martes, 29 de junio de 2010

Shane.

Raíces Profundas.
Es un tema trillado en novelas y películas, pero esta cinta presenta unos paisajes imponentes, una música para recordar y una buena actuación por parte de los actores.
A mí siempre me ha parecido Alan Ladd un tanto frío, con poca expresividad y poca alegría. No obstante, como de niño lo vi de lejos cuando rodaba “El Caballero Negro”, siempre me ha caído bien. Además, las películas de vaqueros me las veo todas, aunque sean del año 53 y super repetidas. Esta con mucho más motivo; es una muy buena película.
 Me gusta la escena donde el primero que intuye lo que va a suceder, en el duelo con el malisimo Jack Palance, es el perro. Tumbado, dormitando junto a la barra del salon se levanta y sin desperezarse siquiera, se larga despacito.
El final de la peli, cuando Shane se marcha sobre su caballo, deja ese sabor agridulce del nunca se sabe… ¿Volverá con la mujer y su hijo Joey?. Tal vez, el eco devuelve la voz del niño que lo llama.

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