viernes, 9 de julio de 2010

Del asunto de los ordenadores y tal.

Tengo un amigo ferretero, aunque en este caso daría lo mismo que tuviera una farmacia, una mercería etc. El asunto es que, habiendo mamado el oficio en casa desde chico, conocía de memoria al igual que su padre, donde estaba situada cada cosa de las que vendía. Por saber, sabía incluso el precio de casi todos sus artículos y si necesitaba reponer alguno. No obstante, con esto de la innovación y la tecnología, pensó que no podía perder comba, por lo que estaba decidido a comprar un ordenador. Se fue para la tienda y se compró el equipo más moderno del momento. Tenía veinte megas de disco duro, memoria de 480k, disquetera, pantalla de 17 pulgadas en blanco y negro, un buen procesador de textos (Write) y una base de datos que le rellenaron a su medida.

Como os podéis imaginar, esto era a por los 80 más o menos. El otro día me pasé por allí a comprar un brus y pude comprobar, que continuaba con el mismo aparato de hacía casi cuerenta años.

¿Cómo es posible? Le pregunté. Su respuesta fue; para que quiero más, este me da un servicio cojonudo, lo único que he cambiado ha sido la impresora, sale más barato comprar una nueva que renovar los cartuchos.

Es decir, este punto, con un negocio, se gastó cuatro perras en una herramienta de trabajo que le da un servicio optimo y que ha amortizado con creces. Mientras yo, para cuatro chorradas que hago, he ampliado memoria hasta donde se pudo, cambiado de ordenador tres veces, de monitor otra tantas y me he gastado un dineral en programas. Total para el partido que le saco, igual me hubiera servido el primero que compré.
¡Ah no!, Se me olvidaba que yo veo los santos a color y en vez del “güindos” a secas tengo el “güindos super super plus hasta el infinito y más allá”.

En realidad, al tercero que compré me dije que nada mais. Así es que se cuelga cuando le da la gana. Ya está anticuado.

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