lunes, 3 de mayo de 2010

Los cines que conocí.

Desde muy pequeño mi madre me llevaba al cine. Era ella más que cinéfila, cineadicta, si es que se puede llamar así. Los domingos en que mi padre trabajaba, al cine. Cuando no, también. Esta afición que me inculcó, se mantuvo en el tiempo hasta que me case. Para entonces ya las salas eran tan modernas que no aguantaba ni el sonido, ni las desmesuradas pantallas. Hoy solo veo las películas por la televisión, se van todos y yo me quedo en casa.
Empecé a ir solo o con mi hermano, al cine de los Campos que estaba a cien metros de casa. Luego con los amigos al Robledo, María Cristina, Arango, Jovellanos, Goya, Roma, Avenida, Albeniz, Fac y Hernán Cortes. No creo que me deje ninguno pues al Rivero, Natahoyo y Pumarin, no fui nunca. Tampoco al que había en Cimadevilla y que creo era el Brisamar. Todos eran de Gijón. En Avilés fui al Marta y María una vez.
A los Campos fijo, fijo, íbamos los viernes, que era día familiar y costaba una peseta gallinero y tres butaca de patio. Al Avenida, que tenía día de fémina, los jueves. No recuerdo bien si ellas, las mujeres, no pagaban cuando iban acompañadas, o la entrada solo costaba la mitad.
Cuando a menudo iba con mi padre al rastro en Madrid, pasábamos la tarde haciendo hora para el tren de vuelta en el Rialto, Callao, Coliseum o Capitol. Él iba a comprar herramientas de segunda mano para el taller. Después de comer por Lavapies dábamos una vuelta por el Retiro o nos metíamos en un cine. Dependiendo de la hora, a veces buscaba alguno de sesión continua y programa doble, cosa que a mí me traía a mal traer por que nunca veíamos una cinta entera. En Ávila iba al Teatro Principal, al Gredos, al cine La Gasca y al campo de fútbol donde ponían una pantalla por el verano. También en Málaga fuimos a uno de verano.






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