miércoles, 5 de enero de 2011

Las crónicas de Genarón. Ocasiones.


Las ocasiones hay que aprovecharlas. Durante bastante tiempo mendigue un trabajo fijo que no llegaba; mi cualificación era escasa. Dejé a mis padres en el pueblo por la sencilla razón de que aquella vida de subsistencia se venía abajo. Cuatro o cinco vacas, unos prados insuficientes para alimentar más ganado y una pequeña huerta nos habían matado el hambre, que no la necesidad, hasta entonces, pero ya no. Así que le dije al viejo: Adiós mi pa, voy a la ciudad en busca de algo mejor. Mejor para usted que tendrá una boca menos, aunque algo más de trabajo, y mejor para mi si logro meterme de peón en la construcción.

Y el azar intervino en mi favor. Una noche un par de tipos navaja en mano trataban de desvalijar a un hombre un tanto beodo. Sin pensarlo dos veces, me quité el cinto y le dí un par de vueltas a la mano dejando colgando la hebilla y me enfrenté a ellos. Tras varios insultos se vinieron hacia mí y, como dicen que el que da primero, da dos veces, lancé un cintarazo al que me acosaba por la derecha. De la brecha que le hice en la frente comenzó a manar abundante sangre. Raudo solté nuevamente el brazo y la hebilla fue a estrellarse en esta ocasión contra la mejilla del que me lanzaba una cuchillada por mi izquierda. El cinto que utilizo, es de buen cuero suavizado por el continuo roce con los ijares y las ancas de la burra que quedara en el pueblo, y la hebilla no era ni más ni menos que una herradura de la jumenta, reformada y niquelada para el uso que yo le quise dar.

La jeta del último rufián aumentó en cuatro o cinco centímetros y tal parecía la de Joker. Sangrando como cochinos, los cobardes navajeros huyeron. El hombre al que defendí es ahora mi patrón, y aunque le estoy agradecido por el empleo con el que me recompensó, ochocientos escasos euros no dan para gran cosa.

Al principio estaba contento, ya no necesité que mi pa me enviara algún dinero de vez en cuando, es más, yo le mandaba la extra de navidad, pero cansado de comer en la pensión garbanzos con algo de tocino, me busqué un pisito de alquiler.

Me llaman pesetero porque no desprecio una hora extra, pero el cubrir las faltas de los demás me ha llevado en estos años a dos cosas, una mala y otra buena; dispongo de poco tiempo libre, y aburrido en el tajo, aprovecho para prepararme como conductor de autobuses - el doble de sueldo - adquiriendo de paso algo de cultura general.

Se me olvidaba otra cosa buena, mi pa, con los cuartos que le mando, me ha ido comprando ovejas y cabras. Ahora tengo un rebañito para el que el viejo ha tenido que contratar un pastor.

Dice el refrán que las ocasiones las pintan calvas, por lo que pensé que si no me salía bien lo del examen, bien podría aprovechar el trabajo que Irma me ofreció. A buen seguro que mis ingresos aumentarían y tal vez dejara esta vida de ermitaño que en la cabina llevo.

6 comentarios:

rubo dijo...

Este Genarón es todo un personaje, presiento que va a dar mucho juego...
Que los Reyes te sean propicios... Chao.

Alfredo dijo...

Ya he tenido Reyes, y muy buenos.
Salu2.

oliva dijo...

Me ha hecho mucha gracia como te desenvuelves y haces que tu personaje luche y se defienda de aquellos navejeros? con el cinto de tu jaca. Bueno de eso se trata, de consumir: una vez que gastemos más dinero toda la maquinaria se pondría en movimiento y tal vez, esto se recuperaría, pero claro está, solo hay que ganar más dinero a fin de mes... y el porcentaje que nos retienen ser inferior, no tengo ni idea de economía pero el padre de Genarón le compró con su extra un rebaño de ovejas y contrató el servicio de un pastor, generando riqueza...

Alfredo dijo...

oliva.
No me explico como eres tan veloz. Razón tienen los que aseguran que la mujer piensa con los dos lados del coco, mientras que los hombres solamente con uno.
Oye, una extra de ochocientos "leuros" no dan para un rebaño. Digo yo que lo haría con dos o tres pagas.
Esto de la "econosuya" es difícil de entender; no hace mucho decían que había que ahorrar, ahora que hay que gastar. ¿En que quedamos? Lo triste del caso es que a los jubilatas, que no tenemos capacidad para ganar más, nos quitan pasta y ni nos queda para ahorrar, ni para gastar más.

oliva dijo...

Le quitaran a usted señor Alfredo. A mi padre, este año cumple los sesenta y cinco años, pero desde el los sesenta tiene una invalidez permanente y sobre todo, habiendo sido toda su vida laboral autónomo, cobra la inmensa pensión de cuatro cientos veinte euros... ya me dirá cómo le pueden retener algo, las pensiones mínimas son esos casi inexistentes... supongo que darán por hecho de que todos los autónomos tienen una remesa debajo del baldosín o dentro del colchón, si no no lo entiendo.

buenos días, como lee duermo poco debe ser los treinta y siete años que pasan factura...

Alfredo dijo...

oliva.
Yo tengo sesenta y seis. También soy inválido permanente desde los cincuenta y ocho y mi pensión es un poco mayor, bastante mayor en comparación.
Mi mujer fue autónoma durante diez años… y no cobra nada. Lo dejó porque era mucho trabajo para lo poco que rentaba. Y encima sin vacaciones.