miércoles, 7 de julio de 2010

¡Que vida ésta!


Tengo una prima que es arqueóloga, su vida son los huesos apolillados, las hachas de sílex o esos trocitos de cerámica que después de lavarlos y pegarlos con “loctitus” durante un mes, te das cuenta pertenecen al botijo que llevaba el saqueador de tumbas. Ella no es como un amigo que dejó la arqueología por que… no tenía futuro. Os dais cuenta, arqueología… futuro.

Es más o menos y salvando las distancias como un amigo mío que quería ser relojero… pero le faltaba tiempo. Gente como esta hay mucha, probablemente no os habréis dado cuenta. Pondré un par de ejemplos:

Una sobrina de mi cuñado, quería ser “practicante”, pero en la academia únicamente le enseñaban “teórica”.

Había otro al que el médico le recomendó una vida tranquila… y se buscó trabajo de sereno.

Lo más curioso fue aquél que trabajaba en una fábrica de cerillas y le decía a un amigo; no sé el motivo por el que me echaron; las probaba todas.

2 comentarios:

su dijo...

Je,je...muy bueno Alfredo, muy bueno.
Besos.

vazquez74 dijo...

A mi mujer le ocurre al revés, le tengo prohibido que colabore como voluntaria con el albergue de animales porque le daría pena de los bichos y me llenaría la casa de animales.
(Para animal, ya tiene bastante conmigo, con la perra y con la gata).
Una entrada muy simpática, desde luego.