domingo, 22 de agosto de 2010

Viador.

(Del lat. viātor, -ōris, caminante).

1. m. Rel. Criatura racional que está en esta vida y aspira y camina a la eternidad.
Cuantas más palabras traigo aquí, más percibo lo inculto que soy. En mi defensa he de anotar que la mayoría de las palabras de nuestro idioma, tienen raíz latina y yo el latín lo estudié en el instituto hace más de cincuenta años. !Que será de las que tiene otras rices! A lo que vamos... conocía yo una palabra "a viador" - lo he puesto separado intencionadamente- que casi no se usa y creo recordar que ya ha sido comentada. Eran estos aviadores de los que utilizaban aquel cubrecabezas de cuero y que se ataba con una trabilla bajo la barbilla - mi padre tenía uno de cuando fue motorista en la guerra - y que siempre vemos en las pelis de la guerra mundial.
 Los japoneses en sus "zero", los llevaban junto con aquellas gafas ojo de mosca y pañuelo al viento que metían miedo. En fin me dejaré de rollos. A pesar de mi ignorancia, llego a comprender que viator/ viatoris sea caminante, pero de ahí a definir viator como "Criatura racional que está en esta vida y aspira y camina a la eternidad" pues que quieres que te diga, como que no.

Por eso casi nunca culpo a las palabras, culpo las definiciones, aunque no dejo de reconocer que tal vez sea yo el que no comprende y no otros los que se explican mal.

5 comentarios:

rubo dijo...

Creo que hoy día hay bien pocos en esta vida que caminen "y aspiren" a la eternidad; más bien acabaremos, la mayoría, cociendo como vulgares garbanzos en las calderas del chef Pedro Botero.
Saludos.

Alfredo dijo...

¿Aún crees en el diablo?

rubo dijo...

¿Para qué imaginar un infierno, si a veces lo tenemos aquí?

Alfredo dijo...

Contestaré como aquel entrenador de futbol "siempre negativo, siempre negativo". Tú no eres así rubo, sabes que nos hace falta un infierno, aunque solamente sea para pensar que esos que nos hacen la puñeta van a ir allí sin remisión

rubo dijo...

¿Sabes? Creo que a última hora acabas perdonando a casi todo el mundo y no le deseas el infierno a nadie, aunque al final les toque. ¿Para qué guardar odios, rencores y rencillas pasadas? En cuatro días que estamos aquí, no merece la pena.