lunes, 10 de enero de 2011

Las Crónicas de Genarón. Nueva proposición.

 

- Oiga don Senen, ¿porque no le propone a su mujer la separación? - Le dije al hombre el día en que vino a la oficina a firmar las pólizas.

- Por la sencilla razón de que tal vez María, mi mujer, quiera más de lo que estoy dispuesto a dar. La empresa es mi vida y no estoy dispuesto a desbaratarla.

- ¿No tiene dinero?

- Si, lo tengo, y eso no me escocería.

- Quizá ella se conforme con menos de lo que imagina.

Don Senen rumió aquello que yo veía tan fácil y que él llevaba pensando bastante tiempo. Por fin se decidió.

- Senen, nuestro matrimonio es como barco sin timonel, gobiernas la máquina pero nadie el rumbo. Yo tengo bastante con achicar el agua de la bodega. ¿Acaso crees que no se de tus andanzas? Quiero mantener mi estatus, el chalet y el apartamento de Roquetas. Arregla lo que tengas que arreglar.

Y don Senen fue generoso por partida triple; a su mujer le depositó en el banco una millonada, a Elena la sorprendió con una boda y a mí, a nosotros, nos hizo un gran regalo; complementó los seguros de los trabajadores con el de la empresa en si. Pero además, fue nuestro padrino de boda y del bautizo de nuestra hija que se celebraron conjuntamente.

A Irma la ascendieron y se fue para las oficinas de Madrid. Entre el bullicio de la gran ciudad, cada noche alterna con otras chicas góticas de elevado estatus.

Alberto pasó a ocupar el puesto de Irma.

A mi me dieron una sucursal de barrio cerca del Corte Sueco.

A mi antiguo jefe, el del aparcamiento, lo volvieron a atracar un día en que había empinado el codo. Dicen que el malhechor tenía una cicatriz desde la oreja hasta la boca. Pero no hay mal que por bien no venga; dejó la bebida.

María continuó su vida de siempre, pero sin el agobio de tener que tapar, disculpar o engañar a los buenos samaritanos.

Don Senen y Elena van a ser padres. El 63, aún está a tiempo de ver crecer a su primer vástago.

Marta y yo nos vamos al pueblo casi todos los fines de semana.

Fin.

Nota. Este cuento tan acaramelado donde todo sale bien, ha sido como el preámbulo del que publicaré próximamente. Cuando los lectores hayan hecho la digestión, asesinaré a mi mujer.

4 comentarios:

oliva dijo...

vaya! con usted la imaginación detonó e hizo chass!! se rompió el cascarón del huevo, estalló el globo, reventó la rueda... me río porque todo la masa gaseosa que me envolvía ayer para conseguir crear la situación necesaria, etc, etc, ahora mismo, después de leer tu comentario se fue al garete... risas.

bueno, en algo hay que entretenerse, ya que no tengo que estudiar oposiciones...

luego vuelvo para leerte, me voy a tomar un café.

Alfredo dijo...

oliva.
Necesito que me expliques eso que dices.
¿Querrias acaso que te dijera... Que la pobrecita está mosca poresasombramisteriosaquetalvezenuna esquinaenpenumbraseabralagabardinayleenseña…

corbatas de seda para el marido o el tío tríadas de contrabando expresamente de oriente?

Voy a leerlo una vez más no sea que esté metiendo la pata, y si quieres este comentario te lo dejo en el blog.

oliva dijo...

No, no lo leas más por favor. Porque la historia tiene un antes que no es conocido.

Ayer leí este relato, antes de tomar el café y cuando regresé más tarde, fuí directamente a post anteriores y no comenté este (que fue el primero que leí).

No asesines a personajes que tienen derecho a ser felices, a compartir sus vidas y también, a repartir beneficios. Me gustó mucho esta historia. Si decides continuar, quiero saber cómo fue el parto, que tal va creciendo el bebé, si era niña o niño, si cambiaron de piso a pesar de la crisis...

Un abrazo y gracias por tus comentarios.

(espero que tu hija se encuentre mejor).

Alfredo dijo...

oliva.
Gracias por tus buenos deseos hacia mi hija.

El cuento de Genarón lo doy por terminado. El nuevo cuento, en el que asesinaré a mi mujer, es también un poco largo, así, que a pesar de que los suelo escribir de un tirón, lo publicaré por entregas. Solamente me falta hacer las particiones.
Las gracias te las tengo que dar yo por tu paciencia. Respecto de los comentarios, me parece que estos días estoy algo descentrado. No te tomes a mal nada de lo que pueda decir, pero si así fuera, dímelo por favor. Me gusta la imaginación que les pones a tus relatos, los comentarios chispeantes y alegres y tu forma de ser. Gracias por ser así.