viernes, 28 de enero de 2011

El almacén de los dolores.


No se como me encontraba allí. El lugar parecía ser un laboratorio ya que había gran cantidad de vasos, retortas, matraces y probetas colocados en interminables mesas. Alambiques calentados por mecheros de gas, destilaban líquidos de mil tonalidades. Los técnicos se afanaban con mezclas y ensayos sobre altos taburetes, o iban de un lado a otro, embutidos en batas blancas, manejando aparatos. Yo estaba frente a uno de ellos. Su pelo era rojizo al igual que la rala barba de chivo. Gafas de sólida montura y sonrisa que dejaba ver huecos entre sus dientes. Su satisfacción se dejó traslucir en el clásico grito de júbilo:

- ¡Albricias, lo conseguí!

Los más cercanos levantaron un instante sus cabezas, dirigieron hacia nosotros sus miradas, y continuaron con su trabajo.

- Ven, me dijo el pelirrojo, he de presentarte a su Excelencia.

Salimos de la gran sala y por un corredor nos dirigimos hacia una escalera de caracol situada en el fondo. Subimos. Otro gran pasillo, iluminado por una luz grisácea, nos condujo a una ancha y negra puerta. En cuanto llegamos a ella, se abrió de forma suave y silenciosa. Pasamos al interior. La penumbra que allí reinaba era casi absoluta. Una gran pantalla semicircular derramaba una tenue luz. Al acercarnos, pude comprobar provenía de los numerosísimos puntitos, que a modo de luciérnagas, brillaban. Algunas parpadeaban y se apagaban, otras, después de dar varios guiños, continuaban iluminando. Las más se oscurecían definitivamente a la par que otras muchas alumbraban por vez primera.

Aquello atrajo mi atención, más solo fue un instante, ya que algo poderoso me impulsó a fijarme en ello. En el centro del gran salón, una nube de tintes verdosos permanecía estática a varios centímetros del suelo. Era la base sobre la que se asentaba un alto sillón o trono. No podía ver la figura que ocupaba el sitial, pues estaba de espaldas. Poco apoco, el trono giró hacia nosotros y pude comprobar que alguien dentro de un amplio hábito, nos observaba.

Traté de fijarme en la figura y poco conseguí. El negro ropaje me pareció propio de un monje o un mago. Las amplias mangas, apoyadas en los brazos del sillón, no dejaban ver las manos. Lo que si vi, fueron tres plateadas calaveras en cada una de ellas. Tampoco pude observar sobre que estaban apoyados los pies, ya que el ropaje, descendía hasta la nube. Al igual que en las mangas, una serie de calaverillas plateadas ribeteaban la parte baja. En la caperuza, otra calavera aún mayor. Del interior de esta, donde yo trataba de adivinar la cara, sólo un tenue resplandor fosforescente.

La voz de mi acompañante se oyó con respeto.

- Excelencia... aquí os presento a un nuevo acólito que espero sea de vuestro agrado.

Yo esperaba oír una cavernosa y fantasmagórica voz en respuesta a sus palabras, más, la comunicación que estableció la figura, fue telepática.

- ¡Hora era ya¡ Por ser este el último, se le nombrara con R-2000 Xm. Llévalo al almacén y haced unos millones de copias para que al instante entren en funcionamiento.

- Así se hará, excelencia.

- ¡Señor! Comencé a decir yo cuando vi que nuevamente el trono comenzaba a girar dándonos la espalda,
¿Cual será mi trabajo? ¿A quién tengo que servir? ¡Explicadme algo! No se como, ni por que estoy aquí, y por más que lo pienso, no se ni quién soy.

En el interior de la caperuza aumentó la luminosidad por un instante a la par que el sillón detenía su marcha. La comunicación telepática se estableció de nuevo.

- ¡Ser insignificante! Has de saber que yo te he creado. Serás mi siervo por los siglos de los siglos. Serás eterno a partir de ahora, y tu trabajo, te será agradable y a mi placentero.

Su manga se alzó y señaló la pantalla.

- Esto que aquí ves, son vidas humanas. Cada punto una vida. Yo soy la Gran Señora. La que con todas acaba. ¡La muerte! Cada lucecita que se apaga es una vida que se extingue. Tú estás aquí como muchos otros, para conseguir ese fin último. Todo lo que nace, debe morir. Pero eso ha de ser con dolor. Tú eres uno de ellos, uno de los dolores.

El sillón comenzó a girar y mi acompañante me indicó que lo siguiera. Camino del almacén, trató de ampliarme las explicaciones de su Excelencia.

- Como ya has oído, todo lo que tiene un principio, ha de tener un fin. Un fin doloroso. Hasta la fecha hay muchos casos en que el final no tiene dolor. Nuestra misión es conseguir un remedio a esa falta.

Llegamos al almacén. Una larga cola hacía frente a una ventanilla que estaba abierta en una mampara y junto a la que se veía una puerta. Tras los cristales, varios empleados manejaban complicados teclados frente a una pantalla. Mi acompañante se identificó a través del cristal enseñando en su mano un disco, que por un instante dejó aparecer una numeración en rojo. La puerta se abrió al momento.

- Pasa -dijo cediéndome el lugar - nosotros no hemos de aguardar cola, ésta es solo para los que vienen a sacar copias.

El almacén era un rectángulo del que no se distinguían ni el fondo ni la altura. Infinidad de pasillos nacían perpendiculares a éste donde ahora nos encontrábamos. Las estanterías, blanquísimas, dejaban ver infinidad de pequeñas cajas, qué como impulsadas por resortes, a intervalos salían y entraban en su alojamiento produciendo un suave golpeteo.

- Como ves, aquí se guardan los dolores. Cada una de estas cajas contiene millones de copias de cada uno de ellos. Los que has visto a la entrada haciendo cola, son los jefes de equipo u originales como tú. Cuando uno de estos originales observa que el número de copias desciende por debajo de un límite, viene al encargado del almacén y saca copias de si mismo. Estas se almacenan en las cajas que se abren más o menos según tengan que permitirla entrada de nuevos compañeros, o salir para atormentar a los humanos. Muchas de ellas desaparecerán por culpa de los remedios que el hombre aplica, y en consecuencia, vosotros habréis de reponerlas.
En este almacén tenemos clasificados todos los dolores del cuerpo humano y constantemente llegan algunos nuevos o variantes refinadas de los anteriores. Tenemos dolores de cabeza en cantidad y calidades ingentes, baste decir que la catalogación abarca desde el número r-234Pm al s-7745 mL. Hay dolores para cólicos, reumas, traumatismos, heridas, torceduras, tumores etc, etc,
Todos son importantes, aunque hay varios rangos. Además su Excelencia cuenta con un gran número de colaboradores que son los encargados de preparar el terreno a los dolores. El principal colaborador es la mente humana. Puede parecer un contrasentido. Pero en esa mente se forman infinidad de planes destinados a dañar a sus semejantes. La guerra, el odio, la insensatez, el riesgo, la gula... todos son sus aliados.
¿Quieres ver de modo sencillo y palpable como se asocian en beneficio de su Excelencia? ¡Bien!

- Un humano llamado X es un glotón. Le encantan los dulces y se atiborra de ellos. Los azúcares y mantecas, junto con su vagancia que no le permite una higiene bucal constante, va minando la dentadura, amén de otras cosas, de forma irremediable. El dolor adecuado es el 2445 R8, que ha recibido una señal y ha entrado en funcionamiento. Para X el dolor es insoportable. Como además de descuidado es de noche, no tiene a que echar mano para librarse de 2445 R8. Empleará remedios caseros; un cigarro para que el humo adormezca el nervio, un trago de coñac, por el mismo motivo etc. Así pasa la noche en vela y el humo y el alcohol van a irritar otras partes de su organismo y otros dolores menores le atacan.
Por la mañana acude a la farmacia y compra un producto que por fin acaba con el dolor. 2445 R8 no se da por vencido. Son millones y millones de copias, por tanto, en días sucesivos el jefe de equipo mandará muchas de ellas en los momentos más inesperados. Casi todas morirán por efecto de las pastillas, pero el humano X acabará en el dentista. Es la primera. Como seguirá con la misma tónica, irán cayendo las demás.
Con lo glotón que es y los pocos dientes que le quedan, masticará mal, quizá se le produzcan indigestiones. La gastritis primero o la úlcera después, conseguirán además de los dolores respectivos, hacerlo irritable dañándole los nervios.
¿Y tú? ¿Cuantos compañeros has perdido ya? No importa. El fin último ya está al alcance de la mano. La úlcera le puede producir una perforación de estómago. Puede ser sangrante. Quizá se vuelva cancerosa y dé a su Excelencia un gran placer. Los dolores llegan a ser de primer rango. Poco hay que los mitigue. Pastillas, polvos, inyecciones, bisturí. El humano X va a desear dentro de poco encontrarse cuanto antes con su Excelencia.

- Tú eres el dolor que los humanos han de sufrir en eso que llaman alma. Para muchos de ellos, el alma es algo intangible que les sobrevive después de la muerte. Para otros, la esencia torna a reencarnarse en persona, animal o cosa según haya sido su vida terrena.
En realidad el alma es un aura que ese eleva al cosmos siguiendo uno de los dos caminos trazados. Si al final, la balanza que todo lo mide, da positivo, el alma pasará a formar parte de un Todo en el que se diluye. De ese todo y por medio de la antagonista de su Excelencia, vuelve a los humanos. Ya no es lo que fue en un principio y por eso no hay dos almas iguales. Si la balanza da negativo, el alma pasará a formar parte de un Todo Contrario de donde nosotros somos creados para sufrimiento de los humanos.
La antagonista de su Excelencia es la Vida. Una gran señora también, que aunque poderosa, no es capaz de vencer en este duelo infinito que mantienen desde el principio de los principios. La Vida es despreocupada y no hace sino renovarse. Poco se aplica en conservar la que consigue. Su Excelencia lo tiene fácil. Cuanto más construya la Vida, más destruye la Muerte. El equilibrio parece hasta ahora formidable. A simple vista ninguna sobresale de la otra. Los humanos tratan de sacar ventaja con miles de inventos. Pero la Muerte no descansa y hace que sus intentos sean vanos.

- ¿Cuantas miles de millones de especies han desaparecido?

- Tú eres un dolor de primer rango. Un dolor de los que se placen en prolongarse en el tiempo. Has sido refinado, remodelado y sacado de aquél dicho humano "me duele el corazón..." o de aquel otro, "lo siento en el alma..." La novedad estriba en que eso que puede ser mera palabrería, ya no lo será más. Cuando ataques por primera vez, dejarás en esa alma una negra mancha y su tamaño variará en función del daño causado. Muchos morirán por tu causa y se integrarán en el Todo Contrario.

- Aquella joven locamente enamorada que por la pérdida de su compañero, se deja morir o se suicida. ¿Quién sino tú has sido el causante? El padre o madre que pierden un hijo y se culpan a si mismos por el descuido o la dejadez. El financiero que en la bolsa pierde su capital y el de los que habían confiado en él...

- ¿Cuantos y cuantos más?

- Tú que has existido desde el principio de los siglos, nunca fuiste considerado como dolor físico. Aunque como se ve, puedes llegar a causarlo. Tienes un gran campo donde actuar. ¿Quieres que te ponga un ejemplo claro?

- Los niños pueden ser atacados desde su más tierna infancia. Una madre que se separa de su hijo durante unas horas, es válido para que causes a la criatura su primera mancha. Su primer dolor. Aunque al retornar la madre la alegría borre la mancha, el dolor, quedará la huella. Esta huella se oscurecerá de nuevo cuando, tú, dolor, ataques de nuevo y se unirá a la nueva que acabas de causar. Este humano tiene ahora diez años. Posee un perro de aguas que le regalaron hace tres por su cumpleaños. Un día que con él pasea, se suelta de su traílla y trata de atravesar la calle. Un vehículo acaba con su vida. Entras en acción. Causas dolor y por tanto una mancha. Aquél profesor en el instituto que injustamente le suspendió, puede hacer que trabajes esa alma. Otro día, cuando ya mozo, aquella a quien quiso toda la vida, le abandona para casarse con su mejor amigo. Traición doble para doblar el dolor. Se olvida de ella. Se casará más adelante seguramente ya sin amor. Se dedica con ahínco a su trabajo. Todo el mundo consulta con él tal o cual cosa. Se siente importante. No ve que a sus espaldas le critican duramente los ruines de corazón. Hasta que un día le dicen:

¡Has de jubilarte!

Le pilla por sorpresa. Trata de oponerse.

- ¡No puedo. Aún me queda mucho por hacer! ¿Que sería de todo lo que tengo proyectado?

- ¡Es igual, vete¡ Hay que dar paso a los jóvenes.

¡Los jóvenes!

- Es hora de recapacitar y echar un vistazo a su vida.

¿Cuantas cosas, de las que un día joven se propuso ha conseguido?

- Pocas. Ahora que estaba en el camino... ¡le dicen que es un viejo!

- ¿Qué ha pasado con sus hijos para los que tantos planes tenía?

- ¡Nada! Cada uno se fue por su lado y andan a trompicones por la vida sin saber casi que existe.

- ¿Que fue de aquellos ideales por los que luchaba?

- Le traicionaron. En todos y en cada uno de ellos. No había más que ambición por parte de los que con él habían de defenderlos. ¡Cuantas veces le dejaron en la estacada llamándole purista!

- ¿Que quedó del amor?

- Rutina. El gran amor de su vida, como casi siempre, fue un imposible.

- ¿Y su cuerpo?

- Lleno de achaques que siempre ha tratado de disimular y que ahora, vencido, dejará aflorar.

- ¿Donde están los seres queridos, padres, hermanos, amigos?

- Casi todos muertos, en asilos u hospitales. Alguno parece feliz

- ¿Que le queda?

- Soledad. Amargura tal vez.

- ¿Mereció la pena vivir?

- Quizá no. ¡Todo podía haber sido tan distinto!

- Le estás pegando muy fuerte. Su alma ya es casi un borrón. Si no se rehace pronto, te lo podrás llevar con su Excelencia. ¡Remátalo!

- ¿Que le queda en esta vida?

- ¡Nada! Está mirando ante sí. La muerte está a la vuelta de la esquina. Nunca había pensado en ella con propiedad. Siempre era la de los demás.

Acabó el larguísimo monólogo explicativo. Me condujo a una pantalla donde el operador hizo las copias.

- Nos tenemos que despedir. Yo comenzaré la búsqueda de un nuevo dolor que sin duda me llevará años y años conseguir. Tal vez siglos y siglos, pero ésta es mi misión. Tú enviarás tus copias a la humanidad en tal cantidad, que no tendrás ocasión para aburrirte. Además... tardarán mucho tiempo en encontrar el remedio.

Por un momento suspiró, y como quién no tiene mucha fe en la victoria, finalizó:

- El alma es muy grande y tiene multitud de recursos para tratar de volver al lugar de donde partió; al Todo. Tú tienes el deber de oscurecerla para que eso no suceda. Para que se integre en el Todo Contrario y que por fin, el duelo Vida-Muerte se incline a favor de su Excelencia. En favor de la Gran Oscuridad, para que reine como lo había hecho antes del principio de los principios. Antes de que el Señor de la Balanza creara el Todo.

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