miércoles, 9 de junio de 2010

Turistas en España; los cartaginenses.

Ya hemos dicho, que los fenicios en su afán comercial por las costas del mediterráneo, se asentaban en los lugares más convenientes tanto para la carga y descarga de sus mercaderías así como para hacer más cortas las singladuras.
Fundada por los fenicios procedentes de Tiro, Cartago fue una importante ciudad en un enclave costero del norte de África, cerca de la actual ciudad de Túnez. La leyenda cuenta que fue la princesa Dido, hermana de Pigmalión rey de Tiro, quien la fundó en el año 814 a. C. Actualmente se considera que la ciudad fue fundada entre los años 825 a. C. y 820 a. C. con el nombre de Qart Hadašt, Ciudad Nueva.
Tras la decadencia de Tiro, Cartago desarrolló un gran Estado, de carácter republicano. Los territorios controlados por Cartago la convirtieron en una capital próspera, enriquecida por los recursos provenientes de todo el Mediterráneo occidental. Durante su mayor apogeo llegó a tener 400.000 habitantes, edificios de hasta seis pisos de altura, un sistema de alcantarillado unificado y docenas de baños públicos.
En el siglo III a. C., los cartaginenses vienen a la Península Ibérica, no como turistas, tienen un proyecto de imperio mercantil para todo el mediterráneo. Fundan Qart Hadasht (Cartagena), que se convierte rápidamente en una importante base naval.
Cartago y Roma dan comienzo a las llamadas Guerras Púnicas por la hegemonía en el Mediterráneo occidental. En la Primera Guerra Púnica, Cartago cede Sicilia, Cerdeña, Córcega y tiene cuantiosas perdidas económicas por la interrupción de su comercio marítimo; su flota ha quedado diezmada. Además, tuvieron que pagar a los romanos una indemnización de 3.200 talentos de plata. Cartago pone sus ojos en Iberia para tratar de arreglar su maltrecha economía.

Amílcar Barca, Aníbal y otros generales cartagineses toman bajo su control las antiguas colonias fenicias de Andalucía y el Levante y proceden después a la conquista o extensión de su área de influencia sobre los pueblos indígenas. A finales del siglo III a. C., la mayor parte de las ciudades y pueblos al sur de los ríos Duero y Ebro, así como las islas Baleares, son ya de Cartago.

En el año 219 a. C. se produce la ofensiva de Aníbal contra Roma, tomando la Península Ibérica como base de operaciones e incluyendo un gran porcentaje de hispanos en su ejército. Tratan de someter a la colonia griega de Sagunto, aliada de Roma y situada al sur de la frontera del Ebro. Esto da lugar a la Segunda Guerra Púnica, que culminará con la incorporación de la parte íbera de la península a la República Romana.

Ya hemos dicho que los cartagineses no podían enfrentarse a los romanos por mar dada la superioridad naval de estos últimos. Sabiendo esto, parte desde Hispania hacia Italia atravesando los Alpes el general Anibal. Aníbal manda un ejército de 70.000 norteafricanos e íberos a través de la Galia Narbonense y cruza los Alpes en invierno. La invasión de Italia se produjo por sorpresa pues nadie creía posible que pudiera cruzar la cordillera. Las bajas fueron importantes, en primavera llegó al norte con un ejército de 26.000 efectivos y tan solo tres elefantes de guerra pero, toma sin lucha Turín.

Anibal vence a los romanos en las batallas de Trebia, Trasimeno y Cannas, pero la continuación de esto, aunque va a afectar a Hispania, es otra historia.

Tras la Segunda Guerra Púnica entre el 218 a. C. y el 201 a. C., se puede considerar la Península Ibérica sometida al poder de Roma. La campaña de ocupación, tras la expulsión cartaginesa, fue rápida, excepto en el interiory en el norte donde Roma se vio obligada a mantener una cruenta lucha contra las tribus astures y cántabras, unos pueblos de guerreros que presentaron una feroz resistencia a la ocupación romana.

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