lunes, 7 de febrero de 2011

EL ABUELO (4ª parte)

Se fueron atrasando en el tiempo. Fueron a sus tiempos mozos, pasaron por las peleas con mozos de otros pueblos y continuaron hasta sus años de mozalbetes. Llegados aquí, el abuelo narró la caza de su primer jabalí.

- Tenía yo trece años, y con la misma edad, año más o menos, Jamín el de la pumará, Antón el cantor y el aquí presente Fermín. ¿Te acuerdas Firme?

- Ya lo creo que me acuerdo. Fue la aventura más dura de todas las que corrimos. Todavía oigo silbar la vara de ablano que manejó, mi padre que en gloria esté. Y todavía debo de tener el trasero como pimiento morrón.

- A todos nos zumbaron de lo lindo. Pero comimos en los días siguientes el jabalí en una buena tripada. Los padres sentados, los hijos no lo pudimos hacer y no por falta de sitio. ¡Pero comimos!

- Todo sucedió al otro día en que cazaron la corza. Cuando vimos pasar a lomos de mula, una corza que había matado un señoritingo de la capital, nos dijimos; ¿Por que no vamos de caza? En ese momento entamamos la aventura. Por armas llevaríamos lo que se pudiera. Fermín llevó un cuchillo de monte. Antón el cantor un hacha pequeña y yo un focete casi en pico por lo desgastado, con un mango de metro y medio y que casi podía utilizar a modo de jabalina. Juanín iba de bateador con un buen garrote. Anduvimos toda la mañana y ya estábamos dispuestos a volver, cuándo Juanín vio huellas en el barro fresco. Había un regato al que costaba llegar por la cantidad de zarzas y matorral. La sombra de los castaños silvestres era agradable y las tupidas ramas, no dejaban ver el cielo. Teníamos que ir en fila india, pues el terreno no permitía otra cosa. Juan delante, yo detrás, luego Fermín y cerrando la marcha Antón. Juanín se agachó tratando de pasar al otro lado del zarzal por un oquedal. Tenía la cabeza casi dentro, cuando vio al jabalí. Quedó quieto, sin apenas poder moverse por el susto. El berraco, también estaba quieto, mirándolo a los ojos y preguntándose quizá, como no habría podido olfatear el peligro a tiempo. Yo ni me había enterado y dije:

- ¿Bueno, pasas o que?

- Al oír las voces, la fiera arremetió de frente, directo a Juanín que del susto cayó al suelo de lado. Todo ocurrió en una milésima de segundo. El animal, pasó por encima de él, a mi se me cayo el arma de la mano. Pasó rozándome como una exhalación y ya solo oí las voces de Fermín y de Antón...

- ¡Cuidado, que viene!

- Cuando Juan se quiso levantar, y yo mirar atrás, Fermín se estaba levantando y Antón trataba de quitarle el cuchillo. El animal estaba tirado en el suelo, resoplando en los estertores de la agonía. Tenía el focete clavado por la garganta y le había entrado hasta el palo. ¿Que había sucedido?

Al arremeter de frente, se clavó mi arma que hizo tope con la parte trasera del mango en una piedra. Así alcanzado, arrolló a Fermín y cayó un par de metros mas allá de Antón, este, como estaba ileso, con el cuchillo que por fin había arrebatado a Fermín, acabó de rematar al animal.

- Pasado el gordísimo susto, cantamos y reímos, y aunque después nos costó un triunfo llegar a casa con él, llegamos contentos y ufanos. Lo hicimos cansados, magullados y arañados, y así y todo, nadie nos libró de unos buenos palos por osados, arriesgados e inconscientes.

Continuará.

No hay comentarios: