viernes, 4 de junio de 2010

Los acomodadores.

Me han dicho que ya no existen acomodadores, si es verdad, tendré que tenerlo en cuenta para comentarlo en “palabras en fuera de uso”. De todas formas no me imagino el concierto de año nuevo sin acomodador, Toda esa gente tan importante, que reserva su sitio con años de antelación, no pueden llegar al teatro y andar buscando la fila y el asiento. Yo creo que en locales y eventos de postín tiene que tener sus acomodadores/as perfectamente uniformados; su traje, corbata y hasta guantes blancos de hilo. Por que antes, el acomodador, al igual que el portero, iban uniformados. Luego la cosa se relajó, al acomodador únicamente le quedó la linterna y al portero, la gorra. Ahora nada de nada.
Lo que no acabo de comprender es lo de la linterna. Se entiende que el horario es el horario, y que nadie tiene que llegar con la película empezada y molestar a los demás. Posiblemente es que yo suelo ser demasiado puntual. Entiendo que antes, cuando la gente tiraba cosas desde el gallinero al patio de butacas, cuando pedía la hora, o protestaba dando zapatazos en el suelo por que se había cortado la cinta, entiendo digo, que tuviera que acudir el acomodador linterna en ristre para tratar de sofocar el tumulto. Pero según dicen ahora, al cine van cuatro gatos, no se cubren gastos, los cines cierran y cada cual se puede sentar donde le apetezca.

El sufrido acomodador creo que ha tenido que reciclarse en vendedor/a de palomitas y cola loca. Ya no recibirán propinas, aunque esto tampoco se usaba hace ya mucho tiempo.

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