jueves, 6 de enero de 2011

Las Crónicas de Genarón. Otra vez al Corte Sueco.

Necesitaba aquel traje que quise comprar. No me iba a presentar en la oficina de seguros de cualquier forma, así que decidí volver a por el. También pesaba muy mucho en mi ánimo el desaire, o por mejor decir, la cobardía que mostrara aquél día. Ni que decir tiene, que la imagen de Marta venía a mí dibujando imágenes concupiscentes las más de las veces y de culpabilidad en algunas otras.

Nos intuimos y nos miramos al instante en la lejanía, yo desde el pasillo y ella tras las perchas, allá al fondo donde está la repisa de las camisas.

Dejó lo que entre manos pudiera tener y se vino hacia mí. Yo hice lo propio, encontrándonos justo en medio de los percheros de suéter de señora.
Atropelladamente y a la vez quisimos disculparnos, pero si algo digno de mención me dio mi pa, fue educación. Por ello la deje hablar primero;

- Perdona el avasallamiento del que fuiste objeto por mi parte, quiero explicar mi proceder. Tengo treinta y seis años y últimamente estaba obsesionada; se me pasa el arroz y quiero tener un hijo. Soy buena gente, de buen carácter, no soy fea, buen tipo, piso propio y trabajo, pero llevo desde antes de los veinte sin novio. ¿Porque entonces ningún hombre me corteja? Misterios de la vida, seguramente nací para soltera. Hasta pensé en la inseminación.

Hizo una pausa y tomó aliento sin apartar sus ojos de los míos.

- Te preguntarás que tiene que ver todo eso con mi actitud; simplemente me cansé de ser buena. En mi atormentado cerebro bullía una idea, al principio la rechacé - estas loca Marta- pero íntimamente sabía que la llevaría a efecto. Entonces te vi. Me gustaste nada más verte. Querías un traje. Ningún hombre casado viene solo a comprar ese tipo de prenda. Y pensé que aquella era la ocasión, que seguramente me creerías un ligue fácil, pero no me importaba, tenía que conseguir una cita, luego, me sinceraría.

Tan contenta estaba, que se me olvidó que pasaras por la caja. Igual daba, ya te cobrarían al salir, pero cuando una compañera vino con el traje, comprendí que la estratagema no había dado resultado. Había estirado demasiado el hilo. Lo siento.

- Marta, reconozco que me sentí halagado… pero, intimidado. Estoy chapado a la antigua y soy de los que piensan que es el hombre el que ha de dar el primer paso. Me dejaste descolocado, pero me gustas y desearía que saliéramos. ¿Te parece bien?

7 comentarios:

rubo dijo...

Esta historia de Genarón se está poniendo muy interesante. Muchas veces lo que buscas aparece en el momento y el lugar menos esperado. Aguardaremos el desenlace impacientes.

Alfredo dijo...

rubo.
Ya estamos a punto de concluir. Supongo que en tres quites lo liquido.
Salu2.

oliva dijo...

Si, cierto. Pero también afortunadamente, no te vas encontrando mujeres que te arrojan sin más, esa confesión sin premeditación...

continuo (y treinta y seis por qué?, porque te apetecía). Por un momento me he sentido identificada, menos mal que tengo un hijo de dieciseis años pululando por la casa, que hoy ha ido a las rebajas y está muy contento...

Alfredo dijo...

oliva.
Me estas haciendo releer mi propio cuento. Tiene esos años por que al empezar dije que Genarón rondaba los cuarenta.
Me alegro de que tu hijos "mercara bien".

Alfredo dijo...

oliva.
Además, ¿no son esos años críticos para lo del arroz?

oliva dijo...

solo tengo uno... si, seguro que malcriado y consentido...

Alfredo dijo...

oliva.
A tenor de cómo hablas de él, seguro que es un mozalbete guapo y buen chico.