jueves, 12 de agosto de 2010

Señas de identidad.

Es curioso la manía, cuando no la necesidad, que tenemos las personas por cubrirnos la cabeza. Unos como yo, de frente despejada hasta la nuca, solemos calarnos la gorra visera cuando nos dedicamos a los trabajos de jardín. El motivo es sencillo, con el esfuerzo la melondra suda, las gotas descienden sobre la frente y van a parar a los ojos o a los cristales de las gafas. La gorra evita ese fluir acuoso, refrigera y hace que el sol no caliente demasiado las ideas.

Antes se utilizaba la boina – yo tuve una más por tradición que por otra cosa – pero no llego a comprender como los paisanos la puden usar. El color negro atrae los rayos solares de tal forma que entre cuero cabelludo y el algodón o lo que sea de lo que está echa, (decían que lleva pelo de gato) se forma una cámara de cocción ideal para hacer huevos pasados por agua, pero sin agua. Entiendo en parte lo de los vascos y sus chapelas, aunque ya no quedan muchos que las utilicen habitualmente. La chapela torna el agua al ser tan amplia, buena en una región donde el orbayu o sirimiri eran más abundantes en otros tiempos.

Creo que los últimos coletazos de importancia en la moda de la boina fueron debidos a la influencia de Ernesto, si hombre, ese que se conocía por “el Che”. ¿Quién no ha tenido un póster suyo con aquella gorra de la estrella?.

Otros se cubren la cabeza por imperativo, militares sobre todo, es igual al arma que pertenezcan, policía, bomberos, jefes de estación, obispos y cardenales… Hay gente que sin una gorra no son nada; Porteros varios, aparca coches… Dicen que a un chino en china, le dan una gorra y se cree mariscal de campo. No lo creo, hace cinco o diez años, tal vez.

Antiguamente las utilizaban los taxistas, los conductores y cobradores de tranvías, los serenos, maleteros de estación, carteros…

En cuanto a otros países… ¿Qué sería un peruano sin su “chullo”, un mejicano sin su sombrero charro, el tuareg sin su turbante, muchos, además de los panameños sin su Panamá, ingleses sin su bombín, los alemanes sin su tirolés, ricachones varios y artistas de cabaret sin su sombrero de copa,  Ascot sin la extravagancia "sombreril" de sus mujeres, los exploradores sin salacot, cocineros, vaqueros a pelo descubierto… y es que esta prenda, es seña de identidad de países y profesiones.

2 comentarios:

vazquez74 dijo...

Mi güelu gastaba una boina de aquellas de "Elósegui" que mi güela se ocupó de quemar una vez fallecido él, supongo que por una antigua tradición de eliminar los restos materiales de quienes se van para siempre.
Otro paisano de su quinta, Venancio, gastaba boina también. Como estaba quemado de andar al sol, cuando quitaba la chapela en ciertas ocasiones, para rascarse la cabeza, dejaba al descubierto el perfecto círculo blanco de su calva, lo que a mí me causaba cierto desasosiego, no sé el porqué.
Ahora hay quien lleva boina de cuadros, las venden hasta en "los telares", pero pienso que la cabeza, cuanto más al aire, mejor, porque sino las ideas tienden a enquistarse y nos vuelven maniáticos.
Un saludo.

Alfredo dijo...

Ese mismo efecto que te causaba el ver a Venancio con la calva descolorida me lo causo a mí un compañero de trabajo. Se ponía el casco sobre la gorra y jamás nadie supo si era calvo o no; hasta que un día, enredando, alguien, de un manotazo le tiró casco y gorra. La sensación fue desagradable y a él le dio tanta furia, que casi se viene a las manos con el causante.