sábado, 18 de septiembre de 2010

De Gargantúas y tal.

Esta mañana cuando saqué a los perros no había desayunado, y como es de suponer, tenía un hambre canina. Vamos, como la de mi perra, que siempre está pidiendo. Recordé que mi padre hablaba a menudo de un tragaldabas al que llamaban "Guarrintio" y que la familia acabó por echar de casa ya que comía todo lo que pillaba. Parece ser que un "copín de fabes" lo comía de una sentada, con su correspondiente compango; una ristra de morcillas, otra de chorizos, el tocino y lacón si lo hubiera.

Para dar una ídea de la cantidad, diré que el copín es una medida antigua para cereal y que equivale a siete kilos, aunque según el sitio podía llegar a tener un valor de 10 Kg.

Guarrintio se fue a vivir al monte, donde hizo una chabola que tenía "empapelada" con pieles de los perros, gatos y raposos que eran su sustento. A saber cuantos otros bichos comería y con los que no podía empapelar.

Me contaba un compañero de trabajo, gran comedor también, que cuando era joven, allá por la mancha de donde era natural, hacían un guiso con cabezas de cordero, carnero o similar, y que lo que más le gustaba comer, eran los ojos. Dicen algunos que es un manjar, y yo me lo creo, pero no los comeré jamás. Lo "empachante" del caso, es que tras degustar carne y glóbulos oculares, él , con un bote de pimientos o con el mismo cráneo a modo de cucharón, se bebía el seboso, grasiento y pienso que repugnante caldo. Parece que estoy viendo a Homero Simpson.

Estando en el bar de un camping donde solíamos pasar casi todo el verano, se acercó a nosotros un paisano y viendo que éramos buenos comedores, quiso entablar una apuesta. Aseguraba ser capaz de comer cinco docenas de huevos crudos. El dueño del local, atento con nosotros que le dejábamos buena cantidad de "pasta", oyó la conversación y por lo bajini nos dijo que no aceptáramos; "es capaz de comer bastantes más".

Efectivamente, hubo quien picó el anzuelo. Aquél hombre, que posiblemente si comiera un garbanzo se le notaría en la barriga, por lo flaco que estaba, se engulló seis docenas de huevos y para rematar un café bien cargado. La apuesta era simplemente pagar lo consumido. El pagano quedó satisfecho por ver aquella hazaña, sin llegar a saber como supimos nosotros, que podía haber llegado a los cien.

Grandes comedores los ha habido en la historia a montones y, no estoy hablando de esos que se engullen en el menor tiempo posible, docenas de salchichas u otras cosas; hablo de gente que tranquilamente se atiborraba, salía al vomitorio y reanudaba la comilona. Una pequeña muestra:

El emperador romano Heliogábalo tuvo más fama por la "calidad" que por la cantidad, es decir no era un gran comilón, pero; solía espolvorear polvo de piedras preciosas en todas sus comidas y ponía perlas con el arroz. Le volvía loco un asado de lenguas de ruiseñor, de loro y de crestas de gallo que habían sido arrancadas a los animales en vivo. Daba foie a las fieras de su circo y una vez mando matar a seiscientas avestruces para comerse sus cerebros todavía calientes.

Carlomagno parece que fue el primer rey cristiano que sentó las damas a su mesa. Gustaba de las, hierbas aromáticas en los guisos y ordenaba plantar árboles frutales, en especial manzanos para hacer sidra que le encantaba. En su mesa se servía asno salvaje, relleno de pajarillos, aceitunas verdes y trufas enteras. Los cocineros del Sacro Imperio gustaban cocer, con mosto de vino, aves, caza de las selvas germánicas y grandes salmones y lucios. Guisaban lechones cocidos con miel y pichones rellenos de jalea de arándanos y volvieron a condimentar el pavo real ya en desuso.

Selim II, sultán del imperio otomano era gran aficionado a los dulces de los que se atiborraba; tortas de pasas, higos en miel, sorbetes con leche de cabra y sandías rellenas de vino, sobre todo vino, mucho vino.

El famoso conquistador de mujeres Giovanni Casanova, se convirtió en insaciable comedor de de pastas italianas, bombones de anís y compotas de fruta con canela, cuando ya su "potencia amatoria" había desaparecido. Con algo se debía de consolar.

4 comentarios:

rubo dijo...

Soy de buen comer y me gusta casi todo (nunca comería ojos, por supuesto, y cosas como los sesos y similares no me agradan nada) pero me repugna un poco esa gente que come, como digo yo, a lo "gocho", sin saciarse nunca. Como dicen en mi casa, es propio de "bordoneros" y además malo para la salud porque estamos en una edad en la que hay que cuidar la línea para evitar "michelines" y "curvas de la felicidad".
Para mí las "farturas" deben ir necesariamente acompañadas de una buena caminata a posteriori, para "bajar" la comida.
Aprovecho para enviarte un saludo porque probablemente estos sean mis últimos comentarios, ayer quedé de vacaciones y me marcho unos días, a ver si nos relajamos un poco. Un saludo y hasta la vuelta.

Alfredo dijo...

Que pases unas felices y placenteras vacaciones.
En mi casa todos tenemos buen diente, lo malo es que a pesar del trabajo diario, yo al menos siempre salgo del verano con dos o tres kilos de más La culpa la tienen mi hermano y mi cuñado; no pasa día sin fartura. Pero ya llegará el invierno.
Saludos.

lemaki dijo...

Yo tampoco... lo de los ojos y en general, las vísceras, no puedo con ellas. Para mí, el fin de semana es comer a mi antojo... lo que no hago el resto de la semana: dulces (caseros e industriales), patés, mermeladas, variedad de quesos... un gustillo. Durante la semana me sustento a base de legumbres, verduduras, fruta y pescado.

Es cierto, hay personas insaciables, en cuanto al límite de ingesta. Siempre escuché que parece que hay personas que tenían en su interior la tenia o también llamada solitaria, que se apropia de todos nuestros alimentos ingeridos...

Me agradó conocer la historia de grandes personajes, en relación con sus hábitos y costumbres alimenticias. No las conocía.

saludos.

Alfredo dijo...

lemaki.
Oye, a mi me han dicho que eso de comer verduras es muy sano. En serio, a mi me gusta comer con cuchara, pero el tenedor no lo dejo de lado. Incluso los dedos, que son muy útiles para coger las costillitas de cochino y las chuletillas de cordero.
Salu2.