viernes, 3 de diciembre de 2010

Schliemann, el niño al que gustaba desenterrar.

Este, que parece cuento, trata de un niño pequeño nacido en Mecklemburgo, Alemania y que se llamaba Heinrich Schliemann.

Un día, estaba en el cementerio de su pueblo ante la tumba de un hombre malvado; Bradenkierl Hennig, de quien se contaba que había asado vivo a un pastor y, cuando ya estaba asado, le había dado una patada. Se decía, que como castigo a su delito, todos los años sacaba el pie izquierdo de su tumba. El niño esperaba ver el acontecimiento, pero cansado de esperar, pidió a su padre que cavase buscando el dichoso pie.

Cerca del lugar, había una colina en la cual se decía que estaba enterrada una cuna de oro, y el niño pidió al padre, puesto que eran pobres, que desenterrara la cuna.

Cuando a los catorce años dejó la escuela, entró como aprendiz en una tienda de ultramarinos y durante cinco años vendió mercancía, fregó y barrio suelos y molía patatas para destilar licores, así todos los días desde las cinco de la mañana hasta bien entrada la noche.

Un día entró en la tienda un molinero borracho que se puso a recitar versos de la Ilíada de Homero. Oyéndolo embobado, le fue pagando al molinero una copa tras otra de aguardiente por cada poema recitado, a la par que recordaba las historias que su padre le contara. Decidió en aquel momento que aquella no era la vida que quería.

En 1841 se embarcó en Hamburgo como grumete rumbo a Venezuela, pero a los quince días se desencadenó una tempestad y el barco naufragó frente a la isla de Texel. A su vuelta consiguió un puesto como escribiente en Ámsterdam y comenzó a estudiar idiomas logrando aprender en un año francés e inglés.
"Aquellos pesados estudios fortalecieron mi memoria de tal modo, que en un año me pareció luego muy fácil el estudio del holandés, el español, el italiano y el portugués, y no necesitaba más de seis semanas con cada uno de estos idiomas para hablarlos y escribirlos con soltura."

La empresa donde trabajaba tenía relaciones comerciales con Rusia y nadie en Ámsterdam hablaba el idioma, así que con 22 años, una gramática, un diccionario y una traducción de Telémaco, se puso a aprender el nuevo idioma. Declamaba Telémaco en ruso con tanto ímpetu, que por dos veces tuvo que mudarse ante las protestas de los vecinos, y llegó a contratar a un judío como oyente por cuatro francos a la semana. Pronto se convirtió en comerciante con empresa propia  y se casó.

En el 54 comenzó el estudio del sueco y el polaco y en el 56 el griego moderno, más tarde el latín y el árabe. Su habilidad para el negocio le hizo ganar dinero con la guerra de Crimea y la civil americana o con la importación de té, hasta el punto que llegó a decir, "El cielo había bendecido de modo milagroso mis empresas comerciales, de modo que a finales del año 1863 poseía una fortuna que ni mi ambición más exagerada hubiera podido soñar." y añade más adelante "Por lo tanto, me retiré del comercio para dedicarme únicamente a los estudios que más me ilusionaban."

No piense aquel lector que desconoce la vida de este hombre, que únicamente está ante el poliglota o el comerciante de éxito, su aventura, la más satisfactoria de su vida, está por comenzar y otro día veremos algo más. Si lo estimáís interesante, quedáis emplazados.

2 comentarios:

oliva dijo...

(de veras que siento mi retraso... de no haber visitado mi blog, yo habría acudido a tu casa durante estos días festivos, el puente seguro que me quedo en casa... queremos comprarnos un coche por tanto, ya te imaginas...).


La Arqueología (lo he buscado). Llegué a pensar que podría haber sido un importante poeta. Pero tal vez su reputación sea mayor, por ser un importante Descubridor.

Un abrazo.
Ex-lemaki.

Alfredo dijo...

oliva.
Este hombre fue un "suertudo" toda su vida, aunque en los retratos que hay de él, parece que padece del hígado. Supongo que has leído que en el naufragio fue el único que salvó sus pertenencias, ganó dinero a montones, halló el amor de su vida en su segunda esposa con la mitad de años que él, y por último, sin ser arqueólogo, consiguió lo que otros buscaron con afán, sin conseguirlo.
Señora ex lemaki, en cuanto me den de comer me pasaré por tu blog para tratar de averiguar a que se debe el cambio de identidad.
Salu2.