viernes, 30 de abril de 2010

Mario Moreno. Cantinflas.

Este actor cómico mexicano se hizo mundialmente célebre con el nombre de su personaje Cantinflas, al que dio vida en la mayoría de los filmes que rodó.
De orígenes humildes, se enroló en una compañía de cómicos ambulantes y recorrió todo México. Comenzó a actuar en locales de Ciudad de México en los años veinte y en 1930 era ya el cómico más famoso del país.
Rodó No te engañes corazón, a la que siguieron Así es mi tierra y Águila o sol de 1937, El signo de la muerte de 1939, consagrándose definitivamente en 1940 con Ahí está el detalle -dirigido por Juan Bustillo. Con esta película batieron récords de recaudación en las salas hispanoamericanas durante tres décadas seguidas. Luego vendrían Ni sangre ni arena, El gendarme desconocido, El bolero de Raquel, El padrecito, La vuelta al mundo en ochenta días etc.
Esto no pretende ser una biografía, es simple y llanamente el reconocimiento hacia un personaje que hacía reír a la gente, como no creo otro lo haya hecho.
Eran los tiempos en que en los cines se podían comer pipas y era entretenimiento usual. Sin embargo, con Cantinflas no lo podías hacer. Era una risa continua y contagiosa que nos hacia perder parte del dialogo.
Siempre, y hasta las últimas cintas, en las que priva más la moralina, a mí me gustarás.

Porqué se llama...Octubre



Según el calendario antiguo, se trata del octavo mes. Su nombre fue cambiado por el de Domiciano, que pasó a la historia como cruel tirano, circunstancia que provocó el que se borrara totalmente su memoria de monumentos públicos y monedas acuñadas con su efigie, así como el nombre del mes que se había auto dedicado. Con ello se recuperó el dado por Rómulo: Octubre.
Es el mes dedicado en la antigua Grecia, a las grandes fiestas de las Tesmoforias, en honor de Deméter como madre dolorosa que ha perdido a su hija Perséfone.
Antigua conmemoración del día de la hispanidad.

jueves, 29 de abril de 2010

El Caballero Negro.




Decía el otro día, y hoy tengo alguna duda, que había visto trabajar a Alan Ladd, pero tratando de buscar información acerca de la película no hallé lo que buscaba. Me explico; creo que tenía yo siete años en el verano del 51, por lo que los recuerdos son algo difusos. La peli iba de caballeros de la edad media y siempre pensé que se titulaba "la flecha negra".
Con este título se rodó una cuyos interpretes entre otros eran, Oliver Reed, Benedict Taylor y nuestro Fernando Rey, pero fue en el 85.
En la filmografía de Alan Ladd no figura ninguna flecha negra, pero si hay una del 54, "el caballero negro", que trata de un herrero metido a caballero medieval y que se ajusta bastante. Lo que no sé es si se rodaría en España. He leído que fue en Inglaterra y una de las escenas en Stonehenge.
Lo que recuerdo es que los extras eran de la policía armada, concretamente un escuadrón de caballería. Se comentaba que uno de ellos, perdió la dentadura por el pisotón de un caballo y que le habían pagado una de oro. La imagen que tengo en un rincón de la memoria, es de los alrededores de la "puerta de los gitanos" en las murallas de Ávila. Desde las almenas, unos soldados disparaban flechas a los caballeros que cabalgaban por la pequeña planicie existente en ese lado. Al frente de la tropa iba Alan sorteando aquellas flechas, que como las de los niños, tenían una ventosa en vez de punta.

Caraba.

Resulta que, al abuelo de mi mujer, le llamaban "La Caraba". Le gente le conocía por este mote, sin saber muchos que ese era el nombre que le daba a su máquina de cajón para fotos. Fue en un principio fotógrafo del minuto y el letrero estaba pintado al parecer, en la caja de madera. El oficio no lo abandonó hasta que se murió, pero ya muchos años antes había desterrado el artilugio. Sin embargo el mote se transmitió a todos los que tenían relación familiar con él.





¿Por qué le puso aquel nombre?. Quien lo sabe. Probablemente por que antes la expresión ¡es la caraba¡ se utilizaba mucho, era como decir ¡es la leche¡
Tal vez por que tenía un buen diccionario y encontró en él que la expresión "ser la caraba" significaba "ser fuera de serie o extraordinario". Así debía de considerar el abuelo Pepe la Caraba, a su máquina.


La R.A.E. nos dice que la palabra proviene del árabe clásico qarābah, parientes próximos.

Portugal. (Lisboa)



El nombre de Portugal se deriva del nombre romano de la ciudad Portus Cale; Cale era el nombre de un asentamiento griego cerca de la actual Porto y localizado en la desembocadura del Duero. Durante la Segunda Guerra Púnica (a finales del siglo III a. C.), los romanos intervinieron en la península en una batalla contra los cartagineses, conquistando la ciudad de Cale, y la bautizaron como Portus Cale. Durante la Edad Media, la región alrededor de Cale fue conocida, por los visigodos, como Portucale, que evolucionaría a Portugale durante los siglos VII y VIII.

Y de Portugal, aunque casi todo lo que conozco me gusta, nada como Lisboa:
Hoy hago mención de esta ciudad maravillosa, en la que he estado en cuatro ocasiones, para tratar de influir en quien lo vea. Ya no recordaba el encanto vivido y que se palpa en este vídeo nocturno; el barrio que fue musulmán de la Alfama (al-hamma), el Chiado, el Carmo, Rossio, Castelo, la torre de Belém... 

miércoles, 28 de abril de 2010

Porqué se llama... Septiembre.



Es el séptimo mes en la cuenta de Rómulo, de ahí su nombre de septiembre.
Es el mes dedicado a la iniciación en los poderes y la sabiduría otorgados por Deméter, rituales que van muy uinidos al culto a Dionisos, dios-vino, al que se celebra en la vendimia propia de este mes.
Homero escribe que la vendimia comporta danzas y la recitación de un "hermoso lamento" en el que se cantan los sufrimientos y la muerte del dios del racimo.

En el casino. (parte I de IV)

Todo pueblo que se precie, ha de tener su casino, y casino es nuestro edificio, aunque al estilo tradicional de los pueblos y no de ésas ciudades donde al oír esa palabra se piensa en juego, ruleta, dados...
Las dos plantas del caserón miran hacia la plaza del pueblo; Desde detrás de los arcos de los soportales la del bajo y la de arriba, desde los altos balcones. En la plaza, como es casi obligado, una fuente de cuatro caños donde las mozas, con la disculpa de llenar sus botijos, cotillean y se dejan ver al atardecer. Bajo los soportales, en la entrada, cuatro o cinco mesas de madera con sillas de tijera que sólo ven la luz en verano, aunque aquí el verano comienza en mayo y acaba en octubre. Las mesas de dentro, son, como no, de patas de hierro fundido sobre las que descansan antiguas piedras de mármol abrillantadas por bayeta, partidas de garrafina y de mús. Es lugar permitido a todos; mozas y mozos, mujeres y niños. No me he olvidado de los hombres, que se da por sentado, y si he hecho mención de los demás, es por que todos ellos tienen vedado el piso superior.
En la planta de arriba solamente entran los hombres, aunque algunos no se atreven. Sillones de cuero, mesas de castaño macizo, apliques y lámparas de bruñido metal, cuadros al óleo, esculturas en bronce, caoba, cristal y mármol... Aquí se leen los diarios de la capital o algún libro de la biblioteca, se mantienen conversaciones de negocios o profesionales, se dirige la marcha del pueblo... Es normal, es el lugar donde se reúnen el alcalde y el secretario, el médico y el boticario, el teniente y el terrateniente, el cura y el maestro, el banquero y el hostelero...

En la tarde de hoy casi todos ellos están reunidos en torno a Don Estanislao, don Tanis para los amigos, señor de muchas fincas, muchas ovejas, cabras y vacas, dueño de una quesería, de pisos en la capital y muy buenos caudales en el banco. Ha llegado de su último viaje por los confines del mundo y esperan, sin osar interrumpirle y cayéndoles la baba, que les narre las peripecias, que invariablemente, emprende año tras año durante varios meses.
-Si señores, en mis largos viajes a lo largo y ancho de este mundo, he subido montañas para muchos inaccesibles, bajado a profundos abismos, atravesado desiertos de inmensas y continuas dunas, cruzado tupidas selvas llenas de animales que estaban al acecho de una presa que bien podía ser yo, surcado las aguas de pantanos llenos de cenagales plagados de mosquitos y de arenas movedizas, en frágiles canoas a las que los yacarés no dudaban en hincarle el diente. En mi deambular, he conocido templos dedicados a todos los dioses, unos hermosos en su magnificencia y otros en su sencillez, magníficos palacios donde reinaban reyezuelos tiránicos, y humildes casas donde comprensión, equidad y amor eran las reglas más comunes. He visto en fin, las dos caras de la moneda, bondad-maldad, riqueza-miseria, honor-vileza, amor-odio, generosidad-avaricia... lo que me lleva a aseverar algo que está en la mente de todos, pero que a menudo olvidamos; que el hombre puede ser peor que una fiera para el hombre, que el habito sí hace al monje, y que lo de tanto tienes tanto vales, es cierto en casi todas las ocasiones.
-Pensaba hacer el Gran Camino o ruta de Kim, desde Lahore, en Pakistán, a Calcuta, pues hacía varios años que en Inglaterra, había conocido a un viejo y nostálgico coronel, que me encandiló con sus narraciones sobre aquel país, que recientemente habían abandonado y sobre todo, con aquella ruta. Me dijo que para aquel viaje, las prisas no contaban, por lo que pensé en un medio de transporte que se me antojaba muy romántico. Era si duda el mejor transporte para conocer detalladamente los dos mil cuatrocientos kilómetros que separaban ambas ciudades; esa especie de triciclo que allí tanto abunda y al que llaman rickshaw. Contrataría un par de estos vehículos, uno para el equipaje y otro para mi propia persona, cada cien o doscientos kilómetros, pues los conductores a los cuatro o cinco días de marcha, posiblemente quisieran volver a sus casas.
-Creía tener todo planificado, pero cuando en Madrid fui a encargar billetes, cambio de moneda y demás preparativos, me convencieron para eliminar aquel larguísimo tramo de Lahore a Delhi, ya que poco había que ver que no viera después, amén de que el transporte elegido era a ojos de todos una barbaridad y problemático el cruce de fronteras.
-A mí no me parecía entonces que hacer una media de cincuenta kilómetros diarios, más o menos, durante dos meses fuese demasiado, sin embargo acepté el consejo y hube de darles la razón. Aún perteneciendo ambos a la península indostánica, el Pakistán de religión musulmana, y la India hinduista, aún conservan resabios provenientes de la formación de ambos países, y se dice que el Pakistán Oriental desea separarse del Occidental formando una nueva república. Pero esto son sus cosas, yo estoy aquí para contarles las mías.
-Así pues, el diez de octubre del sesenta y dos partí de Madrid en avión hacia Francfort, desde donde me embarcaría rumbo a Nueva Delhi, punto de partida para aquel viaje. Hasta Alemania fui en un cuatrimotor de Iberia, pero allí me esperaba una grata sorpresa; iba a inaugurar un vuelo en un avión sin hélices, que llaman de reacción y que por cierto, es una maravilla.

-Una semana permanecí en Delhi y me parecía poco tiempo para ver todo cuanto se me ofrecía. He de hacer aquí otro inciso, pues puede que alguno piense en una ciudad, cuando en realidad son dos: Delhi, la antigua y Nueva Delhi la moderna. La antigua con maravillosas mezquitas y palacios; Visité el minarete de la mezquita más alta del mundo: "Qutb Minar" que tiene cinco pisos y que es considerada como la séptima maravilla del Indostán. En Quwwt Al-Islam, que es el primer edificio musulmán construido en la India, traté, como dice la leyenda y para conseguir un deseo, traté, digo, de rodear con mis brazos una gran columna de hierro procedente de un templo dedicado a Visnu. No lo conseguí, pues había que hacerlo de espaldas y aquel pedazo de metal con inscripciones en sánscrito y que nunca se oxida, me negó mi deseo. Visite el "Palacio Presidencial" con sus trescientas cuarenta habitaciones y rodeado de grandes y bellos jardines, el Museo Nacional de la India, que como se puede suponer contiene de todo, pintura, arqueología, antigüedades... En el Fuerte Rojo, hay varios edificios rodeados por altas murallas de arenisca roja y que en otro tiempo fueron la residencia del emperador mogol. Alguno de ellos, como la sala de la Audiencia Pública, con paredes de mármol e incrustaciones de piedras preciosas. También visité templos dedicados a Narayana o Visnú, el mercado, con sus vendedores de dulces, los de objetos de plata que allí mismo construían...

-Las vacas sagradas deambulaban en Delhi por cualquier lado sin osar ser molestadas por nadie aún a pesar de que pudieran pisar, tropezar o derribar personas, cacharros y enseres ya fuera en los mercados o en cualquiera otra parte. Cruel paradoja el que estos animales fueran tan bien considerados y tratados, cuanto que la vida de las personas, no valía tanto como ellos como podrán observar por el caso que me aconteció.
-A lo largo del Gran Camino, vi numerosos encantadores de serpientes que ofrecían su arte esperando recibir unas monedas, y aunque la mayoría de ellos sin duda, habían evadido el riesgo extirpando la gandula venenosa del ofidio, la gente lo desconocía. Elefantes ricamente enjaezados portadores de personajes importantes, rebaños de carabaos, carretas de bueyes engalanadas con flores que acudían a bodas, mujeres con vasijas de latón a la cabeza y enfundadas en multicolores saris de fino satén y bordados con hilos de oro, indígenas semidesnudos o con blancos vestidos... en fin, una abigarrada multitud llena de un colorido tal, que es difícil de imaginar a no ser que pienses en las mil y una noches.
-A ambos lados de la carretera, muchos curiosos estaban plácidamente sentados contemplando a los que por ella transitaban, sin importarles el polvo, el olor de los excrementos que los animales dejaban, ni las moscas que a ellos acudían. Sentados a la forma de los Budas, veían pasar aquella incesante procesión durante horas y horas y sus ojos retenían las imágenes en silencio, sin existir para ellos, tiempo, calor, sed o hambre.
-Estaba decidido ya a emprender la marcha, cuando el diablo me tentó para que abandonara el camino trazado, al que retornaría unos días después, y me dirigiera a Jaipur donde quería admirar el Palacio de los Vientos. En esta ocasión, y siendo mucho más corto el trayecto, quise se hiciera realidad aquella obsesión mía y contrate los dos rickshaw.
-Ya Camino de Jaipur, fui asaltado por unos bandidos, quedando malherido y tirado en la cuneta al borde de la jungla...
-Don Tanis, si me `permite un momento...
-Como guste don Anselmo...
-¡Perico!
-Diga señor cura
-Perico, haz el favor y manda recado por un chiquillo que hoy no voy a rezar el rosario, que lo lleve doña Encarnación.
-¿Y la misa?
-Tampoco, tampoco. Para las cuatro beatas de siempre y que ya fueron por la mañana, bien pueden dejarlo por una tarde. Hoy tenemos que oír a don Tanis y bien me puedo permitir un respiro... Prosiga usted por favor.
-Bueno don Anselmo, no se lo tome tan a pecho, que la narración no es para tanto.
-Usted continúe, que ya veré yo si es importante o no.
-Bien, prosigo...

-Los dos hombres que contratara en Delhi, huyeron a golpe de pedal después de haber arrojado al suelo todas mis pertenencias y no fueron capaces de hacer frente a aquella horda de salvajes que se ensañaron conmigo, por que traté de defender honor y propiedad.
-Aunque las heridas eran profundas y había perdido mucha sangre, mi miedo no era a morir de ellas, pues no habían tocado ningún órgano vital, temía mucho más a que entre el follaje apareciese una cobra, algún chacal o el tan temido tigre. Mas como en cualquier lugar de la India, aquel camino parecía el paseo de un pueblo de España después de la misa de doce. Al poco acertaron a pasar por allí gentes de muy diversa condición, haciéndolo en primer lugar un rico maharajá. Al hombre, que iba en una carroza tirada por bueyes, le precedían varios soldados armados de lanzas y azagayas y le seguía una comitiva de porteadores. Paró por unos instantes a contemplarme y juzgando posiblemente que yo era un paria de muy baja condición, pues me habían despojado de mis ropas, y que además, mis heridas parecían graves, decidió dejarme allí y alejarse a toda prisa. Una buena acción hubo a bien hacer no obstante, cual fue dejarme una vasija con agua y que agradecí de corazón, pues la fiebre comenzaba a apoderarse de mí y algo me habría de calmar.
-Más tarde, cuando ya el sentido me abandonaba, vi acercarse a alguien. El hombre de oscura tez vestía pobremente, a su espalda llevaba un mísero macuto y en su mano una larga vara sobre la que se apoyaba. Era sin duda un shudra o intocable, un descastado al que según se decía ninguna ley protegía. ¿Acaso a mí siendo europeo y no perteneciendo a ninguna de sus castas me protegió?. Paró y alivió su carga dejándola junto a mí, luego recogió varias hojas de bor o baniano con las que primero espantó las moscas que ya libaban en mis heridas y me cubrió con ellas para evitar en lo posible que los insectos volvieran. Yo agradecía que por fin alguien se compadeciese de mí y ya comenzaba a darle las gracias, cuando el hombre abrió el morral, introdujo en él la vasija que el maharajá me dejara, lo cargó al hombro nuevamente y se marchó. Poco después pasó un brahmán que me despachó con cuatro rezos y quemó un palito de sándalo, pero nada más hizo. ¿Quién lo diría?. Por fin un vaica que era llevado en unas angarillas por ocho sirvientes, se detuvo y ordenó a sus criados que me lavaran y curaran. Me depositaron con sumo cuidado en la litera y me condujo a su casa donde acabe de reponerme de aquel asalto.
-Como pueden observar, ni el rico ni el pobre, ni siquiera el sacerdote, fueron capaces de hacer algo positivo por aquel que agonizaba. El rico temió ser presa de los ladrones como yo lo había sido y huyó a todo correr escondido entre las espadas de sus hombres. El pobre hizo lo que pudo; me espanto las moscas y cobró por ello con lo único que tenía, el brahmán rezó, más, si hubiese sido vaca, tal vez hubiera curado mis heridas. Solo un hombre de mediana posición, que profesaba la religión budista, un agricultor temeroso de su dios, logró con su caridad que hoy pueda yo comentar aquel mal trance por el que pasé.

-Gracias a Dios que ese hombre, aún siendo ateo, tuvo misericordia de usted.
-Ateo para lo que nosotros entendemos, don Anselmo. La filosofía de su religión, se basa en cuatro verdades primordiales:
"La verdad del dolor, porque todo en la vida es dolor nacido del ansia de querer".
"La verdad del sufrimiento por el dolor, ya que solamente dominando los deseos, se domina el dolor".
" La verdad de la supresión del dolor, la cual es imposible de lograr si no es con la muerte."
"La verdad del camino de santidad, que solo se halla por la práctica de la piedad y la meditación del destino".
- Para Buda, la ignorancia de esas cuatro verdades es la raíz de todos los males.
-¡Parece que ha calado en usted esa religión budista!
-Siendo el budismo muy importante, no deja de ser una religión minoritaria, y es el hinduismo la religión mas seguida en el continente. No cabe duda de que todas las religiones tienen algo de positivo, y el príncipe Sidharta, Gautama, Buda o el Iluminado, pasó seis años de privaciones y aislamiento hasta conseguir que "el corazón libre matara todos los deseos". También Jesús ayunó cuarenta días...
El maestro vio que aquella conversación derivaba a polémica religiosa y se apresuró a cambiar el rumbo.
-Don Tanis ¿y las mujeres, son tan bellas como dicen?
-Parece mentira para usted don Roberto, que siendo maestro desconozca la multitud de razas que hay en la India. ¿O quería preguntarme otra cosa y no se atreve por que está aquí el cura?
-Por dios don Tanis...
-No, no, es que he leído que son tan estilizadas, con ese hermoso pelo negrísimo... el color aceitunado...
-El cura ya se va. Me espera la misa, y si hubiera algo de escabroso... ya me lo contarán... en el confesionario.
Mientras el cura salía, don Tanis prosiguió volviendo el rostro hacia las espaldas de don Alfonso, a la par que levantaba la voz para que oyera bien.
-De todo hay, como diría don Alfonso, en la viña del señor, pero ha de saber que en mis viajes procuro ser lo más asceta posible y que no me fijo mucho en las esculturas carnales... Y ya en tono normal... sin embargo le diré que, las de raza aria, que no estén demasiado mezcladas, son para mí de las más bellas y sus torneadas figuras son de un sensual... aunque para gustos hay colores. Lo más triste es que la mujer sigue teniendo en muchos lugares el valor de una propiedad, que muchas niñas aún hoy, son muertas nada más nacer y que es cierto lo de la inmolación por el fuego de algunas esposas.
-Ya que hemos hecho este inciso, propongo e invito a llenar nuestros vasos.
-Usted paga don Servando, sea pues.
-¡Pericoo!
-¡Va!
-Llena las copas por favor.
-¿Puede proseguir con el viaje, don Tanis?
-Como no.

-Como el resultado que me habían dado las bicicletas fue malo, opté por alquilar un coche con conductor en Delhi. Me fui a una agencia y por dos rupias diarias me alquilaron un Crisler descapotable de color blanco, con un chofer de luenga barba y bigote, vestido de pantalón corto y guerrera y tocado de turbante rojo. La gasolina costaba a tres rupias por litro y además había de pagar un suplemento de nocturnidad. De todas formas era muy barato.

-Iniciamos el camino hacia Agra distante unos doscientos kilómetros y que esta situada en la orilla derecha del río Yamuna. La carretera, como de costumbre, era un continuo trajín. De vez en cuando el conductor tenía que bajarse a apartar algún animal, sortear camellos, carretas o personas y me hacía señas para que tuviese calma y paciencia, cosa que ya había asimilado en los primeros días de mi estancia allí. Topamos con una larga fila de elefantes profusamente engalanados a los que no había modo de adelantar y para mas inri, uno de ellos se sentó sobre el coche pese al viraje de mi chofer. La cosa se saldó con una abolladura en la aleta delantera derecha de modo que quedó incrustada entre el eje de la rueda. Las discusiones comenzaron al punto entre ambos conductores, el del elefante y el del coche. Parecía que no llegarían a ponerse de acuerdo, hasta que enterado de lo que sucedía el maharajá Shah Jahata, amo y señor de aquella procesión de proboscidios, determinó que fueran pedidas disculpas al extranjero, que se remolcase el auto y que se me invitase a subir a su elefante.

Tan alto honor fue aceptado por mi parte, no sin pensar que hubiese sucedido si en vez de coche me desplazara en bicicleta. Aquella fue la primera vez en que monté en elefante, pero no fue la última ya que el maharajá, me invitó unos días a su palacio. Allí jugué al polo, muy mal por cierto, no le di mas de dos veces a la bola, y fui a la cacería del tigre, lógicamente en elefante. Pero eso se queda para otro día.
-Don Tanis, hace usted igual que la mora, nos enzarza día tras día como en las mil y una noches. -Ella tenía razón como se vio en el cuento, y es que un poco está bien, pero mucho, a m-as de que puede ser cansado, resultara sin duda pretencioso.

En el casino. (parte II de IV)

Al día siguiente, a la hora del café, ya esperaban a don Tanis todos los contertulios del día anterior y algunos más, pues el boca a oreja funcionaba como en casi todos los pueblos: Sin falta de pregonero.

¿Dónde habíamos quedado ayer? Preguntó don Tanis haciéndose el olvidadizo...
-En casa del maharajá, don Tanis.
-Ah sí. Pero lo de casa es un decir. Aquello era un palacio donde solo las cuadras de los animales ocupaban más que este pueblo. El edificio para los caballos mediría casi cien metros, todo pintado de blanco donde resaltaban los rojos ladrillos de columnas y portería. Dentro habría no menos de cincuenta caballos; árabes puros, anglo-árabes e hispano-árabes y todos estaban en los libros de registro genealógico de caballos. Cada uno tenía su silla de montar a la puerta del habitáculo y un criado para cada cuatro caballos que dormía allí mismo. Unos los utilizaba para jugar al polo y otros para las carreras.
-¿Pero don Tanis, es que allí hay carreras de caballos?
-Mi querido amigo, el maharajá tiene muchos gastos y los caballos son uno de sus importantes negocios, por eso cuida a sus equinos mejor que a sus criados; la mayoría de ellos nunca han visto un avión, mientras que sus pura sangre, han viajado a los derbis de Epsom Downs en Inglaterra, al de Kentucky, en Churchill Downs de Louisville en Estados Unidos, por decir los mas destacados. Usted sabe que los sementales campeones son de gran valor para sus propietarios, no sólo por las ganancias conseguidas en las carreras, sino también porque otros propietarios de caballos y criadores pagan sumas considerables por el privilegio de cubrir sus yeguas con esos sementales...
-Si, lo que hace aquí el ejercito, pero sin cobrar tanto.
-Efectivamente don Servando.
-Continúe don Tanis, por favor...
-Prosigo pues, diciendo de paso, que los elefantes los dedica al arrastre de madera en la jungla, lo que le produce pingües beneficios, y también posee varios tigres. Estos magníficos animales también aportan dividendos como luego verán. Tiene aquel palacio sesenta habitaciones principales, amén de comedores, y otras salas menores destinadas a juegos de mesa, lectura o charla. El salón de baile esta presidido por una imponente figura en bronce de Siva en su forma Nataraja o dios de la danza. En una mano lleva una llama y en la otra un tambor y está rodeado por un circulo de fuego...

-Ídolos, y además en un salón de baile.
-... su pie se apoya sobre el demonio de la ignorancia, don Anselmo.
-¿Me está llamando usted ignorante, don Tanis?
-Ni se me ocurriría don Anselmo, sólo he terminado la frase que usted interrumpió.


-Parece tan grande como el Escorial, ¿verdad don Tanis?- dijo don Roberto tratando de quitar hierro nuevamente al asunto.
-Algo mayor, don Roberto, algo mayor.
-¡Jolin! Pero continúe por favor.
-Al parecer siempre tenía multitud de invitados a los que hacía participar bien en los juegos o en las cacerías. Y a una de estas fui invitado como ya dije anteriormente. Me vestí para la ocasión, he de decir que en mis habitaciones había desde un traje de esmoquin a un kimono japonés, todo ello de mi talla y a estrenar.
-¿Es que tenía para sí solo varias habitaciones?
-Sí, don Roberto. El maharajá dispuso para mí, como supongo que para los demás invitados, una habitación en la que nada faltaba. En la antecámara los muebles eran de roble estilo imperio inglés, y aunque no sé si para fastidiar, habían colocado un busto de Napoleón. Unos estantes con libros, reloj, y oleos de galeones en batalla. En la habitación propiamente dicha, la cama era redonda y enorme, las sabanas de seda, los motivos ornamentales eran los típicos del país; la flor del loto, el nenúfar y la datura como símbolo de la vida, la creación y la muerte. Un contraste demasiado pronunciado, pero que no desentonaba. Podíamos decir que la antecámara era más intelectual, propia para leer o escribir y el dormitorio más sensual. Aquí, decorando las paredes, había miniaturas de Apsara y Gandharva que son...

-Un momento don Tanis, espere a que me vaya, hoy voy yo a rezar el rosario porque ya intuyo que usted se va a meter en un terreno algo escabroso.
-No diga eso don Anselmo, estamos hablando de decoración...
-Por eso, por eso. Algo he leído sobre el tema de la decoración hindú, buenas tardes.
-Buenas tardes tenga usted, don Anselmo.
-Esta algo picajoso hoy, ¿no?
-Así estaremos más tranquilos, ¿verdad don Tanis?
-Don Roberto, a lo que les estoy contando puede asistir el cura con toda tranquilidad; Nada hay del otro mundo y no comprendo el porqué de su prevención.
-Pues para andar con suspicacias, mejor esta en la iglesia. ¿Prosigue, por favor?-pidió don Servando.
-Decía que Apsara, en la mitología hindú, es una ninfa celestial de gran belleza, que aparece representada a menudo como una música o danzarina. Las Apsaras suelen estar acompañadas de los Gandharvas y que son sus consortes celestes, espíritus capaces de poseer a mujeres mortales. Bueno, el caso es que, volviendo al principio, les diré que en la sala de armas, el maharajá me presentó a mi compañera de cacería. Era ella una mujer pelirroja, como de treinta y algunos años, galesa de nacimiento y bisnieta de un terrateniente que había pertenecido a la Compañía de las Indias Orientales. Su carácter era abierto y se la veía con mucho mundo. Sabía de armas y ella misma eligió la carabina que yo debía portar, entendiendo que era lego en la materia. Debió de creer falta de conocimiento por que yo me quedé boquiabierto al contemplar el armero. Y es que no era para menos; una compañía de nuestro ejercito se podía abastecer allí, y todos los fusiles eran de gran calidad.
-Los elefantes estaban dispuestos. Nos dirigimos al que nos indicaron y que al parecer se llamaba Jahim, o al menos eso parecía decir su conductor. A diferencia de otros que llevaban una a cada costado, a Jahim le habían colocado sobre la espalda una gran cesta de mimbre a la que subimos. Un faldón rojo orillado de flecos amarillos bordeaba el contorno de la cesta, y del mismo color era el dosel que nos habría de proteger del sol. A un toque de silbato, todos los proboscidios comenzaron a andar en fila india, nunca mejor dicho, por un camino de tierra y a continuación por una vereda que acabó perdiéndose entre la alta hierba. El río Yamuna o Jumna es ancho y caudaloso, discurría a nuestra derecha, un poco mas allá de los arrozales. Numerosas mujeres trabajaban en la plantación de arroz y la estampa era de un colorido extraordinario; Un campo verde, con espigas de dos palmos y multitud de colores, todas las variedades del rojo, del azul y del amarillo en las vestimentas de aquellas mujeres. Ellas se levantaron al ver la procesión y saludaron con la mano. En la distancia resaltaban sus blancos dientes en las oscuras caras brillantes de sudor. Algunos hombres araban mas allá ayudados por búfalos y otros se afanaban en la limpieza de un canal, pareciendo todo lleno de vida y armonía. A nuestra izquierda, los árboles escasos al principio, se iban espesando al igual que el follaje y todo parecía indicar que nos adentrábamos en la jungla. Los que trabajaban los campos habían desaparecido y con ellos el sonido de sus risas y cantos. Ahora se oían las llamadas de las distintas aves y el aullar de algún pequeño simio. Mery Saunders con gran sensibilidad, me hacía notar estas cosas. Es cierto que hablaba mucho, pero su charla era amena y de gran conocimiento. En su tierra tiene vacas y ovejas en abundancia, por lo que no me fue difícil congeniar con ella. De la India posee un basto conocimiento, pues pasa grandes temporadas y allí vivió con su padre y abuelo. Jahata y ella son amigos desde siempre. Ya sus bisabuelos lo eran, pues, durante la rebelión de los cipayos, se salvaron la vida el uno al otro. Desde entonces sus descendientes se tratan como hermanos y estos dos, se ven a menudo en Inglaterra donde ella le busca compradores para sus potros.
-Los cipayos, ¿no eran los soldados indígenas de los británicos?
-Efectivamente, don Rosendo.
-Y, ¿sabe usted por que se rebelaron?- preguntó de nuevo.
-¿Puedo explicarlo yo, don Tanis?
-Sin duda usted lo hará mejor que yo don Roberto. No estoy seguro de contestar acertadamente a eso.
-Bien. Perdonen si me extiendo un poco, no quisiera que me considerasen un Marisabidilla, pero es que he estado estudiando el tema...
-Los cipayos vieron cómo el gobierno británico dejó de respetar sus tradiciones religiosas y de casta. Se sintieron ofendidos por los cambios sociales que introducían, por las labores de los misioneros cristianos y por que los obligaban a participar en guerras ajenas a la India. El malestar aumentó, rebelándose, cuando la Compañía de las Indias Orientales empezó a distribuir unos fusiles más modernos: Para cargar estos fusiles, los cipayos tenían que morder las puntas de los cartuchos que estaban engrasados. Los rumores de que los cartuchos estaban engrasados con grasa de vaca y cerdo enfureció a los hindúes, para quienes la vaca es un animal sagrado, y a los musulmanes, para los cuales el cerdo es un animal impuro. Los soldados, que habían sido encadenados por negarse a utilizar los nuevos cartuchos, fueron liberados por sus compañeros. Los amotinados mataron a un gran número de oficiales y con la ayuda de la guarnición de Delhi, la capturaron. Fue entonces cuando se sublevaron otros regimientos, tomando la ciudad de Cawnpore y sitiando la de Lucknow. Las represalias británicas y los motines fueron igual de violentos; Los amotinados asesinaban a sus superiores, mujeres y niños, y los británicos disparaban con cañones a los amotinados capturados. Los cipayos superaban en número a los soldados británicos y la rebelión no tardó en extenderse hacia el norte y el centro de la India, logrando el apoyo popular. Luego, las tropas británicas reconquistaron Cawnpore y Delhi y finalizaron con el asedio de Lucknow. La principal consecuencia de la rebelión fue la abolición de la Compañía de las Indias Orientales y la transmisión de la administración de la India a la Corona británica. A largo plazo, se consiguió respeto para las creencias y costumbres de los indígenas por parte de los dirigentes británicos y un sentimiento nacionalista indio.
-De libro, don Ramón, de libro.
-Muchas gracias, don Servando.
-Ya le dije que yo no lo haría mejor. Desconocía el asunto de los cartuchos engrasados, ya ve.
-Gracias don Tanis. Siga usted si quiere, por favor.
-Tras casi una hora de camino, llegamos a un lugar donde unos cincuenta hombres esperaban. Los conductores pararon los elefantes formando un circulo con las cabezas hacia el centro y el que parecía el jefe de los de a pie, después de muchas reverencias, comenzó a hablar con Jahata. Después el Maharajá nos explicó en que consistía la cacería y como debíamos de actuar. Aquellos hombres eran, al igual que aquí se hace, los ojeadores. Portaban varas de bambú, panderos, campanillas y cualquiera otra cosa susceptible de armar ruido. Formaron una larga fila y comenzaron a caminar haciendo sonar sus instrumentos y dando golpes a las plantas, con el objeto de que los animales escondidos huyeran hacia un sitio determinado. Los elefantes se colocaron tras ellos, a sus espaldas, de modo que si alguna fiera se revolviera, los cazadores pudieran desde su altura, disparar salvaguardando la vida de los de a pie. Al principio, yo iba tenso, las manos aferrando la carabina y dispuesto a soltar plomo al menor atisbo de peligro, hasta que dándose cuenta de ello, Mery, me aconsejó que me relajase. Los nudillos, que se me habían quedado blancos, tornaron a su color natural, mientras ella, sin despistarse un ápice, me hacía ver las flores de los magnolios o los rojos frutos de los banianos.
-¿Sabes como germinan los banianos? Me preguntó.
-Pues sinceramente no lo sé, supongo que como los demás árboles.
-No, que va. Es un poco más complicado. Las semillas no germinan casi nunca en el suelo, sino en la copa de las palmeras, donde las depositan las aves; desde allí emiten raíces que rodean y acaban por matar a la palmera. ¿Qué te parece?.
-No lo sabía, pero me parece triste que un árbol de tanta prestancia como la palmera, tenga que morir para dar la vida a un congénere.
-No te entristezcas, estas palmeras crecen más rápido y cada una puede dar vida a varios banianos, pues las raíces que caen a tierra, se transforman en troncos.
-Al poco ella llamó mi atención diciendo:
-Prepara tu arma y abre bien los ojos, estamos llegando al desenlace de algo que verás muy pocas veces.
-Casi habíamos atravesado el bosque, como pude observar mas tarde, y ahora parecía que los rugidos que de vez en cuando oía camuflados entre la algarabía de los ojeadores, eran más nítidos. De repente, música y voces cesaron. Los hombres que iban delante corrieron hacia la grupa de los elefantes escondiéndose, pero tratando de observar lo que iba a acontecer. Los árboles dieron paso a una tupida y alta hierba que casi llegaba al pecho de los hombres. Los tigres, pues parecían dos, dudaban indecisos hacia donde ir. Atrás, un semicírculo de elefantes que les había venido persiguiendo, adelante, un olor a humano que parecía cerrar el circulo. Los elefantes empujaban. El circulo se cerraba. Nosotros, desde tres metros de altura, veíamos como la hierba se movía cual si una boa reptara. En alguna ocasión pude ver la cabeza del gran gato que ahora rugía desaforadamente. Cuando ya la distancia era mínima, eligieron el camino más fácil; hacia delante y a todo correr. Pero allí, ante otro grupo de hombres que a pie firme les esperaba, había unas redes en las que los tigres se fueron a enredar, cual cogen aquí a las palomas cuando atraviesan los Pirineos. Metieron a las fieras en jaulas de barrotes de hierro no sin esfuerzo y los escopeteros, que ni un solo tiro habíamos disparado, descargamos nuestras armas al cielo en señal de regocijo.
-Don Tanis, no parece que sea muy peligroso.
-Es que usted no ha visto de cerca las uñas y los colmillos de los gatitos, don Servando.
-¿Y, no se hizo una foto, don Tanis?
-El merito no fue mío, don Roberto. Yo me limite a disfrutar viajando en elefante en compañía de una bella dama, a comer en plena naturaleza los manjares que nos ofrecieron y trabar amistad con alguno de los invitados.
-No me diga que no se hizo una foto.
-Si, la hicimos. Y mañana se la enseñare. Es la foto de todo el grupo, tigres incluidos, delante del palacio. Los tigres van a viajar en breve a dos zoológicos, uno de Europa y el otro de América que ya han abonado un adelanto de su precio. Ahora y para no cansarles mas, voy con su permiso a releer la prensa de Madrid.
-Cuéntenos algo mas don Tanis, los periódicos siempre dicen lo mismo y si ya los leyó por la mañana...
-No se haga de rogar don Tanis, mire como estamos todos con la boca abierta.
-Está bien, seré condescendiente pero un ratito nada más.
-Aquella tarde, Ravi Shankar dio un concierto de sitar y la gente con el diablillo de la música dentro, comenzó a bailar. Fueron solo unas cuantas piezas antes de la cena, pero suficiente para que Mery se cogiera a mí, bastante patán por cierto, y no me dejara. Podría explicarles que fue lo que comimos, pero no sabría decirles de qué estaba compuesto. Respecto de las danzas de Bharatanatya, Kathak y Manipuri que contemplamos, puedo decirles lo mismo, los pasos de baile de los danzantes son difíciles de comprender. Unos tienen que ver con las artes marciales, otros tienen su origen en cuentos tradicionales y los mas son temas sobre leyendas referentes a Krishna. Al final, a mí me dolían las articulaciones sólo de ver como aquellas muchachas giraban cabeza, manos o piernas. Tanto movimiento de cejas, ojos y cuello me hicieron decidirme por la retirada cautelosa hacia mis aposentos.
-Cuando el vaica Rukmini Gore me tuvo hospedado curándome de mis heridas, me puse en contacto con la central de mi banco en Madrid que me envió dinero. Aunque es difícil la comunicación desde tan lejos, uno tiene amigos y todo se hace más fácil. Digo esto por que ya llevaba allí cinco días, mi coche estaba reparado y yo podía continuar viaje. El problema era como agradecer al maharajá su hospitalidad, y ahí es donde entran los amigos. Un amigo, de un amigo, de un amigo, que era cónsul de España en Nueva Delhi, me proporcionó lo que estaba buscando. Se trataba de dos preciosas escopetas de caza que habían quedado en la legación, pues el personaje a quien iban destinadas como agradecimiento de favores, había muerto antes de recibir el regalo. Envié al chofer a por ellas y cuando estuvieron en mis manos, casi me arrepiento de regalarlas. Ligeras, equilibradas, gatillos suaves, los cañones paralelos pavonados y de un tacto finísimo. El repujado era soberbio; dos faisanes mirándose frente a frente por cada uno de los lados y con incrustaciones en oro. Era un trabajo digno de la mejor armería vasca como así lo atestiguaba su firma.
-Al día siguiente partía para una nueva singladura que diría el marino, y que esta vez me llevaría hasta Allahabad, donde el Yamuna confluye con el Ganges, lugar importante de peregrinación para los hindúes. Pero eso, si no les importa, será para otro día.

Cuando don Tanis se separó del grupo para leer la prensa, don Roberto, el maestro, lo siguió. Se sentó frente a él que lo miraba hacer como diciendo ¿qué querrá este ahora?. Pronto lo supo y no tuvo mas remedio que sonreír aunque para sus adentros. Otra cosa le hubiera sentado fatal al maestro.
-Don Tanis, perdone que le aborde de nuevo, pero es que ardo en deseos de preguntarle algo y he supuesto que sólo a mí me lo dirá. Ya sé que puedo parecer pretencioso e incluso importón, pero usted me conoce de sobra y yo sé del afecto que me tiene.
-Que me quiere preguntar.
-Usted siempre ha dicho que se morirá soltero, es del dominio público, pero, ¿no se enamoró de Mery o ella de usted?
-¿Me permite que le haga yo una pregunta?. Bien, ¿cómo es que siempre pensando en el amor y en las mujeres, permanece soltero?. Déjelo, es igual. Le voy a responder. El amor es algo maravilloso que cuando llega hay que apurar hasta la última consecuencia. El amor pasa muchas veces ante nosotros y no lo debe confundir con el cariño. El cariño permanece mientras que el amor viene y va. Yo tengo ya cincuenta y tres años, ¿cuántos tiene usted, treinta y cinco?. Es hora de que se busque un amor, que pasado este, le quede mucho cariño y así será feliz el resto de sus días. Yo ya me he vuelto muy cómodo, nadie aguantaría mis manías. Pero como esto no es lo que quería saber, le contare algo para nosotros dos. Si algún día llegara a casarme, lo haría con Mery. Por eso, y aunque así no fuera, no quiero que nadie le falte al respeto y nadie, solo usted sabrá lo que paso entre nosotros.
-Durante el baile de la cacería, Mery muy junto a mí me dijo al oído: "eres tímido Tanis y nunca me vas a decir nada de lo que yo quiero oír". Quede tan sorprendido, que el vals se me aturulló mas de lo debido y casi la piso. Fue solo un momento, pues a continuación vino lo peor... "quieres casarte conmigo". Estaba sin resuello y asiéndola por la muñeca, la lleve fuera. Hacía calor, las estrellas brillaban a docenas en la noche azul. Nos sentamos en un balancín de mimbre y quise hablar pero ella, poniendo sus dedos sobre mis labios dijo: "calla y escucha. Me doy perfecta cuenta de que nuestros mundos son diferentes, que a ti te costaría mucho adaptarte al mío y a mí al tuyo. No te pido tal cosa, ni quiero que me lo pidas. Pero podemos estar casados, pasar juntos unos días en España, otros en Inglaterra o donde quiera que estemos y tengamos necesidad el uno del otro. ¿Qué te parece?
-No comprendo bien tu proposición. ¿Es que necesitas estar casada?.
-Tanis, no quiero ser la querida de alguien, no me ofendas.
-Perdona Mery, no lo he dicho con esa intención, quise decir que si hay algún motivo...
-El único motivo que tengo es que quiero ser tu mujer. Presumir de ti aunque este cada uno en un rincón diferente del mundo. Quiero correr a tu lado cuando tenga ansia de ti y que a todo el mundo le parezca normal. No me preocupan los chismes y me importaría un pimiento lo que dijeran si fuera tu amante, pero no es eso lo que deseo. El vinculo, fíjate que estupidez, me haría creer que aún estando lejos eres mío y yo soy tuya, sin él, no te tengo, te veo como algo que pudo ser y no fue.
-Don Tanis, esa mujer está enamorada y si yo tuviera la suerte que usted tiene, no lo pensaría.
-Que clara se ve la vida de los demás, cuando somos ciegos para la propia. Pregunte a la hija del boticario porque está usted ciego.

En el casino. (parte III de IV)

Otro día ha pasado y es nuevamente la hora del café. Algunos de los contertulios han dormido la siesta y no les preocupa mucho lo que don Tanis pueda contar, pero otros como don Ramón o don Servando, ya llevan tomados sendos cafés y paladean ahora una copita mientras hacen tiempo. Don Servando moja la punta de un cigarro puro en la copa de coñac y a continuación lo enciende por el lado contrario. Es una costumbre que el maestro ya conoce de hace tiempo. Ahora, el orondo secretario del ayuntamiento, introducirá un palillo al cigarro buscando mejor tiro y dirá como siempre... "estos Montecristos hay veces que salen muy buenos y otras muy malos". El maestro, que no tiene ese hábito, como siempre, le recriminará el acto y tratará de hacerle ver lo perjudicial que puede resultar para su salud. Casi todos los días son iguales al anterior, se hacen y dicen parecidas cosas y por eso esperan a don Tanis con impaciencia. Él les trae algo nuevo de sus viajes y que viven como propios; Don Ramón, el maestro, porque desde que llegó al pueblo hace mas de diez años, no ha salido de él y solo cuando acabó la carrera, hizo un viaje de fin de curso al Escorial. Tampoco antes había salido de la ciudad que está a ochenta kilómetros. Don Servando si que ha viajado bastante. Como funcionario del estado, ha trabajado en varios pueblos y ciudades importantes, pero ahora, próximo a la jubilación, ha querido venir al pueblo donde nació. No echa de menos el bullicio, todo lo contrario, lo que añora es el conocer esos lugares que el ricacho de don Tanis conoce. Su sana envidia, por algo para lo que no tiene medios y no puede realizar, le lleva a escuchar, a imaginar y a sentir como propio.
Don Tanis ha llegado y se dispone a continuar el relato del resto de su viaje. No lo hace por presunción, por hacer de menos a los demás o por que vean lo listo, o inteligente que es y cuantas cosas sabe. Los viajes que realiza y que siempre narra en aquel círculo, los hace a veces por negocios, pero casi siempre para su plena satisfacción y si da buena cuenta de ellos, es para tratar de influir sobre los demás, para que la sed de aprender, de saber, de conocer, prenda en ellos. Para que quizá un día, con ese conocimiento, todos seamos más comprensivos, mas humanos.


-Mucho eché de menos las explicaciones de aquella mujer- comenzó don Tanis- pero estaba acostumbrado a andar solo por el mundo y tampoco había sido tanto el tiempo que pase con ella, como para llegar a acostumbrarme. Proseguí mi camino pues con mi fiel chofer. Ye he dicho, aunque ni falta hacía, que la India es un enjambre humano formado por gran número de pueblos y de razas. Lo peor que tienen a mi corto entender, es el sistema cerrado de castas, de tribus o de familias. Las castas parece que están predestinadas a desaparecer, dios lo quiera, pues en un mundo donde todo ser humano ha de ser, si no igual, si semejante y con las mismas oportunidades, no tienen cabida. Hoy por hoy, y aunque parece que el gobierno quiere que desaparezca esa clasificación de las personas, aún existen, como aún existe el "sati".
-¿Y que es eso?
-Simple y llanamente es la inmolación de las esposas en la pira funeraria de sus maridos.
-¿En serio don Tanis?. Quiero decir que si es cierto que esa costumbre aún perdura.


-Y tan en serio; lo ves a poco que te fijes, si haces el Gran Camino, ya les contaré.
-Una riada humana iba camino de Allahabad, que está situada en la confluencia de los ríos Yamuna y Ganges y es una de las ciudades más antiguas, estando considerada como santa en la India. Cada año atrae a miles de peregrinos hindúes y es el lugar donde en el año mil novecientos cuarenta y ocho, fueron esparcidas las cenizas de Mahatma Gandhi.
-Dejamos el equipaje en el hotel y quise ir a conocer la ciudad, sabía que uno de los monumentos sobresalientes es una columna de piedra que data de los tiempos del rey indio Asoka. Este rey fue conocido como Asoka el Grande por su benévolo gobierno y por convertir al budismo en la religión oficial de su imperio. También existe un fuerte militar y las ruinas de un palacio que mandó construir el emperador mogol Akbar y el templo Jama Masjid, conocido también como la Gran Mezquita.
-La verdad es que ya estaba un poco cansado de ver templos y palacios, y, aunque no es verdad aquello que se suele decir "visto uno, visto un ciento", a mí me interesaba mas la gente, sus costumbres, sus ritos...
-Comuniqué mi pretensión a mi chofer por ver si me sugería algo y éste me miró extrañado.
-¿Que sabe usted de mí?- preguntó.
-¿A que te refieres?; oficio, edad, religión, vida particular, signo político... pregunté yo a mi vez, también extrañado...
-Me dice usted que desea conocer las costumbres del pueblo, sin embargo, no dice que pueblo. El mío es el Sij, ¿conoce algo de él?. Llevo con usted tres semanas y sólo ha visto en mí a alguien pintoresco, con una forma de hacer o de vestir distinta a otros, pero por su cabeza no ha pasado la idea de que yo fuera algo de lo que anda buscando.
-Verdaderamente tenía razón; todo aquél tiempo y que poco sabía sobre su persona. Por tanto, le rogué que me hablara de él y de su pueblo.
-Nosotros los sij -comenzó- admiramos mucho la lealtad y la justicia, no fumamos ni ingerimos productos que puedan causar intoxicación a nuestro cuerpo, como habrá podido observar. El sijismo reniega del sistema de castas hindú, del sacerdocio, de la adoración de las imágenes y de las peregrinaciones. La religión sij pone especial énfasis en la unidad, la verdad y la capacidad creativa de un dios personal. La unión con este dios se realiza a través de la meditación, del pensar y del sometimiento a su voluntad y nos esforzamos en un servicio activo al prójimo, y no hacia el retiro ascético como el hindú.
-Me miraba desde su seriedad, y yo, que estaba en camiseta, me sentía un tanto ridículo.
-Como sij, debo leer libro central de la devoción, el Adi Grant, que es el primer volumen del Gurú Grant Sahib, en el Templo Dorado de Amritsar, y que fue fundado por el cuarto gurú, Ram Das. Este libro sagrado merece todo nuestro respeto y admiración y cualquier lugar en que se encuentre, se convierte en Gurdwara. Toda persona que esté en presencia del Grant Sahib debe descalzarse, cubrirse la cabeza y ofrecer obediencia al libro. Cuando está abierto, es tratado como una persona real y los contenidos de sus páginas son para nosotros mandamientos.
-Para elegir el nombre de los hijos recién nacidos, se abre el libro por una página al azar y se mira la primera letra de la primera palabra. El nombre del niño deberá comenzar con la misma letra.
-De un varón sij se espera que se una a la hermandad religiosa y militar Kalsa; puro. Los iniciados son bautizados dándoles a beber agua dulce revuelta con una daga, y toman el apellido Singh; león. Debemos respetar las reglas de las cinco K: no cortarse la barba ni el pelo; kes. Usar los pantalones cortos de los soldados; kacch.Un brazalete de hierro para protegerse del demonio; kara. Una daga de acero; kanda y una peineta; kanga. Esto es a grandes rasgos parte de la filosofía de nuestra religión y de nuestras costumbres.
-¿Acaso perteneces tú a la hermandad?
-Los tiempos que corren son malos.
-Con eso no me contestas abiertamente, pero intuyo que sí; respetas las reglas, pues aunque tratas de ocultarlo, a la vista está tu barba y tu vestimenta. El kacch lo llevas en el brazo izquierdo, bajo la guerrera, y la kara a la espalda, en la cintura. Contéstame a una pregunta, ¿cómo es que vistiendo como militar, tu no lo eres?.
-Los sij nos hemos distinguido como soldados y policías, pero con la independencia, nuestro estado fue dividido entre India y Pakistán, y eso ha cambiado las cosas. Ahora yo soy conductor en India porque mi puesto lo ocupó un musulmán en Paquistan.
-Sin haber salido de mi asombro, tanto por lo que dijo, como por la forma de decirlo, le aseguré que lo sentía y que esperaba que vinieran tiempos mejores. No quería meterme en lo que parecía política de religiones y fronteras y que intuyo cosa mala.
-Mandé a Singh que fuese a ver si había algún acontecimiento, boda, funeral o acto público de interés mientras me daba un baño en el hotel. Quiso la casualidad que no lejos de allí, en una aldea de Mirzapur, se fuese a celebrar una ceremonia funeraria a la que a su juicio debía de asistir. Me extrañó un tanto, pues ceremonias funerarias, seguro, seguro, que a menos de cincuenta metros, en el río, podíamos ver varias a la vez si quisiéramos. Me calle no obstante, algo diferente debía de haber, para que a él le llamase la atención.
-La noche se nos estaba echando encima, a mí me parecía una mala hora para celebrar un funeral, y ya temía que el informador de Singh, fuera un bandido que nos quisiera jugar una mala pasada. Antes de llegar al pueblo, del que apenas pude apreciar las sombras de unas casas, vimos una procesión precedida por un hombre que llevaba una antorcha. El camino hacia el río estaba también jalonado de antorchas, siendo estas más numerosas en el lugar previsto para la cremación. El féretro fue depositado sobre unos troncos, comenzando a pasear el cortejo alrededor del túmulo. Yo veía el rito con atención, y trataba de no perder detalle de cuanto acontecía. A pesar de estar un poco alejados, nuestra posición era mas elevada que la del resto, pero no podía saber si el cadáver era de varón o de mujer. El chofer me sacó de dudas, pues tirando de mi manga me señaló con la cabeza a una mujer que podría ser la viuda. Momentos después se dio fuego a la pira. Las llamas prendieron rápidamente en los troncos y más aún en las vestimentas de seda del féretro. El calor hizo que la gente se fuera retirando a medida que la madera ardía y se hacía brasa. Fue entonces, cuando mayor temperatura se percibía, la mujer, a la que los parientes abrazaban, se desprendió de ellos y fue a arrojarse a la pira. El rito del Sati -mujer virtuosa- que fuera abolido por los ingleses en mil novecientos veintinueve, se celebraba allí infringiendo la prohibición.
-¿Y era joven aquella mujer, don Tanis?- preguntó don Roberto.
-¿Acaso importa ante tamaña crueldad?- preguntó el secretario a modo de sentencia.
-Si ese era su deseo y esa su costumbre... -añadió el boticario que dudaba.
-¿No la empujarían a ello?- volvió a preguntar don Servando dando por sentado que sí.
-O era pobre y muerto el hombre, de que iba a vivir ella...
Don Tanis, que había dejado hablar a los hombres, respondió...
-Algo tiene de razón en eso que dice nuestro boticario. Si, don Alfonso, en teoría, el acto del sati tiene carácter voluntario, pero en algunas comunidades la mujer que se niega realizarlo es condenada al ostracismo. En cuanto a que fuera pobre o rica, los autores clásicos citan ya en el 316 antes de Cristo, que en sus orígenes parece ser que el sati fue una costumbre y un privilegio de la realeza, que más tarde se generalizó y legalizó.
-Pues vaya un privilegio...
-Y más siendo joven y bella, como era ésta don Roberto...
-¡No me diga!
-Si, le digo. Pero no tema, cuando ya estaba cerca del fuego, dos hombres la cogieron, la apartaron y continuaron con la ceremonia.
-Así que todo fue una farsa...
-En cierta medida. Ella quiso cumplir con la tradición y a los ojos de la familia y de los amigos, lo hizo. Los hombres que la retuvieron consiguieron a su vez que la ley no castigase a la familia por cometer un acto prohibido. Solo quedaba depositar las cenizas en el río sagrado y eso se hizo a la manera vikinga, como yo digo. En otros lugares, se espera a que la cremación sea completa, a que el fuego consuma todo lo consumible y luego, recogiendo aquellas cenizas, se arrojan a la corriente. Aquí, empujaron con largas pértigas los maderos de la parte baja, todo el túmulo se comportó como una balsa y fue arrastrado por la corriente. En la oscuridad de la noche, aquella gran antorcha se alejaba, pero nosotros encontramos sus restos, como los de otras muchas piras, días mas tarde río abajo. Pero esto será para mañana si dios quiere.
-Don Tanis, ¿cree usted que si no la hubieran cogido, se inmolaría?
-Si lo creo. El sij habló con la gente y luego me contó que la pareja estaba destinada a casarse desde niños. Él tenía veinticuatro años y ella diecisiete y a pesar de estar concertado el matrimonio desde su nacimiento, se amaban. Las familias habían aceptado de buen grado, que la boda se celebrase cuando él pudiera mantener a la chica con su trabajo. Hacía seis meses de la boda.
-¿Y que fue lo que causó su muerte?
-Era el dueño de una cuadrilla de elefantes que talaba madera. Un árbol acabó con su vida.
-Oiga don Tanis, no quisiera parecer incrédulo, pero, ¿no le encuentra similitud con una historia de julio Verne? Aquella de "La Vuelta al mundo en ochenta días".
-¿Porqué no, don Servando?. Al fin y al cabo una cremación es lo que es, la narre yo, o salga de la pluma de un ilustre escritor, salvando la distancia, claro está. De todas formas, yo lo he contado tal cual lo vi, y Verne, no recuerdo en este momento, creo que le pondría misterio, intriga y otras florituras propias de una novela.
-Buscaré el libro en la estantería y contrastaremos las historias ¿qué les parece?
El maestro no esperó contestación y se dirigió con paso presuroso al pequeño cuarto que hacía las veces de biblioteca. Adosadas a las cuatro paredes había repisas con algunos libros y en cada pared un rótulo indicaba el tema a que estaban dedicadas las estanterías. La más poblada era la dedicada a novela, los libros de naturaleza ocupaban el segundo lugar, luego los de entretenimiento y la menos poblada la de política. Don Roberto fue a tiro fijo, buscó un segundo y hallando lo que buscaba dio media vuelta.
-Si les parece –dijo el maestro- les leeré los capítulos doce y trece que son los que hablan del asunto.
-Ya veo que hoy no podré repasar mis diarios.
-Por favor, don Tanis, no quiera parecerse usted al señor Fogg.
-En poco me parezco a él. Siempre me ha parecido un tanto pedante, almibarado y con una seguridad rayana en lo absurdo. Creo que el héroe de esa novela, no fue él, sino Passepertout. Pero comience ya por favor.
Don Roberto leyó los dos capítulos mencionados como sólo una persona aficionada a la lectura podía hacerlo. Lentamente, con admiración o ímpetu donde lo requería, con voz que denotaba misterio, que inquiría o sugería. Las palabras calaban en los oyentes, que en silencio, en sus mentes, traducían a imágenes tan exuberantes como la misma selva en que se desarrollaban.
-Don Roberto, ha de leernos usted mas a menudo -dijo el boticario cuando el maestro dio por concluida la lectura.
El maestro dio las gracias a todos un poco acobardado, pues no esperaba la común y sonora aprobación. Para acallar las palabras que lo sonrojaban dijo...
-¿Que les parece el párrafo donde habla de los indios salvajes?
-Es muy posible que en la fecha en que se narra la historia hubiera esa clase de personas, ahora no lo creo. Y fíjense que lo digo yo que fui asaltado.
-¿De que fecha hablamos? Inquirió don Servando.
-De mil ochocientos setenta y dos.
-Puede ser, sí.
-Pasemos a otra cosa entonces. ¿Qué opinan la procesión y de Kali?¿Ven alguna similitud?.
-Si me lo permiten, hablaré yo –dijo don Tanis-. Estamos comparando una novela, no lo hay que olvidar, con una realidad. Hay quien ha dado a entender que yo me he copiado la historia, sí, sí, no protesten y aunque me consideren fatuo, les haré ver la diferencia entre las dos versiones. Es difícil, aunque no imposible, que los Brahmanes pudieran arrastrar a una mujer para sacrificarla. El brahmán es un miembro de la clase sacerdotal, la más alta de las cuatro castas hindúes. Sólo el brahmán puede interpretar los textos sagrados y su persona es sagrada. Los principales deberes de los brahmanes son el estudio, la enseñanza del Veda y la celebración de ceremonias. La vida ideal de un brahmán ha de pasar por cuatro etapas; la de estudiante, cabeza de familia, anacoreta y mendicante religioso. Parece extraño que pudieran llevar a nadie a la muerte, aunque fuera hace cien años.


-Que difícil puede parecer, aunque no imposible, que un parsi o seguidor de Zoroastro, estuviera tan alejado de su tierra. Esto no tiene mucha importancia, yo tuve un chofer del Punjab, pero hay matices chocantes, que bien pueden ser de la traducción; el que llame "sutty" a lo que es "suttee o saty", que llame pagoda a un templo hindú, cuando una pagoda es un templo budista. Habla de los fakires y los llama "estúpidos energúmenos que se contorsionaban y convulsionaban", cuando lo cierto es que muchos faquires pasan sus vidas como mendigos itinerantes y como predicadores. La mayoría de los faquires hindúes viven bajo el estricto régimen monástico, dedicados a la meditación y a la oración, practicando las formas más severas del ascetismo.
-Don Tanis, la visión que tenemos casi todos, al margen de lo que cuenta la novela, es otra, la tradicional.
-Si don Roberto, hay un cierto tipo de faquires, cuya única vinculación con las órdenes religiosas es la búsqueda de la santidad; estos faquires mortifican sus cuerpos acostándose en camas de clavos, realizan hábiles juegos de mano, y practican el hipnotismo y la ventriloquia para lograr la incorporación de nuevos adeptos. En muchas regiones tienen fama de ser insuperables cultivando las artes de la magia blanca y el malabarismo. Creo que en estas cosas que digo radica la diferencia entre el relato novelado y el verdadero, aunque no me cabe duda de que Verne debió de asociar la fealdad de Kali a todos los miembros del funeral.
-A todos menos a Auda. A ella la pinta hermosa como a una venus.
-Hay don Ramón, las mujeres bellas le traen a mal traer.
-¿Tan horrible es ese ídolo?
-Julio Verne la ha retratado bien y yo lo ampliare un poco, juzguen ustedes; Kali, es la consorte de Siva en su manifestación del poder del tiempo. Kali, una destructiva diosa madre, es descrita en la mayoría de los casos, y yo así lo vi, como un ser negro, desnudo, que porta una guirnalda de calaveras humanas, con un rostro espantoso, los dientes manchados de sangre y la lengua fuera. Tiene cuatro brazos que simbolizan un dominio absoluto sobre todas las cosas finitas. En una mano esgrime una espada, en la segunda sostiene una cabeza humana cortada; la tercera, según sus devotos, es para espantar el miedo, y la cuarta se interpreta como portadora de felicidad. Kali-omnipotente, absoluta, y que todo lo impregna- está más allá del miedo y de la existencia finita y por eso se cree que puede proteger a sus devotos contra el miedo y proporcionarles una paz ilimitada. Por último, como noche absoluta, devoradora de todo lo existente, es representada a veces sobre el cadáver de Siva, que, como la guirnalda de calaveras, simboliza los restos de la existencia finita. Se dice que en el pasado sus adoradores, entre los que se encontraba una hermandad secreta de asesinos llamada Thugs, aplacaban a Kali con sacrificios humanos. En la actualidad se hace con sangre de mamíferos.
-Don Tanis, ¿cómo sabe usted tanto?.
-Antes de hacer cada viaje, don Alfonso, procuro estudiar bien el terreno, las costumbres y todo lo que me pueda ser útil. Aún así, se lleva uno muchas sorpresas. Tengo además una gran retentiva y lo que leo con interés, no lo olvido en unos años.
-Y esos Thugs de los que habla, ¿cambiaron sin mas, a las personas por conejos?
-La secta desapareció en la década de 1830, cuando el gobierno británico inició una dura campaña que culminó con la ejecución o ingreso en prisión de casi todos los thugs. Los que quedaron, tuvieron que cambiar la costumbre a la fuerza.
-Cuéntenos algo mas de la secta don Tanis.
-Se caracterizaban por la celebración de ritos cruentos cuyas víctimas siempre morían estranguladas. Se unían en grupos de entre diez y doscientos hombres, acechaban en los caminos más transitados, asaltaban a los viajeros ricos, los estrangulaban con un pañuelo, distribuían el botín y luego huían. Siempre entregaban parte del botín como ofrenda en alguno de los templos de la diosa y nunca estrangulaban mujeres. Es todo lo que sé de ellos.
-¡Menudos pájaros!
-Bien, señores, ahora si me lo permiten, me voy con mis periódicos.
-Yo me voy, tengo que relevar a Amalia en la farmacia. Creo que le ha salido un pretendiente.
-¿No será usted el pretendiente? Preguntó don Tanis a don Roberto.
-Por dios, don Tanis, hable bajo a ver si le va a oír el boticario.
-Así que me hizo caso y habló con ella. Me alegro mucho, es una chica muy maja, supongo que culta y para usted parece la pareja ideal.
-Eso ya se verá con el tiempo, don Tanis.
-Pues no lo pierda, joven. Hala, ya se está marchando a buscarla.

En al casino. ( parte IV)

Don Roberto espera con impaciencia, la hora en que este nuevo día, ha de reunirse con don Tanis. Hoy tiene para él más importancia lo que desea contarle, que lo que le cuente el terrateniente. No obstante, como casi todos los días, esperará a que don Tanis acabe su relato para relatarle sus anhelos.
-¿Comienza con su relato, don Tanis?
-Cuando gusten. Hoy parece que tampoco va a venir el cura.
-Así estaremos menos tensos, siempre pone mala cara cuando usted menta los ídolos de ese país. -Es cierto don Servando, pero, no hay que olvidar que es cura y además, viejo.
-Don Tanis, yo también soy viejo, o por mejor decir, mayor y sin embargo con los años me he hecho más condescendiente, no al contrario.
-En fin, cada cual es como es, y nadie lo remedia. Si les parece les cuento la última etapa de mi viaje.
-Les contaba ayer, que había presenciado un intento de inmolación por parte de aquella chiquilla. Es cierto, que su cuerpo era el de una mujer; caderas redondeadas, busto adecuado, prieta de carnes, ojos negros grandes y rasgados, color moreno suave y pelo que yo intuía como la noche. Pero no es menos cierto, que para nosotros, a esa edad, las chicas están dejando los calcetines, mientras que en esta, se adivinaba que a no mucho tardar iba a ser madre.
-Al día siguiente, después de dar una vuelta junto al río, le dije a Singh que preparase el coche para bajar hasta Benares. No tenía el ánimo suficiente para continuar viaje, y ya me planteaba el volver atrás, a Nueva Delhi, coger el avión y regresar a casa. El motivo de ese cambio súbito de mi forma de ser, habría que achacarlo a un par de cosas; primera, me encontraba solo como nunca antes lo había estado y sentía añoranza. En segundo lugar, por aquello que vi junto al río y que iba a ver ampliado mas abajo, en Benares o Varanasi.

-Benares está situada en una región que parece muy fértil. Desde el automóvil podía contemplar los campos de cereales y de caña de azúcar. En la ciudad, multitud de artículos de latón, trabajos de filigrana y brocados de seda, hilo de oro y plata se veían por doquier. A través del río, la ciudad da una impresión de esplendor que se disipa al mirar con más atención. Las estrechas calles serpentean tortuosamente entre edificios pintados o labrados, muchos de los cuales tienen galerías colgantes.
-No les he comentado, algo de suma importancia que sucede en la India. A mí ya me había sucedido en otros lugares, pero en ninguno como allí. Al bajar del avión noté en el aire un perfume especial que en aquel momento, no supe definir. Luego, muchos olores distintos llegaron a mi nariz; el de los animales y sus excrementos, el olor de la selva cargada de flores y las coronas y ramos marchitos ahogándose en el río. La madera quemada en las piras, de sándalo y aceites a veces, de tabla de cajón en otras. El olor de algunos vivos próximos a la muerte y la de los propios muertos, el humo y la carne quemada.
-Don Tanis, no sea tan expresivo, por favor.
-No hay mas remedio, señores. Así es la India, llena de contrastes. Grandes multitudes de peregrinos llegan de todo el mundo a Benarés, la ciudad más sagrada del hinduismo. Se reúnen a lo largo del río donde unos terraplenes y escaleras se adentran en el agua. Hay unas partes niveladas que se utilizan para las piras funerarias. El Ganges, es el río sagrado para los hindúes, que creen que la inmersión en sus aguas, purifica los pecados y que morir en sus orillas conduce a la salvación. Aunque yo ya lo había visto en menor medida en Allahabad, no dejó de causarme admiración lo que allí veía; hombres, mujeres y niños sumergiéndose en aquellas aguas que a mi se me antojaron sucias y fetidas. Unos, se introducían vestidos y sus ropas se pegaban al cuerpo, otros a medio vestir o en cueros, echándose agua por la cabeza con vasijas, frotándose los ojos para desplazar el agua que les entró, escupiendo y quien sabe si orinando, con las hogueras, el humo, las cenizas y los residuos flotando a su alrededor. El acre olor a torrezno, las huesudas figuras de los gurús o santones que permanecían estáticos. Los moribundos que se acercaban al agua, solos o en compañía. La muchedumbre por todos lados, en los balcones, a las puertas de las casas, el río. Gentes de buena posición, míseros pobres, tullidos, músicos, ceremonias, oraciones...

-Le dije al chofer que nos marchábamos, ni siquiera quise ver el más sagrado de todos los templos, el Bisheshwar, o templo Dorado. Aquella huida no duró mas que unos kilómetros, al llegar cerca de un recodo del río, llamaron mi atención una gran cantidad de balsas que estaban varadas. Algunas aún humeaban y en torno a ellas bullía una gran agitación. No de personas, que no había. El lugar, quiza por que había empezado a llover también, me pareció un tanto tétrico; Los árboles de las orillas estaban secos y carecian de vegetación, tal vez debido a los incendios contagiados de los tumulos que hasta allí llegaban. El agua remansada estaba verdosa de ovas y aquí y allá flotaban cuantiosos restos de cremaciones. Algunos cocodrilos emergían cuando hallaban algún bocado apetitoso. Otros, ahítos, dormitaban en las orillas mientras hacían la digestión. Vi a uno de ellos abalanzarse sobre unos troncos y lanzar un bocado. La recompensa fue el muslo y la pantorrilla de alguien que había quedado a medio quemar. Sentí como chascaba el hueso y como tibia y fémur poco a poco se introducía en la garganta de aquel saurio. Toque en el hombro a Singh y le dije que me llevara a Delhi, ¿para qué iba a llegar hasta Calcuta?, una ciudad de la que muchos dicen es la cloaca del mundo. Ese señores ha sido mi viaje.

-Don Tanis, nos ha dejado un poco acongojados...
-Don Servando tiene razón, si señor- añadió el boticario-
-No se preocupen, seguro que don Tanis tendrá alguna anécdota mas alegre. No nos va a dejar con el corazón afligido, ¿verdad don Tanis?.
-¿Quiere que le cuente, como tres hermosas muchachas, me bañaban y perfumaban todos los días que estuve en casa del maharajá, don Roberto?
-¿De veras don Tanis?
-Pues no, pero, ¿a qué hubiese estado bien, si fuera verdad?
-Don Tanis, está haciendo parecer que soy un sátiro, y que sólo a mí me gustan las mujeres.
-No se enfade don Roberto, es usted el mas joven y necesita salir alguna vez de este pueblo y ver caras nuevas.
-Y en el regreso, ¿no le ocurrió nada digno de mención?
-Nada en absoluto, pero ya que en mi relato he hablado del budismo y del hinduismo, no quisiera dejar de lado a los seguidores de Alá. Recuerdo que ya de regreso, en Agra, el chofer quiso que visitase el Taj Mahal. Había estado aquí cerca, en casa del maharajá y sin embargo, con la prisa que tuve para continuar camino, no lo había visto. Se dice, que la construcción del más famoso de los edificios antiguos de la India, se prolongó durante veinte años y que en él trabajaron veinte mil hombres. El sha Jahan construyó este mausoleo, para su esposa favorita, a la cual se conocía por el sobrenombre de Mumtaz Mahal- la elegida de palacio- y que murió hacia el año mil seiscientos. La tumba, se alza sobre una plataforma cuadrada con un minarete en cada esquina, tiene más de setenta metros de altura y está decorada con inscripciones coránicas y relieves escultóricos.
-¿Y, de las otras esposas, no se sabe nada?
-Oh si, las fueron enterrando cerca del jardín y el estanque central, que se abre al exterior por una puerta monumental.
-Seguro que ha deslumbrar todo ese mármol blanco...
-Y más con el rojo contraste que ofrecen las mezquitas que están a su lado. Dicen que los cuerpos del emperador y de su esposa yacen en una cripta y sólo los cenotafios se yerguen en el centro de una sala octogonal, rodeados por una pantalla perforada de mármol y piedras semipreciosas. Y eso es casi todo, caballeros.

El maestro, como todos los días, ha seguido a don Tanis. Se sientan un tanto alejados de los demás y cual si fuese su confesor, le da buena cuenta de lo pasado el día anterior. Los demás no ven la sonrisa de aprobación de don Tanis, ni el apretón de manos de afecto y felicitación, por aquello de lo que ambos se congratulan.



Han pasado diez años. Don Roberto tiene una hija de ocho años, que es amiga de los hijos de don Tanis. Don Roberto y Don Tanis, aún continúan tratándose de usted, a pesar, o quizá por eso, de que son amigos.

El maestro se casó con la hija del boticario, continúa en el pueblo y sólo salen de él cuando van de vacaciones en compañía de don Tanis. Don Tanis sale más a menudo, sobre todo cuando una llamada de teléfono dice; ven.
Es la palabra que él utilizó con Mery y que ahora es el santo seña de ambos, para acudir a los brazos del otro. La galesa consiguió casar a don Tanis y sigue fiel a lo que un día le dijo. Le ha dado tres hijos que viven con él y pasa los inviernos en el pueblo, pero el resto del año puede ser en Inglaterra, Argentina, India, Australia. Es a cualquier lugar adonde presuroso acude con solo oír; ven.
Fin
Prendes 3/12/02  

martes, 27 de abril de 2010

Trolebús.


Traigo aquí hoy esta palabra que, aunque no está tan fuera de uso como el invento, sin duda llegará a perderse para las generaciones venideras.
El trolebús es un medio de transporte, podríamos decir, híbrido de tranvía y autobús. Funciona por la energía eléctrica que toma al igual que el tranvía, de cables superiores extendidos a lo largo de todo su trayecto, tiene neumáticos de caucho y no necesita vías como el tranvía.
El primero empezó a funcionar en Berlín en 1882 y su uso se fue extendiendo por casi todas las ciudades europeas que superaban los 200.000 habitantes.
En España el primero fue el de Bilbao en 1940 y muchas capitales importantes lo tuvieron. No recuerdo si Oviedo lo tuvo, lo que sí es seguro, que en Gijón se pasó del tranvía al autobús. Recuerdo yo que una villa que siempre fue adelantada con respecto de muchas ciudades; Mieres del Camino, pueblo donde nací, electrificó una línea que iba desde la villa hasta San Andrés de Turón, pasando por Santullano y Figaredo.
Se inauguró el día de San Juan de 1965 frente a la Casa Consistorial. El trolebús fue bendecido por el Arzobispo y en presencia de los vecinos y autoridades civiles y militares. Estaban pintados de azul y con las ventanas y el techo en aluminio. Lo que no sé es cuanto tiempo estuvieron en funcionamiento.

Nombres de la historia (V)

Arquímides.
Nació en Grecia hacia el año 287 y vivió 75 años. Este matemático y científico tiene una obra considerable. Inventó El tornillo sinfín, la rueda dentada, la palanca…
Estudió en Alejandría, donde conoció a Eratóstenes al que dedicó su Método. En este, expuso la aplicación de la mecánica a la geometría con la que imaginariamente "pesaba" áreas y volúmenes desconocidos, determinando su valor.
De su biografía sólo se conocen algunas anécdotas. La más divulgada la relata Vitruvio y se refiere al método que utilizó para comprobar si existió fraude en la confección de una corona de oro encargada por el protector de Arquímedes, Hierón II, tirano de Siracusa. Se cuenta que, hallándose en un establecimiento de baños, advirtió que el agua desbordaba de la bañera a medida que se iba introduciendo en ella; impulsado por la alegría, corrió desnudo por las calles de Siracusa hacia su casa gritando "Eureka! Eureka!", es decir, "¡Lo encontré! ¡Lo encontré!".
La idea de Arquímedes está reflejada en su obra Sobre los cuerpos flotantes y en el famoso principio que lleva su nombre. Como allí se explica, es posible calcular la ley de una aleación, con lo que descubrió que el orfebre había cometido fraude.
Según otra anécdota famosa, recogida por Plutarco, Arquímedes aseguró al tirano que, si le daban un punto de apoyo, conseguiría mover la Tierra; se cree que, el rey exigió que pusiera en práctica su aseveración, logrando mediante un complicado sistema de poleas y sin esfuerzo aparente, poner en movimiento un navío de tres mástiles con su carga.
Son célebres sus ingenios bélicos que permitieron a Siracusa resistir tres años el asedio romano. También se cuenta que, contraviniendo órdenes del general romano Marcelo, un soldado mató a Arquímedes por resistirse éste a abandonar la resolución de un problema matemático en el que estaba enfrascado.
Trolebús.
Traigo aquí hoy esta palabra que, aunque no está tan fuera de uso como el invento, sin duda llegará a perderse para las generaciones venideras.
El trolebús es un medio de transporte, podríamos decir, híbrido de tranvía y autobús. Funciona por la energía eléctrica que toma al igual que el tranvía, de cables superiores extendidos a lo largo de todo su trayecto, tiene neumáticos de caucho y no necesita vías como el tranvía.
El primero empezó a funcionar en Berlín en 1882 y su uso se fue extendiendo por casi todas las ciudades europeas que superaban los 200.000 habitantes.
En España el primero fue el de Bilbao en 1940 y muchas capitales importantes lo tuvieron. No recuerdo si Oviedo lo tuvo, lo que sí es seguro, que en Gijón se pasó del tranvía al autobús. Recuerdo yo que una villa que siempre fue adelantada con respecto de muchas ciudades; Mieres del Camino, pueblo donde nací, electrificó una línea que iba desde la villa hasta San Andrés de Turón, pasando por Santullano y Figaredo.
Se inauguró el día de San Juan de 1965 frente a la Casa Consistorial. El trolebús fue bendecido por el Arzobispo y en presencia de los vecinos y autoridades civiles y militares. Estaban pintados de azul y con las ventanas y el techo en aluminio. Lo que no sé es cuanto tiempo estuvieron en funcionamiento.

lunes, 26 de abril de 2010

El camándula.

Cuando ya era mozalbete y hacía alguna trastada, mi madre se refería a mí con esa palabrita. ¡Menudo camándula esta echo este!, le decía a la vecina. Y yo pensaba que estaba anticuada, que ahora- entonces- se decía gamberro.

Desconocía por completo el significado de la palabra y me sentía un poco orgulloso de que me considerase un poco calavera. Tal vez ella lo dijera pensando en la segunda afección que de la palabra da la RAE, ya que la primera no pega mucho...

Camándula = 1ª Rosario de uno o tres dieces.

Hipocresía, astucia. Tiene muchas camándulas.

Sea como fuere, esta palabra ya no la oigo tanto como antes.

Porqué se llama... Agosto

En este mes, Marco Antonio y Cleopatra fueron vencidos por Octavio César, acabando todas las guerras civiles entre los romanos. Fue en este mes cuando Octavio entró triunfador en la capital del Imperio y por estatuto público le fue añadido el sobrenombre de Augusto, apelativo que tomaron todos los emperadores posteriores.

Agosto, pues, deriva de Augusto.


El inicio de este mes rompe con una gran festividad céltica: la Lugnasad o fiesta de Lugm hijo de la diosa Don, fundador de ciudades como London, Lyon o Lugo.
Igualmente está dedicado este mes a la diosa Diana o Artemisa, protectora de las amazonas, y más tarde, de las brujas.

domingo, 25 de abril de 2010

Tartaristán.

En el año 1970, y por cuestiones de trabajo, me pasé un mes entre Alemania y Holanda. Durante la semana íbamos al trabajo, ubicado en el puerto de Rotterdam, desde un pequeño y precioso pueblo llamado Scheveningen. Teníamos alquilados un par de coches que aprovechamos a conciencia y los fines de semana, el grupo formado por ocho personas, aprovechábamos para hacer excursiones y conocer ciudades y gentes.

Un día de aquellos de asueto, entramos a comer en un restaurante francés de La Haya (Den Haag). El jefe de la tropa, ingeniero que presumía de hablar francés, lo había elegido por ese motivo. No recuerdo lo que comimos los demás, pero recuerdo muy bien lo que él comió. Por entonces para mí, lo que fuera sacarme de los filetes o las chuletas no me sentaba muy bien y hacía remilgos a alguna de las comidas. El jefe pidió Tartar. A mí que me gustaba la carne más que pasada, casi chuscarrada, casi me da mal al ver con que placer lo deleitaba. Aún hoy siento repelus cundo mi hijo mete la mano en la carne cruda picada, con la que su madre va a preparar las hamburguesas.
Hoy traigo aquí un nuevo pueblo: Los Tártaros, y como el vídeo que pongo, poco dice, hice un escueto recorte de Wikipedia.

Los Tártaros (en tártaro Татарлар Tatarlar) es un nombre colectivo que se aplica a los pueblos túrquicos de Europa Oriental y Asia Central. El nombre deriva de Ta-ta o Dada, una tribu mongol que habitaba el noroeste de la actual Mongolia en el siglo V. Se utilizó por vez primera para describir a los pueblos que dominaron partes de Asia y Europa bajo el liderazgo mongol en el siglo XIII. Se extendió el uso después para incluir a casi cualquier invasor nómada de origen asiático, tanto de Mongolia como del occidente de Asia. Antes de la década de 1920, los rusos utilizaban la palabra Tatar para designar a numerosos pueblos, desde los turcos azeríes a las tribus de Siberia.

En la actualidad, la mayor parte de los tártaros viven en el centro y el sur de Rusia (la mayoría en Tartaristán). A finales del siglo XX suponían más de 10 millones. La mayor parte de los tártaros son musulmanes sunníes.





Dicen, que los tartáros comían la carne cruda, tras ponerla bajo la silla del caballo durante toda la jornada para que se ablandara. Por si alguien quiere hacer esta receta, aquí la dejo con foto y todo.
Receta del tartar.
Ingredientes para 4 personas
■800 gr de carne de solomillo de ternera, 2 cucharaditas de sal, 2 cucharaditas de tabasco, 2 cucharaditas de ketchup, 1 cucharadita de salsa perrins, 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, 1 cucharadita de mostaza de Dijon, 50 gr de pepinillos, 30 gr de alcaparras, 2 chalotes, 4 yemas de huevo, pimienta molida y sal.
Elaboración del Steak Tartar
Primero picamos la carne o bien se lo pedimos al carnicero. Se puede hacer también a cuchillo, aunque es un trabajo demasiado engorroso y tenemos el peligro de perder temperatura en la carne, o mejor dicho de ganar o que aumente la temperatura de la carne.
A continuación hacemos la salsa de condimentación. En un bol mezclamos la sal, la pimienta (al gusto), el tabasco, el ketchup, la salsa perrins, la mostaza y el aceite. Batimos hasta conseguir una mezcla homogénea. A esta salsa le añadiremos el pepinillo, las alcaparras y la chalotes bien picadas.
Por último mezclamos con la carne y emplatamos. Lo mejor es utilizar un aro de emplatado. Ponemos la carne, apretamos y dejamos un hueco en el centro donde colocaremos una yema.