lunes, 3 de enero de 2011

Las crónicas de Genarón. ¡Mujeres!

La hora de menos movimiento en el aparcamiento, suele ser entre las cuatro y las seis de la mañana. Entonces llegan los empleados de la limpieza con la barredora, vacían papeleras y friegan los baños. Los baños los hacen todos los días, y el resto dos veces por semana.

Con la limpieza a hora tan temprana y con la afluencia de conductores, por la tarde hay que dar un repaso a los lavabos y, esa misión a nosotros nos corresponde. Antes, cuando no había cámara en el pasillo, entraban algunos de los que en el parque se dedicaban a darle al tetrabrik del peleón y lo dejaban todo perdido. Excuso decir de que. Pero si malo era lo de los hombres, que decir de las mujeres. He encontrado de todo; la taza atascada de papel, compresas y tampones en el suelo y cosas más raras.

Parece que las mujeres tuvieran próstata y anduvieran mal de esa glándula. En mi aburrido trabajo me he entretenido en juegos tontos, como el de contar las marcas de los vehículos, también cuantas señoras utilizan los servicios, pudiendo asegurar que el porcentaje no es inferior al 70% de las que entran y un 30% superior al de los hombres.

Pero esto no va de limpieza ni tampoco de porcentajes, va de una chica llamada Irma y de lo que aconteció una noche.

Pasadas las doce de un viernes, entraron en el aparcamiento dos vehículos de la misma marca y color rojo. De ellos se bajaron siete chicas que portaban bolsas del Mercadoña y sin ser adivino, supe que se encaminaban a hacer botellón. Todas vestían más o menos de forma parecida, excepto una que parecía no encajar; iba, de gótica. Vestido negro acampanado hasta la rodilla adonde le llegaban las botas, sin manga, cuello cuadrado, pechera de encaje, guantes largos de puntilla y sin dedos, sortijas y pulseras varias, uñas, labios y maquillaje morado, casi negro...

La puerta de peatones esta justo al lado de mi cabina, luego un pequeño distribuidor de donde parte la escalera, el ascensor y el pasillo que da a los lavabos. Prudente yo y sabiendo como son las chicas cuando van en grupo y, de marcha, me retire del mostrador hasta dar con mi espalda en lo más recóndito de la garita. Alguna, que se apercibió de mi maniobra me soltó:

- ¡No te escondas macizo, que no te vamos a comer!

Yo me concentré en las pantallas, levantando indolente una mano. Así como el que dice, te he oído, pero tengo tajo.

Dado el porcentaje antes mencionado, supuse que por lo menos cinco de las chicas querrían entrar a los servicios, lo cual me ponía en un aprieto ya que por la noche siempre están cerrados. Efectivamente, una de ellas vino a por la llave, a dios gracias que fue la gótica. Modosa ella me dio las buenas noches y las gracias a la entrega una vez hubieron acabado.

Respiré aliviado y traté de concentrarme en el cuestionario de mecánica, que estaba estudiando para optar a una plaza de conductor de autobuses del Ayuntamiento.

Habría transcurrido algo más de dos horas, cuando una sombra delante del cristal me sobresaltó. Casi me caigo de la silla. A ella le dio la risa.

- Soy yo, no te asustes. Me pareció que estabas muy aburrido, y como yo también lo sufría, he pensado si te apetecería tomar una copa. Me dijo, levantando una de aquellas bolsas que viera salir antes.

Mi duda era manifiesta y ella lo notaba...

- Venga, hombre, que solamente quiero charlar un rato.

Receloso, cerré con llave la caja registradora, pero le abrí la puerta. Sacó dos vasos de plástico, una botella de Negrita, una de cola y de otra bolsa unos hielos.

Hablamos y hablamos hasta casi la hora del relevo; su vida, mi vida, mis sueños, los suyos... un par de cubatas… y eso fue todo.

Unos meses después de aquello, alguien se acercó hasta el cristal de mi cabina, aquella cara me resultaba familiar...

- Hola Genaro, que tal las oposiciones.

- Y entonces supe que era ella; Irma. Traje pantalón gris ratón, chaleco, camisa blanca y corbata nudo enorme, portafolios...

-¡Irma, que cambiada estás!

- Es que ahora soy la jefa de seguros Marfre. ¿Sigues preparándote?

- Si, ya solamente me que dan dos meses para el día fatídico.

- Oye, si quieres cambiar de oficio, yo puedo hacer algo. Si te decides, ven a verme. Me alegro de haberte visto de nuevo, Adiós, que llevo prisa.

¿No resulta un tanto paradójico? Pero así es la vida.

6 comentarios:

rubo dijo...

Las buenas amistades se fraguan en los lugares mas inverosímiles. Bien por el bueno de Genarón.

Alfredo dijo...

rubo.
A un hombre tímido hay que darle un poco de "pie", luego las cosas rodarán, sin duda.

Ricardo Miñana dijo...

Muchas felicidades para este año, dale vida a tus sueños y que la crisis económica
pase de largo.

¡¡Feliz año 2011!!

Un abrazo.

Alfredo dijo...

Ricardo.
Gracias por pasar por este humilde blog.
Te deseo lo mejor para este 2011.
Salu2

oliva dijo...

Al leer que una de las chicas era gótica, he pensado en el famoso correo que rueda y rueda sin parar sobre las hijas del presidente Zapatero, sobre todo la mayor... qué nos importará a nosotros de qué manera y estilo desee vestir y vivir esa chica!!

Cada persona tenemos tantas opciones y representamos tantos papeles interpretando distintos personajes, que quien sabe? quizá tu provengas de una familia con muchos recursos y de alto linaje y cuna y, aparentas ser un sencillo jubilado contando historias divertidas?

saludos

Alfredo dijo...

oliva.
Mi cuna es tan humilde como la de muchos otros. Es cierto que gracias a mi padre no hemos vivido mal, nos dio una "carrerilla" y apoyó siempre que pudo. En cuanto a lo de la chica, se me vino a la memoria la imagen de una moza este verano en la verbena de San mateo en Oviedo. Lo oí hablar y me quedé boquiabierto con su sapiencia y buenas maneras. Ya dice el refrán que habito no hace monje, y somos los demás los que a menudo creamos estereotipos erróneos.