó el muy valeroso y esforzado capitán don Fernando Cortés en aquella gran batalla de Otumba"..

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