domingo, 5 de diciembre de 2010

Schliemann y su tesoro.

Si nos situamos en los días en que Schliemann vivió, podremos constatar que Homero era considerado como el cantor de un mundo antiquísimo desaparecido. Se dudaba de su existencia y sobre todo, de cuanto relataba. Para los eruditos de aquel tiempo, el relato no tenía valor histórico y se creía que pertenecía al mundo de la mitología. Para corroborar aquello que decían, se basaban en que la Ilíada comienza hablando de dioses; Apolo, Zeus, Hera o Afrodita y los convierte en personas vulnerables. Pero Schliemann creía firmemente en Homero, no dudaba de que la correa del escudo de Agamenón tenía el aspecto de una serpiente de tres cabezas, no dudaba de las descripciones de las armas, utensilios o carros de combate con todos su detalles. Imposible creer que las hazañas, odios y amores de Eneas o Aquiles, Héctor o Patroclo hubieran sido solamente invenciones sin base ni fundamento. Así que, Schliemann se dirigió al reino de los aqueos en busca de Troya.

Muchos de los hombres de ciencia parecían estar de acuerdo, en que si de verdad Troya hubiera existido, el lugar más adecuado donde buscar era en Bunarbashi ya que allí había dos fuentes y las casas tenían hasta doce nidos de cigüeña.

Homero canto XXII, versos 147 a 152;
"Allí brotan dos fuentes rumorosas de las que nacen dos riachuelos afluentes del turbulento Escamandro. La una mana siempre agua caliente, como el humo del fuego ardiente; la otra está siempre fría como el granizo, incluso en verano, y en invierno arrastra trozos de hielo."

Pero a Schliemann no le pareció el lugar adecuado; estaba a tres horas de la costa mientras que Homero decía que el castillo de Príamo no estaba lejano de ella. Tampoco, y dado lo empinado de la colina, podían haber subido por allí el caballo de madera que Ulises mandara construir en la playa. En cuanto a las fuentes no había dos, sino cuarenta; "Kirk Gios", los cuarenta ojos y todas ellas a la misma temperatura. Tampoco existía indicio alguno de ruinas. Había que buscar en otro lugar.

Sus ojos se fijaron en un pueblo llamado Hissarlik, que significa "palacio", donde Frank Calvert tenía una propiedad y donde había realizado algunas excavaciones. Una suave colina de forma rectangular, cerca de Bunarbashi, a una hora de la costa y que en tiempos más antiguos se llamó Nueva Ilión. En este lugar había estado, según Herodoto, Jerjes, que había inspeccionado los restos de la Pérgamo de Príamo y sacrificado mil terneros a Minerva. Aquí no era difícil para los aguerridos héroes dar tres vueltas a la ciudad, como Aquiles hiciera persiguiendo a Héctor.

En 1869 se casó en segundas nupcias con la griega Sofía y en el 70 comenzó las excavaciones. Halló armas, joyas, vasos... y hasta nueve ciudades construidas una sobre la otra. En la penúltima capa halló restos de una puerta gigantesca y creyó estar cerca del palacio de Príamo y de la famosa Puerta Escea. Cuando, y tras hallar gran cantidad de tesoros científicos, estaba dispuesto a abandonar el trabajo, cuando había quedado demostrado que Homero no hablaba de leyendas y mitología y de que Troya no era una fantasía, vio algo en un punto determinado, tomó a su mujer del brazo y le murmuró:
¡Oro!
Ella lo miró con asombro.
¡Pronto! manda los obreros a casa inmediatamente, diles lo que te parezca; que es mi cumpleaños, que te has acordado de pronto... y que todos tienen que celebrarlo con un día libre.

Cuando ya estaban solos, con un cuchillo comienza a sacar el tesoro con peligro de derrumbe... "pero a la vista de tantos objetos, cada uno de los cuales tenía un valor inmenso, me volvía audaz y no pensé en peligro alguno."

Su mujer tendió el pañuelo y este se fue cubriendo de diademas, brazaletes, cadenas, broches, fíbulas, zarcillos y collares.

¡El tesoro de Príamo!
Y Schliemann se sintió en la cima de su vida.

Se equivocó. El tesoro pertenecía a un soberano mil años más antiguo que Príamo. La Troya de Homero no estaba en aquella capa, sino en la sexta contando desde la más antigua.

Querido lector que hasta aquí has llegado, si has leído la Ilíada, o si viste la película Troya, te habrán resultado conocidos algunos de los nombres que aquí se dan. Pero hay algunos otros de los que posiblemente no sepas nada. Yo te recomiendo que los repases, es posible que en cada uno de ellos encuentres una nueva historia.

2 comentarios:

oliva dijo...

He leido la respuesta a mi comentario del jueves y me he reido... sin duda, era un suertudo, encontrar al amor de su vida en su segunda mujer, con la mitad de años que él, sin duda, es mucha suerte... (sigo riendome...).

"Heinrich pensaba que encontraría la ciudad de Troya en alguna pequeña colina que se encontrara un poco distante. Al cabo de poco tiempo descubrió las ruinas de nueve ciudades, cada una de ellas se encontraba construida sobre las ruinas de la anterior y un enorme tesoro".

Según he leido en tu texto su mujer le acompañó en sus descubrimientos; nos enseña una lección, hay que compartir aficiones con la pareja? ayer escuché a una escritora que ha publicado un libro sobre "El síndrome del nido vacío" que la pareja debe tener independientemente sus propias tendencias, inclinaciones y gustos para enriquecer la propia pareja... siento haberme salido de tu publicación...

Leí La Iliada hace muchos, muchos años, en el instituto apenas recuerdo nada. Por tanto, tu recomendación de repasar esta obra insigne será todo un descubrimiento (podrías contribuir con tus publicaciones? te parece? -espero que no te moleste mi petición...-).

Un abrazo.

Alfredo dijo...

oliva.
Las aficiones unen a la pareja, ¿no es cierto?. Este hombre, que mandó a un intermediario que le buscara una mujer en Grecia, le hizo unas preguntas antes de llegar al matrimonio a la que luego sería su mujer; si le gustaría salir a un largo viaje, si conocía la fecha en que el emperador Adriano visitó Atenas y si podía recitar de memoria algún pasaje de Homero. La respuesta fue "sí" a todas las preguntas. Como puedes observar coincidencia casi total, aunque hubo algo que le mosqueó bastante; Schliemann le preguntó por qué se casaría con él, ella respondió: "Porque mis padres me dijeron que usted es rico." Sinceridad absoluta.
En cuanto a subir algo de la Ilíada, te diré que aquí encima de la mesa tengo el libro y algo que no esté demasiado trillado subiré.
Salu2.