domingo, 17 de octubre de 2010

Jiménez de Quesada y su Dorado.

La leyenda de El Dorado, surgió en la zona de la actual Colombia, donde había un cacique (Guatavita) que se cubría el cuerpo de polvo de oro y se sumergía en una laguna para expiar una grave falta cometida por uno de sus antepasados.

Del lugar, que buscaron con empeño los conquistadores españoles en América, decían tener calles pavimentadas de oro, y el preciado metal era algo tan común que se despreciaba.

Gonzalo Jiménez de Quesada era distinto a los conquistadores al uso; estudió derecho en Salamanca y en 1535 es nombrado Justicia Mayor de la localidad de Santa Marta. Se traslada a América junto con Pedro Fernández de Lugo. Al año siguiente recibe el cargo de Capitán General en la expedición que remontará el río Magdalena para llegar en 1537 a las tierras de los chibchas, encontrando por primera vez a los Muiscas, nación de la Cultura Chibcha y que pobló principalmente los territorios que hoy comprenden los departamentos de Boyacá y Cundinamarca en la actual Colombia.

Comandó la expedición de la conquista de la Nueva Granada y fundó entre otras la ciudad de Santafé de Bogotá, la actual capital, en 1539. La llamada ciudad no eran más que doce casas hechas en paja y con una iglesia, en donde el día 6 de agosto de 1538 se celebró la primera misa, quedando así fechada la fundación de la ciudad.

La última expedición la realizo Quesada en busca del mítico El Dorado a la edad de sesenta años. Partió de Santa Fe de Bogotá en abril de 1569 con 400 españoles, 1500 nativos, 1100 caballos y 8 sacerdotes y regresó a Santa Fe en diciembre de 1572 con tan sólo 64 españoles, 4 nativos, 18 caballos y dos sacerdotes. Habían llegado hasta la confluencia de los ríos Guaviare y Orinoco, desde donde tuvieron que dar la vuelta por falta de medios para poder navegar.

Quesada va a morir en 1579 tras resistir cuatro años a la enfermedad de la lepra. Sus hombres le rindieron honores de adelantado, pues lo consideraban el conquistador de Nueva Granada. Una conquista que gracias a la palabra de este hombre, costó una ínfima cantidad de sangre en comparación a otras.

2 comentarios:

rubo dijo...

En proporción salieron más resistentes los sacerdotes (dos de ocho) y no los soldados o los pobres indígenas. La verdad es que aquellos curas no tenían vocación de mártires, jejeje.
Muy ilustrativo el texto. Saludos.

Alfredo dijo...

Aunque las penalidades en estas aventuras suelen ser para todos, ellos, los curas, no debían tener demasiado trabajo; unas bendiciones, una misa, alguna confesión... Lo que no cabe duda es que gracias a los escritos de muchos de ellos, se conoce bastante de la historia. Tampoco hay que menospreciar la defensa que hicieron de los indígenas, estoy recordando a Bartolomé de las Casas, por ejemplo.
Salu2.