domingo, 1 de agosto de 2010

Ver la vida de otra manera.

Clavó dos puntas en el marco de la puerta. Un poco mas abajo de la altura de su cabeza. Las dejó fuera un par centímetros y apenas separadas. De la cocina cogió el cuchillo jamonero. Apoyó la parte trasera del mango contra ellas sujetándolo con la mano diestra. Se metió bajo el cuchillo flexionando las piernas y agachando la cabeza. Tomó aliento mientras la afilada punta le hacía un hoyito en las cervicales. Estiró las piernas de repente y con fuerza. Tuvo suerte, una milésima de segundo antes se arrepintió, la hoja apenas si penetró cuatro centímetros.

Han venido a visitarle. Le preguntan si necesita ayuda. Ellos podían prestársela. No es necesario, ahora veía la vida de otra manera. Boca arriba, admirando el precioso encalado del techo.

2 comentarios:

vazquez74 dijo...

Por lo que deduzco, se intenta suicidar y a consecuencia de ello se produce un daño que lo deja impedido, en cama. ¿Acerté?
Es que te ha salido un relato breve pero complejo a la vez, si no estuviera en tu blog juraría que lo había escrito Llonxana, jejeje.
Saludos.

Alfredo dijo...

¡Claro que acertaste!. Este cuento está basado en aquel hecho del pobre gallego que acabó tomando el veneno que le prepararon. En cuanto al principio, la diferencia está en el accidente de uno y el deseo de abandonar la vida por parte del otro. Al final, el del cuento, a pesar de que alguien entiende que él puede necesitar ayuda para finalizar lo que empezó, rechaza la proposición. Mas vale una vida impedido, que irse para el hoyo.
En cuanto a lo de Llonxana, sus escritos son en ocasiones tan complejos, que tengo que leerlos dos o tres veces para comprenderlos. Nada extraño por otra parte, soy lento de entendimiento.