miércoles, 23 de febrero de 2011

A cantazos.

No hay cosa que más me fastidie, que tener que comenzar… se dice, se comenta que tal o cual. Me parece sinónimo de palabrería, de falta de rigor, en fin, de cuentos de viejas. Pero en las más de las ocasiones, no tenemos otro remedio. La mayoría de los que encabezamos así un escrito, seguramente no hemos vivido la situación, nos hemos dejado influenciar por otros de los que pensamos saben más, no tenemos el tiempo suficiente para investigar, o no sabemos.

Tampoco es que sea demasiado importante, no me cansaré de repetir, que el que quiera información contrastada, la busque en los sitios adecuados y no en blogs de aficionados a la péndola. El caso es pasar un rato agradable tratando de no ofender.

Y, ¿a cuento de que viene esto? Sencillamente por una razón; lo que a continuación se expone, puede estar falto de ese rigor mencionado, entendiendo por rigor en este caso, propiedad y precisión. Vamos allá.

Se dice, que eran notorios los escándalos de Isabel II y que llamaban la atención de las testas coronadas de Europa. (Aquí conviene apostillar con un refrán; "En todas partes cuecen habas…) Tan grandes fueron las alharacas, que el confesor de la reina Antonio María Claret, amenazó con dejar de ser su guía espiritual.

Y es que al parecer, las tres infantas, Pilar, Paz y Eulalia, eran hijas de Miguel Tenorio Castilla, doce años menor que la reina y su secretario personal, amén de otros cargos importantes. Recordemos que Isabel estaba casada con su primo el infante don Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz, de quien se decía era homosexual a pesar de que éste era padre de varios hijos ilegítimos y que se le conocían diversas amantes.

Para corroborar el tema de los cuernos, Tenorio, nombra heredera universal a la infanta Paz, que durante una comida anunció a los invitados..."Les presento a mi padre, Miguel Tenorio". Por si esto no fuera bastante, la propia reina contestó a una persona preocupada por la salud de la familia… "No hay cuidado, el padre de éstas disfrutaba de muy buena salud". Y es que además, el tema de consanguinidad, (recordemos también que Isabel era hija de Fernando VII, que padecía Macrogenitosomía y era un psicópata sanguinario, y de su cuarta esposa, su sobrina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, nieta de Carlos IV, imbécil por naturaleza y falto de voluntad y energía), casi todos los ascendientes desde Luis XIV, les proporcionó un extenso catálogo de enfermedades.

Pero no solo Tenorio fue amante de la reina; Carlos Marfori, marqués de Loja, el barítono Tirso de Obregón, Josef Haltmann compañero de sus últimos años, el padre de su hijo Alfonso, que unos dicen era el teniente Puig Moltó y otros un dentista americano llamado McKeon etc. etc.

Pero al leer estas cosas, siempre se me viene a la imaginación, aquella grande reina que quiso ser montada por un caballo y pereció en el intento. Otra fábula más originada por la forma, quizá escandalosa, de vivir.

"El que esté libre de pecado, arroje la primera piedra". Tal vez aquél que pronunció éstas palabras, se confundió, o los que le oyeron entendieron, "El que quiera estar libre de pecado, arroje la primera piedra. Así andamos, a cantazos.

4 comentarios:

Marina-Emer dijo...

Gracias Alfredo...es un orgullo para mi que un Asturiano entre a mi blog a seguir mis poemas ...gracias y un abrazo
Marina

rubo dijo...

Es curioso como se hereda la "golfería": Alfonso XII y su hijo Alfonso XIII eran dos "balas" (de hecho el verbo "borbonear" deriva de su afición a las faldas y las juergas). Y bueno, todos más o menos hemos oído alguna vez rumores sobre el Monarca actual. Cuando el río suena...

Jordi Siracusa dijo...

Hola Alfredo, gracias por tus cuentinos. Muy interesantes. Sólo un pequeño comentaríosobre el último. Miguel Tenorio,sin demasiadas dudas, padre de Paz, Pilar y Eulalia, era doce años mayor que Isabel II. Tal vez el error viene dado porque en un libro de José María Zavala así se afirma, pero lo cierto es que nuestro Tenorio nació en Almonaster la Real, privincia de Huelva, en 1818 y la reina nació en octubre de 1830 en Madrid. Un abrazo.

Alfredo dijo...

Jordi Siracusa.
En primer lugar, gracias por tener la santa paciencia de leerme. En segundo, muy agradecido por dejar un comentario -un bien bastante escaso-. Y en tercero darte la razón.
Si te soy sincero, he tenido que leer de nuevo la entrada - no me gusta mucho decir post- ya que no la recordaba. Posiblemente quise decir mayor y dije menor, o posiblemente lo leyera, como tú indicas. Sea como fuere, ya digo que el que quiera información contrastada que acuda a sitios de garantía. Normalmente busco la información en los libros que tengo o en la biblioteca, pero a veces se falla.
Salu2