domingo, 22 de agosto de 2010

Piojos y piojosos.( II y última)

Se dice de la reina Isabel la Católica que en 1491 hizo el voto de no cambiarse de camisa hasta conquistar Granada. Granada se ganó en 1492. Algunos quieren comparar la suciedad de la camisa de la reina, adquirida en ese tiempo,   con los caballos que tienen un pelaje blanco sucio tirando a amarillento y que dieron en llamar isabelo o isabelinos por este motivo. Sin embargo, el origen de la palabra es dudoso, el confesor de la reina, fray Hernando de Talavera, le reprochaba a veces el excesivo cuidado que, según él, prestaba a su cuerpo. Es decir; era demasiado limpia.
Parecido voto lo efectuó la infanta Isabel Clara Eugenia, afirmando otros que no se cambiaría de camisa en tanto durase el sitio de Ostende... tres años. El sitio referido, dicho sea de paso, era de vital importancia para la corona española y se saldó con numerosos muertos por ambas partes. Como digo el sitio comenzó en 1601 y finalizó con la conquista por parte de los tercios en 1604. Ahora bien, la palabra francesa isabelle aparece en 1595 para referirse al pelaje de los caballos, es decir, antes de Ostende.

Algunos filólogos dicen que la palabra deriva del árabe "izah", que quiere decir león, esto explicaría que por similitud al pelaje de la fiera, se diera el nombre a los caballos.

Margarita de Angulema, llamada también Margarita de Francia, Margarita de Navarra, o Margarita de Orleans fue una mujer muy influyente en su época, especialmente a partir de 1515 cuando su hermano fue coronado rey de Francia, desempeñando un importante papel político. Asimismo fue una mujer muy avanzada en su tiempo, ya que se atrevió a escribir y publicar poesías, apreciada por su carácter abierto, su cultura y por haber hecho de su corte un brillante centro de humanismo. En uno de sus Diálogos amorosos, dice: "Ved estas bellas manos aunque no las haya lavado desde hace ocho días."

Por contra Montaigne, que fue un filósofo, escritor, humanista, moralista y político francés del Renacimiento, autor de los Ensayos, y creador del género literario conocido en la época moderna como ensayo, escribe: "Estimo que es saludable bañarse, y creo que algunos defectos de nuestra salud se deben por haber perdido la costumbre, generalmente observada en el pasado, de lavarse el cuerpo todos los días."

Hasta ahora hemos hablado de suciedad y podía creerse que con el paso del tiempo la cosa mejoraría. No fue así. Con la falta de higiene, se incrementó el uso de los perfumes, hasta el punto que las damas que no se bañan, acostumbran ponerse esponjas perfumadas entre los muslos y axilas "para no oler como chivos". No entiendo como podían tener hijos. La suciedad dio paso a la sarna, corriente no sólo entre la gente del pueblo. El custodio de Juana la loca escribe desde Tordesillas que las hijas de la reina "mejoran de su sarna".

La moda nacida en Francia, estableció el uso de guantes perfumados, lo que obligó a los guanteros a perfumarlos. Viendo el chollo, se dedicaron también a la producción de aceites olorosos, cultivando en sus tierras naranjos, lavanda, mimosa, jazmín y, sobre todo, rosas. Hoy este pueblo, Grasse, destaca como centro mundial de la industria dedicada a la elaboración de perfumes y fragancias. Esta localidad de Grasse sirvió de escenario para gran parte de la novela El perfume, de Patrick Süskind.
La esposa de Enrique IV de Francia estuvo a punto de desmayarse en la noche de bodas y algunas damas sufrieron vahídos al compartir su lecho ya que no se lavaba nunca. Al parecer, algunas de las amantes de este mujeriego empedernido,  gustaban del olor del rey.

Luis XIII de Francia, era del carta del mismo palo, se cuenta que un día, paseando con sus cortesanos, uno de ellos le quitó algo del cuello de su casaca.

-¿Qué hacéis?

-Señor, era un piojo.

-Señal de que soy hombre-, repuso el monarca.

Pocos días después otro cortesano, queriendo congraciarse con el rey, hizo el mismo gesto que el otro.

-¿Qué hacéis?

-Señor, era una pulga.

-¿Creéis acaso que soy un perro? -Y le volvió la espalda.

De donde se desprende que los piojos eran tolerados y daban empaque aunque no por eso dejaban de molestar. Para aliviar la comezón se valían de manos de marfil con un mango más o menos largo y que servían para rascarse la cabeza debajo de esas aparatosas pelucas nido de piojos.

Madame d'Aulnoy (1650/1705 )escritora francesa conocida por sus cuentos de hadas y por su relato del viaje a España, describe cómo se maquillaba una dama de esta época: «Luego cogió un fraseo lleno de colorete, y con un pincel se lo puso no sólo en las mejillas, en la barba, en los labios, en las orejas y en la frente, sino también en las palmas de las manos y en los hombros. Díjome que así se pintaba todas las noches al acostarse y todas las mañanas al levantarse; que no le agradaba mucho acicalarse de tal modo, y que de buena gana dejaría de usar el colorete; pero que, siendo una costumbre tan admitida, no era posible prescindir, pareciendo, por muy buenos colores que se tuvieran, pálida como una enferma, cuando se compararan los naturales con los debidos á los afeites de otras damas. Una de sus doncellas la perfumó luego desde los pies a la cabeza con excelentes pastillas; otra la roció con agua de azahar, tomada sorbo a sorbo, y con los dientes cerrados, impelida en tenues gotas para refrescar el cuerpo de su señora. Díjome que nada estropeaba tanto los dientes como esta manera de rociar; pero que así el agua olía mucho mejor, lo cual dudo, y me parece muy desagradable que una vieja, como la que cumplía tal empleo, arroje a la cara de una dama el agua que tiene en la boca."

Luis XIV de Francia llamado El Rey Sol, se bañaba únicamente cuando se lo prescribía el médico, ya que como preconizaba Teofrasto Renaudot (medico del rey y periodista fundador de la Gazzette) "el baño, a no ser que sea por razones médicas o de una absoluta necesidad, no sólo es superfluo sino perjudicial". El Rey Sol se limpiaba cada mañana la cara con un trozo de algodón impregnado de alcohol o bien con saliva, como los gatos. Así y todo vivió 77 años.

4 comentarios:

lemaki dijo...

Es de agradecer no solo por el aspecto saludable, si no por no soportar el olor y pestilencia de la suciedad, mezcla de sudor añejo, que se haya cambiado aquella costumbre antihigiénica de los mocarcas y el pueblo llano de los siglos XV, XVI, XVII, también continuó hasta el s. XVIII??

no sabía que isabelo era el pelaje blanco sucio tirando a amarillo, conozco a alguien que se llama así... (je,je).

Muy interesante la lección de historia. Había leido sobre el origen del perfume, colonias, pastillas perfumadas todo para ocultar la suciedad que por prescripción facultativa, seguían a pie juntillas o firmemente los aritócratas de la Edad Moderna.

Seguiré aprendiendo de sus textos.

saludos.

Alfredo dijo...

Lo que escribo es algo que ya antes otro escribió, lo que otros ya vivieron y sintieron... Yo solamente soy el "recordador", el que procura que los demás se interesen por cosas que parecen olvidadas cuando no desconocidas. El motivo es sencillo, me gusta la historia, me gusta casi todo, ya lo sabes. Tal vez sea, por que de más joven, me olvide de todo para vivir el momento. Creo que las personas no debemos olvidar absolutamente nada, ni bueno, ni malo; de todo se aprende. Aprender, saber, conocer, nos hace ser mejores con los demás y con uno mismo.
Perdona mi filosofía barata.

rubo dijo...

Una entrada muy interesante, también me apasionan estas curiosidades de la historia.
Por cierto, qué paradójica la visión romántica del s. XVII y XVIII, con esos caballeros y damas ricamente vestidos y perfumados, y su contraste con la poca higiene que se estilaba entonces. Supongo que las películas de época contribuyeron mucho a difundir esa imagen "glamourosa" y no la pestilente que se correspondería más con la realidad.

Alfredo dijo...

Yo creo que hasta los cuadros de los grandes pintores nos engañan.
Salu2.