lunes, 9 de agosto de 2010

El antojo.

¿Recuerdas el caserón de psicosis? Nuestra casa, la del cuento, es casi igual a esa. Imagina todos los tópicos del mundo y aplícalos ahora; la noche oscura, el viento aúlla que da miedo, la tormenta restalla, los truenos ensordecen y los destellos de los relámpagos se cuelan por entre las rendijas de las persianas. El perro se ha hecho un ovillo escondido tras un butacón junto a la pared. Los nervios están tensos, al menos los de ella, pero poco a poco van contagiando al marido. Entre trueno y trueno parece que se ha oído el ruido de un auto. Imaginaciones ¿Quién con este tiempo se va a atrever a salir de casa? Y además, ¿qué importancia tendría?- Le dice el marido. Pero la pesada puerta de hierro de la entrada chirría. ¿Lo ves? Alguien ha entrado, esa puerta no la puede mover el viento, me dijiste que como no la utilizábamos la habías atado con una cadena… La luz se apaga, ¡cómo no! ¿Dónde encontraré una vela? - Sí, tengo una pequeña, aquel número siete del cumpleaños de tu nieta, de momento puede servir. Tropezones hasta hallar el cajón, por fin salimos de la oscuridad para quedar en las tinieblas. -¡Calla! ¡Han roto un cristal!. - Ha sido el viento y alguna rama. -¡Vamos a la cocina allí hay velas más grandes! -¡Y de paso cogemos un cuchillo! - ¡No te pegues tanto a mí, mujer, no puedo andar!. - ¡Ay! - ¿Qué? - Nada, perdona fue la sombra. - Vale, pero no me claves las uñas. Aquí están las velas, ahora tú quédate escondida mientras yo investigo. - ¡No me dejes sola! - Tranquila, si tanto miedo tienes, coge el cuchillo. - ¿Y tú? - Miraré la puerta de atrás y arriba. - ¡No tardes!. La mujer deja la vela sobre la meseta y se esconde en las sombras, en la esquina que forma el aparador. Esgrime el cuchillo a la altura de la cara, si alguien osara acercarse… ¡zas! Un golpe y la hoja lo atravesaría. Aporrean la puerta, nuevo grito de la mujer pillada por sorpresa. El marido baja presuroso las escaleras y se reúne con ella. - ¿Quién será?- Alguien que necesita ayuda.- ¡No se te ocurra abrir! – Vayamos a ver. En la puerta acristalada de la entrada una silueta; es un hombre.- ¿Quien es?- Soy el vecino - ¿Qué vecino? - ¡Ni se te ocurra abrir!. - Perdone pero me estoy calando hasta los huesos, soy el vecino, el de la casita junto a la gasolinera, me llamo Poe, Edgar Alan Poe. – Poe, Poe, ¿de qué me suena ese nombre?. Que alivio, la luz ha venido, la silueta deja de percibirse. El marido esconde a la espalda la macheta de cortar la carne, su mujer el cuchillo. Con precaución abren la puerta sin quitar la cadenilla. - ¿Cómo ha entrado? – La puerta principal tiene una cadena, pero el candado estaba suelto. Con lo que llueve, no me dio por buscar otra entrada, además, los faros del coche iluminan de frente… - ¿Y que es lo que quiere para venir en esta noche desde tan lejos? – Mi mujer está embarazada, se le ha antojado manzanas asadas, ¿no tendrían una tacita de azúcar?.
Fin.

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