jueves, 2 de diciembre de 2010

El amanuense y la Piedra.

Un amanuense es la persona que tiene por oficio escribir a mano, copiando o poniendo en limpio escritos ajenos. El francés Nicolás Flamel, trabajaba copiando fielmente los originales que se le entregaban ayudado por especialistas que se dedicaban al miniado - ilustración de miniaturas- que el libro en cuestión contenía. Su oficio lo convirtió en un experto bibliófilo, capaz de distinguir los originales de las copias por más raros que fueran.

Se cuenta, que un día, un desconocido entró en su tienda ofreciéndole un libro hecho de una sutil y admirable corteza de árboles. Estaba escrito en hebreo. De inmediato advirtió que se trataba de una valiosa pieza y lo adquirió por dos florines. Según la leyenda, Flamel había soñado días antes con un ángel que le mostraba un libro, "Míralo bien; te parecerá oscuro, como todos, pero llegará el momento en que verás allí lo que es preciso ver y sabrás lo que nadie sabe".

Con ayuda de un docto judío, comenzó a traducirlo. Flamel había copiado otros textos de alquimia, por lo que no le resultó difícil interpretar los símbolos de aquel manuscrito. El lunes 17 de enero de 1382, y ayudado solamente por su mujer Perenella, mantuvo suspendida la Piedra Roja sobre una cantidad igual de mercurio, consiguiendo la transformación en igual cantidad de un oro puro y más maleable que el oro común. "Digo la verdad: lo hice tres veces con la ayuda de Perenella, que sabe tanto como yo del asunto por haberme asistido..."

El amanuense y su mujer se hicieron ricos e hicieron participes de su riqueza a los demás; fundaron catorce hospitales a los que dotaron patrimonialmente, tres capillas y siete iglesias en París.

Sin embargo, y aunque el libro pudiera describir con exactitud el método, no sabemos como llegó a su poder lo más importante; La Piedra Roja de la transmutación.

Si sabemos como llegó a las manos de Helvetius -Johann Frederik Schweitzer- famoso médico, escéptico y encarnizado adversario de la alquimia.

Cuenta él mismo que en la mañana del 27 de diciembre de 1666, se le acercó un desconocido de pobre vestido, pero de aspecto severo y seguro. El hombre le preguntó si creía en la Piedra filosofal, y el médico indignado creyéndole un charlatán, se apresuraba a echarlo cuando éste abrió una caja de marfil y "le mostró tres astillas de una sustancia similar al vidrio o al azufre claro", declarando que aquella era la Piedra y que con aquella cantidad bastaría para fabricar veinte toneladas de oro.

Tras examinar una de las astillas, Helvetius le pidió una de ellas para proceder a unas pruebas. El desconocido se negó, pero prometió volver. Al cabo de tres semanas volvió y le regaló una minúscula esquirla "no mayor que la semilla de un nabo"; y como el doctor dudó de la eficacia de la partícula, el extraño partió a la mitad el trozo y arrojó uno de ellos al fuego; eso será suficiente.

Helvetius le confesó que la vez anterior, cuando tuvo una en su mano, le hizo un rasguño y con aquella partícula intentó el experimento introduciéndola en un baño de plomo. El resultado fue la obtención de vidrio en vez de oro.

El desconocido le dijo que debía de haber protegido la piedra con cera amarilla para que no se evaporase el calor.

Helvetius decidió intentar la transmutación fundiendo tres onzas de plomo donde sumergió la piedra envuelta en cera. El plomo se transformó en oro, que llevaron al joyero y que valoró en cincuenta florines la onza, diciendo que era el más fino que jamás había visto.

3 comentarios:

oliva dijo...

"Unos años después de la muerte de Nicolás Flamel, tanto su tumba como la de su esposa fueron saqueadas para buscar la piedra filosofal y el libro de Abraham el Judío, pero ni una ni otro aparecieron. Algunos dicen que tampoco se encontraron los restos del matrimonio, ya que ninguno de los dos murió realmente, ni morirán nunca, gracias a las propiedades regeneradoras de la piedra filosofal. La escritora inglesa J. K. Rowling aprovechó esta leyenda para su novela Harry Potter y la piedra filosofal".

La trasmutación de los metales, ¡quien pudiera poseer ese secreto!

Un abrazo.

Alfredo dijo...

oliva.
No se yo si eso de ser inmortal sería algo bueno; por un lado el egoísmo nos impele a desearlo, por otro... debe ser triste ver abandonar el mundo a las personas queridas una y mil veces.
De todas formas, son bonitas estas historias que nos plantean la duda de si será cierto o no, nos intriga el misterio en que están envueltas y hasta tienen un algo de romanticismo o de nostalgia.
Salu2.

Fragarí dijo...

Felicitaciones por su interés en la Alquimia Interior
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Saludos cordiales
Rosemunde y Fragarí