miércoles, 18 de agosto de 2010

Motorista sin carné.

Creo que he comentado ya que, mi padre comenzó a trabajar en un taller a la edad de catorce años. Su especialidad fue la mecánica en general, aunque eran en un principio las motocicletas las que le traían a mal traer. Veamos lo que cuenta…

Cuando tenía 17 o 18 años compré una moto, también otro cacharro y a plazos, me costo 12 duros era muy antigua y la iban a tirar a la chatarra porque no podían hacerla andar. Pero yo la compré, la reparé y luego arrancaba y andaba muy bien, le reformé el cuadro haciendolo más pequeño, el depósito de la gasolina lo hice con un bidón de carburo, con tres departamentos, dos para gasolina y uno para aceite bombeado por arriba como las motos modernas, tapando la barra del cuadro, el que tenía era cuadrado y la barra por encima, muy feo, le hice un freno de tambor en la rueda de atrás como las motos más modernas, el freno que tenía era una polea casi tan grande como la rueda, con una fibra de zapata frenaba muy mal, y en la rueda de adelante no tenía freno. Por aquel entonces la gasolina costaba 0,75 pesetas el litro”.

Cuando yo tenía 15 años bajamos de la Herradura a vivir a Santullano a la casa de la abuela y allí fue donde compre la moto. Allí me llevaban motos para reparar, pues la que yo había comprado me sirvió de entrenamiento y propaganda”.

"A principios de 1.937 en plena guerra civil, uno de teléfonos se empeñó en comprarme la moto, le pedí 400 pesetas "creyendo que no la compraría" pero insistió tanto que se la tuve que vender: me ofreció dinero viejo, cosa que hacía falta para poder comprar una cabra, un xiatu, huevos o manteca a los aldeanos, porque estos no querían dinero de la guerra" . (¿Belarminos?)

Durante la guerra y tras pasar diversas vicisitudes, mi padre acaba de motorista con los italianos…

“De allí pasamos al frente, entonces yo ya iba de motorista, claro que cuando tenía que llevar algún parte iba conmigo un teniente italiano o un brigada.
Cuando salíamos de marcha, primero iba el coronel y el teniente ayudante, después el batallón: pero delante del coronel tenia que ir yo con la moto al paso de todos”


Mi padre junto la moto que conducía con un grupo de italianos y españoles.

Acabada la guerra, entró a trabajar como tornero para la RENFE, pero en acabando la jornada se dedicaba a lo que le gustaba. Tenía buena fama y reparaba las motos de la policía armada que por entonces llevaba lo de tráfico. Lo que no recuerdo es si aquello era oficial o simplemente reparaba las propias de algunos agentes. Lo que recuerdo es que uno de ellos, tenía una Sanglas 400 que le prestaba a menudo y a mí me llevaba de paquete alguna vez que se tenía que desplazar a reparar máquinas por los pueblos. Aquella moto no tenía asiento trasero, solamente un transportin donde yo iba dando botes por aquellos malos caminos.

La historia es que aquel guardia siempre le decía que tenía que sacarse el permiso y su respuesta era que, para cuando tuviera coche. Acabó comprando una Vespa harto de andar siempre de gorra y un día, allá por Valladolid los guardias le pararon y pidieron la documentación. Después de veinticinco años de andar en moto, se tuvo que sacar el carné, con examen y todo, claro.

2 comentarios:

rubo dijo...

Una historia muy interesante. A veces pienso que la gente mayor, a pesar de las dificultades que pasaron, tuvieron suerte de vivir esas cosas; los jóvenes de hoy difícilmente tendremos anécdotas tan jugosas con que dar la "tabarra" a los nietos.
Saludos.

Alfredo dijo...

Posiblemente una cosa tan sencilla no merecería más de dos líneas, pero es que soy un liante.