martes, 1 de febrero de 2011

Abano, abanar.

(Del port. abano).

1. abanico (para hacer aire).
2. Aparato en forma de abanico que, colgado del techo, sirve para hacer aire.

Recuerdo que en aquellas películas antiguas donde salía un sultán, califa o moro de posibles, solía haber un niño que tirando de un cordel, -abanaba- hacía moverse el abano del techo. La alfombrilla así montada, aparte de espantar alguna mosca, debía levantar una suave brisa vivificante que mitigara los calores que mandaba el árido desierto.

Aunque nadie me crea, me he pasado una tarde entera en busca del dibujo o el fotograma de alguna cinta en la que pudiera aparecer el simple artilugio. Aladino, Sherezade, Las Mil y una noches, El Ladrón de Bagdad, Alí Baba… y por supuesto, abano. Lo que más se parece, es esa delicada gasa que pudiera inducir a pensar en tal cosa, aunque tengo mis dudas.

En fin, como ya va esto bastante largo, decir únicamente que la palabra de hoy tiene origen portugués, primera de este origen que creo se comenta, y que en Andalucía y Canarias dicen abanar al sistema de avivar la lumbre con un soplillo.

Hay un pueblo en Véneto; Abano, donde una leyenda afirma que Fetonte, hijo del sol, se precipitó con su carro en llamas provocando el afloramiento de aguas capaces de liberar del cansancio y el dolor; “aponon”, de donde deriva el nombre de esta localidad termal.

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