miércoles, 24 de noviembre de 2010

Minos, Asterión y Teseo.



Esta leyenda es bastante conocida pero, en ella concurren personajes lo suficientemente importantes como para que cada uno de ellos tenga la suya propia: Minos, junto con su esposa Pasifae y Asterión, Dédalo y su laberinto, Poseidón y su toro, Teseo y la enamorada y abandonada Ariadna.

Minos; trata de engañar a Poseidón y cambia el hermoso y perfecto toro que el dios del mar le consiguiera para un sacrificio.
Pasifae; enamorada del toro y que busca la manera de hacer el amor con él.
Dédalo; que construye la vaca de madera donde Pasifae se esconderá y quedará embarazada de Asterión. Constructor también del laberinto donde se recluirá al Minotauro.
Asterión o Minotauro; cuerpo de hombre con cabeza de toro, comedor de carne humana, hijo de Pasifae habido con el toro.
Teseo y Ariadna; vencedor en la lucha contra el minotauro, que abandona en una isla a la enamorada una vez cumplida su misión.

La leyenda dice, que Minos, rey de Cnosos, de toda Creta, y señor de todos los mares helénicos, envió a su hijo Androgeo a participar en los juegos de Atenas. Era Androgeo más fuerte que todos los griegos y venció. Pero Egeo, rey de Atenas lo mató por envidia. Minos, al conocer la noticia, enfureció e invadió la ciudad, la sometió y exigió que, para borrar la culpa, cada nueve años los atenienses, debían de mandar como tributo a siete jóvenes varones y siete doncellas, que serían sacrificados al Minotauro (Asterión).

Cuando el sacrificio se preparaba por tercera vez, Teseo, hijo de Egeo, se ofreció para ir en barco a Creta y matar al monstruo. Negras eran las velas asidas a los mástiles, y Teseo anunció que en su viaje de vuelta, izarían velas blancas si salía adelante en su propósito.

Ariadna, hija de Minos, se enamoró del valiente capaz de desafiar al monstruo y le dio una espada y una madeja de lana. Ella sujetaría uno de los cabos mientras el joven héroe se adentraba en el laberinto en busca del Minotauro. Vencido Asterión y gracias al hilo de Ariadna, halló pronto la salida y huyó con ella y sus compañeros hacia su patria. Pero emocionado por haber salido con vida de aquel trance, se olvidó de cambiar las velas como había acordado. Egeo, al ver las velas negras, creyó que la empresa había fracasado y se arrojó al mar.

2 comentarios:

lemaki dijo...

He encontrado (supongo que al igual que tú) que en La divina comedia de Dante, Minos se sienta en la entrada al segundo círculo del Inferno, que es el comienzo del Infierno propiamente dicho. Ahí juzga los pecados de cada alma y le asigna su justo castigo indicando el círculo al que debe descender. Hace esto dando el número apropiado de vueltas a su cola alrededor de su cuerpo. También puede hablar para aclarar la ubicación del alma dentro del círculo indicado por las vueltas de su cola.

No conocía esta leyenda, realmente el amor y el sexo son necesidades primarias? están presentes en todas o la mayoría de leyendas.

Un saludo.

Alfredo dijo...

lemaki.
Minos y Radamantis, su hermano, fueron instituidos jueces en el Infierno dadas sus dotes de justicieros. Minos preside el círculo de los lujuriosos por sus aventuras amorosas, y la invención de la pederastia. Por eso, y por haber sido un justo gobernante, tiene el atributo de juzgar a los muertos.

Así pues bajé del círculo primero
abajo al segundo, que menor espacio ciñe,
pero más dolor, más punzantes lamentos.

Horrible estaba Minos, rechinando dientes:
Examina las culpas en la entrada,
juzga y ordena, conforme se ciñe.

Digo que cuando el alma mal nacida
viene delante, toda se confiesa;
y aquel conocedor de pecados

ve cuál es su lugar en el Infierno:
Cíñese con la cola tantas veces,
cuantos grados abajo quiere sea puesta.

Siempre delante de él hay muchas almas
que van y vienen, cada cual al juicio,
dicen y oyen y después abajo son devueltas.

¡Oh tú que vienes al doloroso albergue
me dijo Minos al verme,
dejando su obrar de tan grande oficio,

guárdate de como entres y de quien te fíes:
¡Que no te engañe la amplitud de la puerta!
Y mi jefe a él: ¿Porqué gritas entonces?

No impidas su fatal camino:
Quiérese así allá donde se puede
lo que se quiere, y no más inquieras.

Como ves he tenido que releer algo que ya tenía olvidado desde hace 50 años.