domingo, 11 de julio de 2010

Tal vez... (1)

Era la primera vez que entrábamos en aquel bar. A una de las mesas estaban sentados un mequetrefe que parecía beodo y una rubia regordeta. Él trataba de sopesarle las voluminosas glándulas mamarias mientras ella hacía remilgos. Sobre la mesa una copa de coñac y una vaso con un líquido amarillento que parecía manzanilla o té. En la barra otra rubia pizpireta hablaba con una despampanante morenaza. Yo pedí un mosto con ginebra y Ramón un quinto.

-¿Qué buscáis por aquí, mozos? Nos preguntó la morena una vez servidas las consumiciones.

- Algo de alegría. Salimos de un examen que nos ha dejado tristes y meditabundos. Contestó Ramón por ambos.

- Yo puedo complaceros. Insinuó melosa.

- Pero resultará caro. Me atrevía aventurar.

La morena salió de detrás del mostrador y pude comprobar en todo su esplendor aquella figura enfundada en un vestido negro, sus altos tacones y aquellas medias con su costura que le hacían una pierna perfecta. Mis manos buscaron afanosas el paquete de Camel al ver que se acercaba a mí.

- A ti te lo doy gratis. Me dijo bajito, arrimando su cuerpo al mío, su mejilla a mi mejilla y sus labios a mi oreja.

En un arrebato de valentía le respondí…

- Pues para luego es tarde.

- Llámame mañana que libro.

Volvió tras la barra y anotó un nombre y un numero de teléfono. Me lo entregó y dejó su promesa en forma de cálido beso.

Continuará... tal vez.

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