lunes, 19 de julio de 2010

Las consecuencias. (7)

Caminaba cabizbajo sin saber a ciencia cierta lo que hacer. Era tarde y debía de ir a casa, a mi madre le extrañaría la tardanza, por mi padre no había problema; con toda seguridad ya estaría en Mieres, era maquinista y llevaba el expreso a Madrid. Pero tenía que encontrar a Andrea y no sabía dónde. ¿Habría vuelto al bar? ¿Cómo iba a volver allí después de aquella mirada y aquel reproche?

Nos encontramos delante del cine Goya. Preocupado como iba, no me fije en aquella pareja de mujeres, hasta que una de ellas, mi Andrea, echó a correr casi desde el bar de Gandoy y se echó en mis brazos.

- ¡Que miedo he pasado, mi amor! ¿Porqué lo hiciste? - Me dijo bajito, y se apartó de repente al recordar que detrás venía mi madre.

- ¿Que ha sucedido? – inquirió mi madre cuando llego hasta nosotros.

- Nada, Ma, uno que se metió con nosotros, pero Alonso el comisario lo tiene todo aclarado. ¿Cómo es que venís juntas?

- Andrea me vino a contar lo sucedido, ¿estas bien?.

- Sí, Ma, luego te cuento…

- Vale, ahora llévala a casa y tranquilízala, está muy nerviosa. ¿Dónde vives, niña?

- En el Coto.

- Pues hala, que tenéis un cachin. Dame un beso hija.

- Adiós Rosa, no te preocupes por mí, ya estoy tranquila… y gracias por ser como eres.

Caminamos cogidos de la mano Carretera de la Costa abajo. Me volví y vi a mi madre que saludaba con la mano, para acto seguido volver por donde había venido. Entonces empezó una nueva polémica.

- Creí que eras integro, pero me fallaste. Has faltado a tu palabra y ahora estás cabreado por ello, tienes la navaja de aquel grosero clavada en tu corazón y algo como el asco te va subiendo a la boca. A partir de este día me mirarás con otros ojos, te consumirás por dentro cuando pienses que estoy con otro, eso era lo que yo quería evitar.

- Yo sé lo que eres y lo que haces.

- No. El día en que te conocí, te fuiste pensando en que habías hecho una conquista. Tu ego no te dejo ver la realidad, luego dudaste. Con el paso de las horas, como un romántico soñador disfrazaste lo obvio– yo contribuí- pero hoy has despertado a la realidad y piensas que tienes un problema que has de resolver. En estas pocas horas me he enamorado de ti, pero no puedo, no debo engañarte ni a ti, ni a tu familia. Soy la que soy y voy a contarte mi vida, para que luego te alejes. Olvídame, ya te dije que no te convenía.

- Andrea…

- Calla y escucha. No conocí a mi padre. El día en que se marchó de España por motivos políticos, dejó embarazada a mi madre; eran novios y él le prometió que la llamaría. Cuando dos meses después mi madre se lo contó, se diluyó en el aire pensando, tal vez, que le había engañado. Al enterarse de aquello, mi abuelo echó de casa a mi madre, mi abuela la ayudó lo poco que pudo y por una amistad, le buscó trabajo en Gijón. Cuando yo tenia once años mi madre murió y yo me quedé sola. La familia para la que mi madre trabajaba, me proporcionó cobijo a cambio de hacer lo que ella hacía; servir. Cuando tenía catorce años, él, el señor, abusó de mí. No de una manera descarada o brutal, me fue ganando con halagos y yo cometí un error de niña inexperta. Su mujer se dio cuenta de que algo había allí y me echó de la casa. Ernesto, así se llamaba, me compro el piso que hay sobre el bar y vivimos como amantes a pesar de que podía tener problemas serios; yo era menor. No le amaba, pero le tenía cariño por lo que hacía por mí. Unos años después, sabiendo que iba a morir, me entregaba sumas importantes a fin de que al menos pudiera subsistir por un tiempo. Murió en mi casa. La familia trató de quitarme cuanto tenía, pero a pesar de su poder, no lo consiguieron. Compré el bar; me parecía lo más fácil que podía hacer, total; manejar a las tres o cuatro mujeres que se ganaban la vida con su cuerpo y servir unas bebidas. Pero me fui impregnando del ambiente, no he vivido mal, nunca he tenido otro amante, nunca he tenido nadie que me chuleara, he elegido a los hombres con los que me acostaba… pero los años pasaban y yo esperaba el amor que toda mujer ansía. Sabía que para conseguirlo había de dejar aquel ambiente, pero… aquí he llegado.

- Andrea…

- Calla, aun no he terminado. Entre nosotros, apenas ha sucedido nada, tu continuaras con tu vida, la familia, la mar, los estudios, ese arte que practicas… y dentro de unos años conocerás a alguna de tu misma edad, te enamoraras, tendrás hijos y un futuro lleno de dicha, yo seré la anécdota… la mujer que te enseñó como se hacía el amor.
Continuará... tal vez.

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