miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ordalía.

(Del b. lat. ordalia).
1. f. Prueba ritual usada en la antigüedad para establecer la certeza, principalmente con fines jurídicos, y una de cuyas formas es el juicio de Dios.

De esta palabra y su significado hay más que páginas enteras, donde se narran las pruebas bárbaras a las que se hacía someter a las personas, incluso las cosas, para averiguar inocencia o culpabilidad.

El origen de las pruebas se remonta a costumbres visigodas, y mediante ella se dictaminaba, atendiendo a supuestos mandatos divinos, la inocencia o culpabilidad de una persona o cosa (libros, obras de arte, etc.) acusada de pecar o de quebrantar las normas jurídicas.

La ordalía o Juicio de Dios, era una institución jurídica practicada hasta finales de la Edad Media en Europa. Y era una de las herramientas a disposición de los fiscales, siendo la otra más utilizada, la tortura judicial.

Las pruebas estaban relacionadas con el fuego, de tal forma que, al acusado se le hacía sujetar hierros candentes o introducir las manos en una hoguera. En ocasiones también se les obligaba permanecer largo tiempo bajo el agua. Si alguien sobrevivía o no resultaba demasiado dañado, se entendía que Dios lo consideraba inocente y no debía recibir castigo alguno. Lo malo era cuando tras quedar con una mano abrasada, el juez estimaba que era culpable y acababa siendo ajusticiado.

Aparentemente no hay gran diferencia entre ordalía y tortura judicial, pues si con la una habías de meter la mano en un brasero, con la otra te hacían tragar agua hasta que confesaras.
Por todo ello, se condena esta palabra a la pena de prisión, eso si; sin juicio de Dios, ni tortura alguna.

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