miércoles, 8 de septiembre de 2010

Voladores de Papantla.

El Aspidosperma megalocarpón (Alzaprima u Hojancho) es un árbol que alcanza hasta los 30m de altura, 70cm de diámetro de tronco recto. Las ramas son ascendentes formando una copa redondeada y densa. La corteza forma escamas en forma de cuadros pequeños y de color gris oscuro. Las hojas son simples láminas redondeadas, ligeramente alargadas hacia la punta de ahí el sobrenombre de hojancho, son blandas y colgantes. Las flores se presentan en racimos de 10 a 30cm de largo, de color lila. Los frutos son cápsulas globosas y cerradas de 7mm de diámetro, contienen una o dos semillas redondas y globosas, miden de 4 a 5mm de diámetro, son amarillentas, cubiertas por numerosos pelos delgados y duros.

El tronco de este árbol es utilizado por los Voladores de Papantla como "palo volador".

Para conseguir este palo volador hay que seguir el rito del corte, que consiste en una ceremonia con ofrendas para pedir perdón al bosque por tomar la vida de uno de sus seres. Según la tradición en la tala del árbol participan los danzantes, que deben de abstenerse sexualmente en el transcurso de la ceremonia. El caporal inicia el corte con hacha y le siguen los danzantes, pero toda la comunidad participa. El palo debe ser trasladado sin tocar el suelo hasta el lugar donde se colocará o “sembrará”. En el hoyo donde se instalará, también se depositan ofrendas.

En la parte superior se instala una cruz, un pivote o manzana, que unirá y posibilitará el giro. En los extremos de la cruz, se colocan cuerdas que sujetan a los danzantes voladores simbolizando los 4 puntos cardinales, y el caporal en el centro. A más 20metros, en lo alto de la estructura, se sitúa el caporal, que toca un tamboril y una flauta, coordinando el ritual. Cada señal que el caporal hace, es un tipo de acrobacia. Cada danzante volador salta al vacío, sujetado por la cintura, cabeza abajo, afianzándose con las piernas. Cada uno de ellos gira 13 veces, que multiplicado por los cuatro voladores da el resultado de 52, este número hace referencia al ciclo de 52 años del calendario indígena. A medida que los participantes bajan, el círculo se abre hasta que llegan a tocar el suelo. Si los espectadores aplauden alguno de los voladores dobla las piernas y se toca los pies con las manos, siendo esta una maniobra muy difícil que solo puede durar unos segundos.





2 comentarios:

rubo dijo...

Yo nunca lo haría, por tres razones: no me gustan las actividades demasiado arriesgadas (vamos, que me pueda mancar en ellas); no me gustan las alturas (tengo vértigo); y la última y no menos importante, no me gusta andar por la vida cabeza abajo.
saludos.

Alfredo dijo...

La primera vez que tuve vértigo fue en casa de una tía que se compró un octavo frente a la playa. Entonces el balcón no estaba cerrado. Sin embargo yo vivía en un quinto y en la fábrica subía a las torres a más de treinta metros. Algo habrá que nos hace miedosos.
Salu2.