miércoles, 14 de julio de 2010

Mi primer beso. (3)

Entramos por un camino frente a la Universidad y pronto nos encontramos en un merendero. Un par de mesas en el exterior se hallaban ocupadas por familias que sin duda habían comido allí y ahora sesteaban o jugaban a las cartas. Ni siquiera los chiquillos se fijaron en nosotros. Escogimos una mesa a la sombra, bajo una ventana por la que trataba de introducirse una parra bastante descuidada. No parecía que hubiese servicio de camareros por lo que le pregunté:

- ¿Qué vas a tomar Andrea?

- Que pongan en un vaso, una piedra de hielo, dos dedos de granadina, una raja de limón y que lo llenen con sifón, por favor. Si no hubiera granadina, una cola.

Cuando me dirigía al bar, sentí sus ojos en mi espalda. Me di la vuelta despacio, ella no trató de disimular, continuó mirando y una amplia sonrisa se dibujó en aquellos labios carnosos.


- Soy persona de parcas palabras y esta es mi primera cita. Perdóname si no sé que tipo de conversación he de llevar. Mi experiencia es nula en casi todos los sentidos, era la primera vez que entraba en un bar… como el tuyo. Pero una cosa te diré… me siento profundamente atraído por ti y no por aquellas palabras.

- Deja las bebidas en la mesa y siéntate hombre parco; hablas demasiado. ¡Quiero besarte de verdad, con pasión!

Cerré los ojos al sentir el contacto de sus labios con los míos. Ella entreabrió la boca con aroma a melocotón, pero sus labios sabían a frambuesa y canela, tenían el jugo de azahar y miel, eran gloria bendita. La punta de nuestras lenguas chocaron, las salivas se unieron y sus dientes me mordían con suavidad ora un labio ora el otro. Nuestros cuerpos apretados, nuestras manos explorando, espaldas, nucas, cinturas, caras…

Tomamos aliento, nos miramos a los ojos y supimos que pese a los prejuicios de los demás, aquello iba a permanecer en el tiempo.

Continuará... tal vez.

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