miércoles, 12 de mayo de 2010

Magia. (quinta y última parte)



Como dice el abuelo, el sino de cada cual es inamovible y todo se pondrá a favor de lo que ha de suceder, para que ocurra. El gran mago Simón, o como a él le gustaba que le llamasen, Simón el ilusionista, puso los medios, creo que conscientemente, para que mi madre, que era sumamente reticente, diera un poco su brazo a torcer. Mi hermano, con su inocente candidez de siete años, había cantado cual jilguero en rama.
-¿No te he dicho varias veces, que no quiero saber nada de cosas de magia? ¿Qué no toques las varas de Simón? ¿Qué le he escrito a tu padre, y que es de la misma opinión?.
Sabido es que, el ilusionista andaba con el corazón palpitante por mi tía Irene, por lo que no fue nada extraño el que la invitase, melómanos los dos, a la ópera. Lo extraño, para mi madre, fue que además de invitar a Irene, nos invitara a nosotros dos. Con ello esperaba crear el ambiente y conseguir su permiso para que yo tocara la última vara. Efectivamente, mi madre se ablandó y cayó en la trampa. Iríamos todos al Teatro Campoamor de Oviedo, donde, en días sucesivos, presenciamos la representación de "Sigfrido" y "La Valquiria".
-Esta primera ópera que vas a ver y escuchar –me decía días antes, mirando por el rabillo del ojo a mi madre- es una de las cuatro, que un gran compositor escribió, y está basada en elementos históricos y mitológicos germánicos e islandeses. Es un poema trágico, donde el destino, hace que la dicha se transforme en dolor. Los principales implicados son:
-Sigfredo o Sigfrido, un héroe germano, que mató un dragón y se bañó en su sangre, con lo que se volvió invulnerable.
-Brunilda, poseedora de poderes mágicos, y reina de las valquirias de Islandia que jura casarse con el hombre que la venza en combate.
-¿Quiénes son la valquirias?
-Jóvenes guerreras, de relucientes armaduras que surcaban el aire sirviendo al dios Odin. También está Crimilda, con quien Sigfredo se casa, el rey Gunter, hermano de Crimilda y enamorado de Brunilda y el malvado Hagen.
-La historia comienza, cuando Sigfredo, da muerte a dos jefes de la familia de los nibelungos y se apodera de su espada mágica, del manto que hace invisible a su portador y de su oro. Pero los nibelungos, antes de morir, maldicen aquel tesoro.
-Sigfredo conoce a la hermosa Crimilda y se propone casarse con ella, pero Gunter pone como condición para la boda entre Crimilda y Sigfredo, que este le ayude a derrotar a Brunilda. Sigfredo y Gunter viajan hasta Islandia con el manto que los hace invisibles. Sigfredo derrota a Brunilda, que cree que ha sido Gunter, y accede a casarse con él, mientras Sigfredo se casa con Crimilda.
-Un perverso consejero del rey Gunter, Hagen, decide apropiarse del tesoro de los nibelungos, y para ello cizaña hasta conseguir que el rey odie a Sigfredo. El odio de Gunter hacia Sigfredo crece, cuando Brunilda descubre que su matrimonio es fruto del engaño. Hagen asesina a Sigfredo en una cacería real y Crimilda jura vengar la muerte de Sigfredo. El consejero, ya se ha apoderado del tesoro de los nibelungos y lo esconde en un lugar secreto del Rin. Años más tarde, Crimilda se casa con Atila, rey de los hunos y consigue atraer a su hermano y al consejero hasta la corte de Atila, donde los mata. Crimilda es asesinada a su vez, y el tesoro, continúa enterrado en el fondo del Rin.
-Un poco complicada y sangrienta me parece para un niño de once años –dijo mi madre-
-Calla Lupe. Más sangre hay en las películas de vaqueros –dijo mi tía-
-Está bien, lo que vosotros queráis, pero me parece que le estamos metiendo demasiada... "magia" en la cabeza.
-Que cosas dices, mujer. Los chiquillos asimilan muy bien estas leyendas. Otra cosa es que no le guste la música, que, dicho sea de paso, a mí me parece grandiosa.
-Creo que me gustará -aseveré yo- Y, a propósito de magia ¿no me dejarás tener en mi mano la última vara?
-¡Simón! Ya sospechaba yo que había alguna treta, tras tanta amabilidad.
-Guadalupe, tengo una teoría que quisiera corroborar...
-¡Ah! ¡Otra vez, no! ¡Eso se acabó!
-Deja que te lo explique y verás como todo tiene sentido.
-Irene... ¿también a ti te ha convencido?
-Mira Guadalupe, soy el depositario de cuatro varas, perteneciente cada una a uno de los cuatro puntos cardinales. La vara que se corresponde con el Oeste, tiene dueño; tu hijo. A él se la confiaré cuando tú lo estimes pertinente. Ya tenemos definido el lugar, y sabemos donde encontrar a su dueño, para las que se corresponden con el sur y con el este. Solo nos falta saber donde buscar, al dueño de la vara del norte. Eso es lo que queremos. Una vez lo hallemos, iremos a esos tres sitios y entregaremos las varas. El destino hará el resto, si es que ha de hacer algo.
-¿Iremos, quiénes iremos? ¿Y, como sabréis a quien entregarlas? Y, lo que es aún más inquietante... ¿harán buen uso de ellas?.
-Contestaré a todas tus preguntas Guadalupe, pero vete haciéndomelas de una en una... . He pensado que podemos ir los seis; Vosotros con los niños e Irene y yo. Como es natural, todo corre de mi cuenta, absolutamente todo. Respecto de la segunda pregunta te haré yo otra; ¿aún no crees en tu hijo?. En cuanto a la tercera... eso, quien lo sabe. Confiemos en que todas las varas sean portadoras de magia blanca.
Mientras Simón hablaba, había sacado el cuerno de alce de la bolsa de paño que lo guardaba y me lo entregaba. Sin esperar a que nadie se arrepintiera, tome la vara y con el índice seguí los surcos tallados. Pronto me encontré cruzando montañas y surcando mares a velocidad casi vertiginosa, hasta llegar a una tierra que parecía estar llena de lagos. Entonces, mi vuelo se hizo más pausado. Sabía por Simón que Saami es el nombre de un pueblo que habita en la zona ártica, y que seguramente en mi viaje tendría que ir a parar a Noruega, Suecia, o Finlandia, tal vez a Rusia, puesto que en todos esos lugares hay lapones. Él estaba convencido de que iría a Finlandia y a juzgar por los innumerables lagos y la orografía, había acertado de pleno. Divise una enorme manada de renos que se alimentaban en la tundra y que parecían salvajes. La diferencia con otros a los que vi después, era notoria, estos estaban en una zona abierta de bosque y eran pastoreados por algunos niños, mientras que unos adultos los empleaban como fuerza de tiro en el acarreo de troncos. Cerca había varias "isbas" conformando una pequeña aldea, sin embargo, a mí medió la impresión de que el campamento era solo temporal. Oí cantar a alguien que se acompañaba tocando el "kantele" y que a juzgar por su voz, era bastante viejo. Algo mas al norte, divisé el que me pareció el lago mayor de todos. Allí, en su orilla sur y cerca de una población, finalizó mi viaje.
Buscamos un atlas para tratar de averiguar hacia donde habrían de encaminarse nuestros pasos. El lago Inari parecía ser el lugar; era muy grande, estaba en el norte y la ciudad de Inari se hallaba en el extremo sur de dicho lago.
Imposible parecía, desplazarse a tan distintos lugares y en tan poco tiempo -contábamos apenas con cinco semanas- eso, suponiendo que mi padre, dijera que sí, y que también él tuviera tantos días de permiso. Pero el abuelo que escucho los planes que se tramaban, echó abajo todas nuestra ilusiones.
-Querido Simón ¿acaso desconoce, usted los peligros a los que se enfrenta?
-Sé que son muchos los kilómetros que hay que recorrer, que viajaremos en avión, en barco en ferrocarril y hasta en trineo. Ello comporta algunos riesgos, no cabe duda, pero hoy son mucho más seguros todos esos transportes, que cuando yo cruzaba el océano para ir y venir de América, Europa o África. No se preocupe, lo planificare bien.
-No es simplemente eso; hay un problema añadido. ¿Sabe usted que hace algo más de dos años, que el Mau-mau se ha levantado contra el dominio colonial y que aún duran las revueltas?. Cada día hay muertos, que ya se cuentan por miles. Eso en África. En Palestina también hay enfrentamientos armados entre árabes y judíos. Además, la zona está caliente por el problema de canal de Suez, entre los británicos y los egipcios.
-¿Que es el Mau-mau? -Preguntó Irene, a la que solo aquel nombre espantaba-.
-Principalmente son kikuyus, hombres agrupados en una asociación secreta que luchan contra el dominio británico en Kenia Al parecer muchos de ellos pelean a la antigua usanza; lanza y escudo en ristre y pintarrajeados de tal modo, que solo de mirarlos da miedo.
-¿No será todo demasiado precipitado, Simón? –preguntó nuevamente Irene-
-Y demasiado peligroso –aseveró mi madre.
Simón me miró y ladeó la cabeza como quien dice... " que se le va a hacer, todo está en nuestra contra".
Cuando llegó mi padre la última semana de Julio, Simón ya le había explicado de pe a pa, todo lo que ya sabía por mi madre y muchas cosas más. Ambos se habían encontrado en Madrid en un viaje que Simón hizo con ese motivo. Allí le enseñó mapas, distancias kilométricas, los medios de transporte, los trasbordos, los hoteles, el presupuesto, la vestimenta que había que llevar para cada lugar... todo, todo planificado hasta el más mínimo detalle. Como tenía amigos influyentes, le resultó fácil proveer pasaportes, visados para por sí acaso, vacunas etc. Mantenía contactos por teléfono y teletipo con gentes que nos podían ayudar en distintas ciudades para que el tiempo no fuera el mayor impedimento. Con aquella demostración de su capacidad, quería que el abuelo, y mi padre sobre todo, aprobaran aquel proyecto. Con el, quizás, algunas personas dejaran de sufrir, la magia debía de lograrlo.
 
Terminado en el desván de mi casa de Prendes tal día como hoy 21/1/04
El segundo capítulo de este cuento, está por escribir. Si te ha gustado, Ana, Yo te contaré como la familia viaja a África, Palestina y Laponia. Te narraré las aventuras que corrieron y bonitas leyendas de esquimales, de Masai y de árabes

No hay comentarios: