jueves, 16 de diciembre de 2010

Las crónicas de Genarón; El Vejete.

Me llamaban Genarón posiblemente por mi talla; todos decían que era grande, grandón para ser exactos, y algunos... gordo. Envidiosos sin duda de mi prestancia. Es cierto que a punto de llegar a los cuarenta, mis pectorales se habían aflojado un tanto y parecía que tuviera el pecho de una púber. Es cierto que mi cintura me obligaba a portar tirantes además del cinto, pero ni una cana en mi espléndida cabellera y un físico que para si lo quisiera el Kirk Douglas en sus buenos tiempos.

Digo esto, porque no acierto a comprender como es que no me como una rosca, en comparación a otros de los que a modo de ejemplo, contaré una anécdota que me sucedió no hace mucho.

Trabajo en la garita de un aparcamiento subterráneo. Cobro a los que no quieren perder tiempo con la máquina de la entrada, o a los que no tiene cambio, en fin a los que se empeñan en fastidiar. Vigilo las pantallas de las cámaras instaladas y estoy, que se enteren, para las emergencias que puedan acontecer. Como es un aparcamiento situado cerca de lugares de ocio, o sea, bares y discotecas principalmente, hay turno de noche. Y fue una de estas noches, en que placidamente estaba metiendo mano al bocata y bebiéndome una cerveza, cuando entró un todo terreno de esos caros. Al volante un vejete que buscó la plaza más recóndita del aparcamiento. Necesariamente, para salir andando, lo habían de hacer por delante de mi cabina, pero juzgué que el tiempo pasaba y por allí no aparecía el condenado viejo.

Esperé un tanto más y cansado ya, enfoqué una de las cámaras hacia el coche. Movimientos sospechosos se adivinaban, más que se veían dentro del vehiculo, y con esto de tanto asesinato, me empecé a poner nervioso. Durante unos minutos dudé, con la mano sobre el teléfono, si llamar a la policía. Hasta que por fin me decidí. Los nacionales llegaron con las sirenas en silencio. Les conté y mostré lo que creía ver y ellos desenfundaron rápidamente y a pie, con precaución, escondiéndose tras las columnas se dirigieron hacia el auto.

- ¡Alto, policía, salgan con las manos en alto!- Decían apuntando sus armas al interior.

- ¡Abran las puertas despacio, asomen sus manos, y bajen inmediatamente!

En el interior cesaron los movimientos, una de las puertas traseras se abrió lentamente y la luz interior del vehiculo se encendió. Aparecieron primero las manos, luego la cabeza del viejo y todo su cuerpo por fin... con los pantalones en los tobillos. Su escuálido cuerpo se mostró tal cual y a poco se mata al saltar a tierra, Tras él, una joven mulata en pelota como la echara su madre al mundo le siguió.

¡Puñetero viejo! ¿Acaso no tenía otro sitio para su ligue?

Por lo que se ve, no. Fuera hacía frío, estaba casado y era bastante conocido por lo que no se atrevía a ir a un hotel. Me lo contó dos semanas más tarde, cuando tras deslizar- sin soltarlo- por la ranura un billete de veinte, me dijo; ¿Harías la vista gorda esta vez?

- Contésteme a una pregunta, ¿Cuanto le cobra?

- ¿Te ofendería si te digo que... nada?

2 comentarios:

oliva dijo...

Si ofende...

(de veras trabajas en una garita de un aparcamiento subterráneo? bueno, esto da igual).

Este hombre es primo de aquel que estaba con una camarera? creo que no, -solo es mi opinión-, pero si una chica joven extranjera está con un hombre mayor, con bastante diferencia de edad (lo siento) es porque tiene algún tipo de interés, no solo amoroso. Espero y deseo estar equivocada

sobre todo, porque me enamoré platónicamente de un hombre trece años mayor que yo (eres al único que le he confesado este desliz?). Por tanto, podría entender que una chica algo joven pudiera enamorarse de un hombre algo mayor...

saludos.

Alfredo dijo...

oliva.
Este día no diste ni una en el clavo;
1º- A estas alturas solamente me ofenden las cosas de muchiiiisima importancia.
2º- Jamás he trabajado en un aparcamiento; He sido el responsable del almacén de repuestos de una empresa grande.
3º- El que una mujer sea mulata, no quiere decir que sea por fuerza extranjera.
4º- No seas material; el amor - no solo el platónico- puede existir aunque haya diferencia de edad.
5º- Secretillos todos los tenemos, a veces nos llevan a declararlos y hacer partícipes a los demás, ante en gozo exultante que nos produce el recordarlos.
No creo que vuelvas atrás y consecuentemente esto no lo leerás, pero, ¿no me encuentras de buen humor?
Salu2.