sábado, 15 de enero de 2011

El criminal siempre pierde. (Parte 3ª)

Cuento macabro en cinco partes. (Para que abulte menos ) Introito, maquinación, coartada, pesquisas y caso resuelto.





La coartada.

-¡Buenas tardes Claudio! ¿Cuándo va a volver Engracia?

- No lo sé Teo. Mañana hará diez días que se fue, y no sé nada de ella. Hoy ya no tengo tiempo, pero mañana me acercaré al pueblo para llamarla por teléfono.

- Oye, si quieres llamar desde casa, vente y lo haces.

- No, que tengo que ir a comprar alambre de espino para poner en la parte alta de la malla, y aprovecho para hacerlo. Muchas gracias por el ofrecimiento.

- De nada, y te repito lo dicho. No vayas a ir sólo al pueblo por llamar... Oye, te está quedando muy bien cerrada la finca. Se te dan todos los oficios.

- Esto es simple, grava, cemento, arena y ya está.


”Este entrometido nunca te echa una mano y cuando menos lo piensas aparece a fisgonear. Menos mal que ésta puñetera ya descansa aquí debajo y que el cemento está fraguando bien. He dado el punto justo a la masa al igual que hice escogiendo la hora de sacarla de su encierro. Voy a escribir en la libreta como sucedió.”


"Estaba casi agonizante y aún tuvo fuerzas para abrirlos ojos y darse cuenta de que yo había sido el causante de su estado. ¡Qué mirada de odio me dedicó mientras la llevaba en la carretilla! Luego, ésta se dulcificó creyendo que aquello le iba a servir de algo. Fue como si me pidiera perdón por todo lo que me había hecho sufrir y como si arrepentida me estuviese jurando que no lo haría más. ¡Estúpida inocente! Perdió el conocimiento por unos instantes, los justos para llegar al hoyo donde la deposité boca arriba. Allí los volvió a abrir quizá por el contacto húmedo de la tierra, y pudo comprobar como parsimoniosamente comencé a tirarle paletadas de tierra. Su boca se abrió queriendo lanzar un grito que no llegó a salir de su garganta. Sus ojos desmesuradamente abiertos decían bien a las claras del pánico que la inundaba. Apenas si se movía debido a su mal estado. Nunca pensé que con tanta vitalidad como parecía tener, se agotase de aquella manera. Paré con la tierra cuando apenas si le cubría las piernas. Dejé la pala a un lado y saqué un cigarrillo. Aquella pausa la interpretó como una duda. ¡Desgraciada! Me estoy recreando en lo que estoy haciendo ¡Imbécil! ¡Ahora viene lo bueno! ¿Acaso no ves que tengo preparado el cemento en la hormigonera? Simplemente la pondré en marcha, quitaré el seguro, y su carga se derramará sobre tu cuerpo cubriéndote para siempre. ¡Sea!"


"Ahora que reposa... ¡Cómo va a reposar una persona tan vil! Estará cociéndose en el infierno. Ahora que está con Lucifer, digo, no puedo por menos de pensar que ésta última fase ha sido la mejor. De los diez días que la he tenido en la habitación, tan sólo los tres primeros me causaron un inmenso placer. Como esperaba se volvió loca; arañaba y se daba cabezazos contra la pared, gritaba y lloraba, decía palabrotas y rezaba. Luego solo pedía perdón, lloraba, lloraba y rezaba. ¡Que cosas! ¡Rezar ella! El silencio se fue haciendo más continuo a medida que sus fuerzas la abandonaban. Seguro que ya no tenía ni orines que beber.”


- Buenas tardes Delfina.

- Hola Claudio.

-¿Cuándo viene Engracia?

- A eso vengo precisamente. Quisiera, si no es mucha molestia, que me dejases llamar. Anteayer le dije a tu marido que ayer iría al pueblo para comprar material que necesitaba, y que desde allí la telefonearía, pero no he podido; tenía demasiado trabajo. Por eso quisiera hacerlo desde aquí, por que hoy tampoco he podido ir.

- Faltaría más que estando aquí nosotros fueses hasta allá sólo por la llamada. Lo que no sé es por que no lo hiciste primero. Parece mentira que toda la vida de vecinos y te andes con remilgos.

- No, mujer, te digo que de verdad no sabes el trabajo que me ha dado la cerca… Hola, hola... ¿Engracia? Soy yo, Claudio... ah, que eres mi suegra, claro como las dos os llamáis igual y por teléfono tenéis casi la misma voz... ¿Cómo que no sabes por que la estoy llamando ahí? ¿Adónde la tenía que llamar entonces? ¿Es que no está en este momento?... ¿Cómo que ni en este momento ni en otro? Si, se fue a pasar unos días contigo como tú le habías pedido... ¿Pero qué dices? ¡Si ya se marchó... espera un momento, hace doce días¡... ¿Qué no ha llegado? ¿Estás de broma o qué? No puede ser, tú llamaste el jueves y el sábado a la tarde ya se fue. Sí, sí, estaba yo echado la siesta cuando salió para allá. Dijo que cogería el correo de las cuatro y salió de casa a las tres y media... ¡Coño! ¿Y qué hago yo ahora?… ¿A la guardia civil ... Pero van a pensar que me ha dejado... ¡que sé yo, ya no sé que pensar!... Si, si vente para acá, yo voy a dar parte por si algo le ha ocurrido, aunque tantos días ya teníamos que tener noticias...

 - ¿Claudio es cierto lo que sospecho?

- Si hija, si, parece ser que Engracia no fue a casa de su madre y ésta no sabe nada de ella. ¡Algo ha tenido que ocurrirle! ¡Parece mentira! Creo que esto es un mal sueño... no sé, no me hago a la idea... voy al pueblo a comunicar su desaparición a la guardia civil.

-¡Madre mía, madre mía que cosa tan rara! No sé que te puedo decir Claudio... no sabes cuanto lo siento, de todos modos no te preocupes demasiado. Quizás esté con una amiga... Si necesitas algo de nosotros, ya sabes donde estamos.

2 comentarios:

oliva dijo...

Mientras leía esta parte de la historia, he ido sintiendo unas mariposas (muy pequeñas) en el estómago, ya sé por qué no leo novelas de miedo y tampoco veo películas de miedo.

No habría podido describir el momento que la enterraba debajo del hormigón de los cimientos del cercado. Que tengo tanta lucidez...

Me gusta cómo lo escribes pero tus palabras remueven por dentro. De eso se trata, al escribir una historia de miedo, tensión y tan agresiva se pretende que el lector perciba esas sensaciones de sufrimiento.

Un saludo, escritor.

Alfredo dijo...

oliva.
He querido que el personaje de mi cuentin, destilara todo el rencor, los celos y el odio guardado durante años por algo que hoy ya casi no se tiene en cuenta; la virginidad, las relaciones extramaritales, y las vejaciones, verdad o no, que parece sufrir. Tal vez la mente enferma del hombre sea la que imagina todo eso, o tal vez sea verdad, y eso le enferma hasta el punto de cometer tal atrocidad.
Salu2.