martes, 14 de septiembre de 2010

Y dices tú de mili...

Como alférez de milicias, me tocó aquél verano cumplir mi obligación con la patria. Estuve destinado en el centro de instrucción de reclutas en León donde conocí a una persona bastante singular. Una vez pasado el periodo de instrucción, le habían destinado a Valladolid, pero lo dejaron en el campamento como auxiliar para enseñar a los nuevos reclutas. Sin embargó, jamás cumplió este cometido ya que el capitán de la compañía, estimó que dada su forma de ser, estaría mejor en la banda de música.

Tampoco era este su sitio, pero con esa disculpa, gozaba de total libertad. El era un Rambo mucho antes de que este nombre se asociara a lo que todos lo asociamos, es decir; un soldado aguerrido y auto suficiente. Lo suyo hubiera sido el formar parte de una compañía de operaciones especiales.

El capitán que lo protegía, estaba entusiasmado con él; " corre como los indios de las praderas, sin apenas apoyar los pies en el suelo y durante horas. Es capaz de hacer cincuenta o sesenta kilómetros en una jornada y repetir al día siguiente y al otro y al otro."

También era buen tirador tanto a pistola como a carabina, pero lo que más me llamaba la atención de él es que se podía pasar una semana en el campo solamente con un cuchillo, un cable de freno de bicicleta y una piedra de silex o pedernal. En aquellos páramos castellanos, era capaz de subsistir comiendo culebras, conejos, erizos, lagartos... lo que hubiera. La sed la mitigaba bebiendo la sangre de sus presas, su propia orina y el agua que dejaba el rocío de la noche.

Un día lo vi venir monte abajo con algo al hombro. Se llegó hasta la cocina y mandó aviso al capitán. Colgó el zorro de un gancho, lo despellejó y dejó al sereno durante dos días, al tercero lo saló y bañó con un brebaje a base de ajo, tomillo, aceite y vinagre. Al cuarto lo asó, y con sus amigos se lo comieron.

Esto es simplemente un cuento, o un cuento simple si se prefiere. Estoy en desacuerdo con la caza en general y particularmente con el furtivismo. Será que los años me vuelven blando, pero hasta los caracoles de mi finca me dan pena cuando me deshago de ellos.

2 comentarios:

rubo dijo...

Yo sería incapaz de matar una mosca; bueno, una culebra quizá, porque no soporto a las "bichas", pero lo demás...
Saludos.

Alfredo dijo...

Hace poco tiempo, paseando a mi perra Nela, comenzó a husmear y gruñir. Vi que algo se movía entre la hierba y temiendo fuera una víbora, agarre una piedra y la lancé con fuerza. Casi parto en dos a la pobre e inofensiva culebra. Me dio tanta pena que traté de remediar el mal aun a sabiendas que era imposible. Hoy siento todavía aquella mala acción y no encuentro disculpa; debí cerciorarme de lo que era, antes de arrojar la piedra.
Salu2.