jueves, 17 de marzo de 2011

El sueño de la abuela. 4ª y última parte.

Acabamos de enterrar a la abuela. Reposa junto a los restos de su querido Juanito. Estamos todos reunidos para que Lola y Ataulfo, nos expliquen que ha sucedido desde que hace menos de dos meses, la internaran.

- Vuestra madre, mi suegra - comenzó él medico - ha muerto de causas totalmente naturales. No quiero disculparme por mi proceder, que a alguno le puede parecer egoísta o ambicioso. La ciencia, como he dicho en numerosas ocasiones, tiene la imperiosa necesidad de avanzar, y si ello comporta riesgos, debemos asumirlos. Yo asumo la parte que me corresponde, si de algo se me quiere culpar. Pero he dejar bien claro, que una persona con noventa y tres años, ha llegado ya al fin de su existencia. Esto y no otra cosa, es lo que le a ocurrido a la abuela. Que nadie diga que lo que ha acabado con su vida, ha sido la intervención a la que la sometimos para extraer el nódulo que ahora se está analizando. Todos somos testigos de que no aparentaba más de sesenta, pero los que tenía, nadie se los podía quitar. Ella ha tenido la inmensa fortuna de vivir una inusitada juventud. Siempre ha estado en pleno uso de sus facultades, tanto físicas como mentales, y ese milagro, para sí lo quisiéramos todos. Quizá eso era lo que deseábamos en el fondo, pero yo no he sido capaz de hallar el origen de donde provino esa savia revitalizadora.

Lola al ver que su cuñado daba por finalizado su discurso de justificación, carraspeó y con voz un tanto temblona, comenzó a hablar.

- Esta vieja libreta de tapas de hule, es el diario de mi padre. Hasta hace unos días desconocía su existencia. Madre, viéndose en las últimas, me dijo donde lo tenía guardado y me previno para que no me deshiciese de él.

- Hay una fecha, ocho de mayo de mil novecientos cincuenta y seis, en la que padre relata lo que sucedió aquél día y cuestiona o formula unos interrogantes que nunca después pudo despejar. Leo ...

"El día de hoy ha sido un tanto extraño, y por más vueltas que le doy, no sé que pensar. Nada digno de mención en lo que a mí respecta. Me levanté a las cuatro de la mañana, aparejé la mula y la tartana para ir a por el vino. Traje cuatro pellejos del áspero y uno del dulce además de varios quesos. Sobre las seis de la tarde, ya estaba en casa "

"Dolores se levantó cuando ya casi me iba. Me calentó un poco de café y preparó las cestas para llevar unos conejos y unos huevos al mercado. Como de costumbre cuando hace el camino sola, sale de casa al pasar el rápido, a eso de las siete y media. A las dos ya está de vuelta. Sin embargo este día en que jura haber salido a esa hora, no ha llegado al mercado hasta las once. ¿Que le ha ocurrido, para que ese trayecto que a menudo hace en menos de media hora... le llevase cuatro? No se detuvo en ningún lugar, no dejo de caminar y no obstante, tarda todo ese tiempo. ¿Porqué?

- Hasta aquí lo que escribió ese día. Pero hay más, durante otros siete relata lo que madre le va contando del sueño que tuvo la noche del siete al ocho. Así el día diez dice...

"Dolores cree haber soñado que encontró a alguien camino de la ciudad, pero que todo está muy confuso en su mente. Esa podría ser la explicación a las horas en blanco, más ella insiste en que nada tiene que ver lo uno con lo otro"

"Día once. Dolores dice que el sueño se va aclarando. Dos hombres bajan del cielo en su carro de fuego y hablan con ella"

"Día doce. Vuelve a hablarme del sueño. Salió de casa con sus cestas, los Profetas Ezequiel y Daniel bajan, hablan con ella y la llevan al cielo donde ve a Dios. Está confundiendo sueño y realidad sin duda. Ya no sé que pensar. Duerme mal despertándose a veces con gran agitación. Nosotros no somos unos beatos, aunque ella tiene a San Nicolás como santo de su devoción, no logro ver si hay alguna relación"

"Día trece. Está un tanto rara. Por un lado no quiere comentar nada del tema, pero por otro, hay algo que la impulsa. Teme cometer alguna herejía. Dice que cuando estaba en el cielo la colmaron de atenciones y que vio la tierra desde lo alto. Que nuestro Señor es afable y bondadoso "

"Día catorce. Está pensando si no será verdad que la llevaron allí. Yo trato de quitárselo de la cabeza. Solo ha sido un sueño. Trato de convencerme a mí mismo, pero aquella duda subsiste. ¿Dónde están aquellas horas que faltan en su vida?

"Día diecisiete. Hemos tomado la decisión de que Eladio, el enganchador, pinte un cuadro con todo lo que cree haber soñado. Seguro que cuando lo veamos, nos reímos de ello y se aliviará la tensión"

- Ya no hay otra mención hasta dos meses después en que una sola línea dice que se ha pintado el cuadro y que lo han colocado en su habitación.

- Que pensar de todo esto? No lo sé. Cada cual que saque sus propias conjeturas. Yo solo quiero decir que me siento culpable de algo. Me siento culpable de no haber sido capaz de impedir que madre entrara en la clínica. Tal vez habría ocurrido lo que ocurrió, pero estaría más tranquila. Como vosotros, he pecado de ambición.


Volvemos a estar todos reunidos. Ha pasado casi un mes del óbito y el resultado de los análisis obra ya en poder de Ataulfo. Después de leído el dictamen, y viendo caras de extrañeza por el tecnicismo del lenguaje, aclara alguno de sus términos.

- La abuela Dolores, tenía localizado un pequeño bulto en el intestino como todos ya sabéis. Tanto los rayos X como las ecografías, eran bastante anormales. Tratando de evitar males mayores, se decidió hacer una biopsia lo más amplia posible y con lo que se extrajo el núcleo central del nódulo. La intervención fue sencilla y rápida, sin embargo toda la vitalidad que antes poseía comenzó a decaer de forma continuada y no se pudo atajar por ningún medio. Era como si los órganos principales se empezasen a gastar con una aceleración inusitada. Como si quisieran recuperar el tiempo perdido.

- ¿Que hay de la muestra que se analizó?

¡Nada! No era más que un nódulo, una concreción, un quiste sebáceo al que de ninguna de las formas se le puede achacar, ni el brote de inesperada juventud, ni el de su acelerada muerte.

María, mi esposa, fue la única que habló.

- Todos nosotros la hemos matado. Le quitamos las ganas de vivir con nuestro egoísmo. Ella vio que continuaríamos siempre igual hasta encontrar la fuente de esa juventud en que se hallaba, y se dejó morir.

Yo pienso que aquél pequeño bulto, mucho influyó en la abuela y otro tanto en Ataulfo. El, que nunca había bebido, comenzó a darle con ahínco y dos años después, la siguió a la tumba. El día del entierro del médico, mientras que el oficiante resaltaba las virtudes del difunto, yo deje volar mi imaginación.

¿Porqué aquel bulto no podía ser un temporizador conectado por seres extraños con finísimos hilos a los centros vitales? ¿Un relé de tiempo que al llegar a un determinado punto, diese marcha atrás y luego adelante, y así por los siglos de los siglos?.

fin.

4 comentarios:

Esilleviana dijo...

Quien sabe, no tenemos porqué ser los únicos seres que habitan la galaxia... es todo un arte y algo muy interesante, poder transmitir mediante la escritura, la sabiduría, el pensar y el sentir de tantas personas durante todos los siglos, desde que se comenzó a utilizar por los egipcios. Me ha gustado, esa mezcla de ficción y realidad es muy divertida. Ahora entiendo (aún más), la capacidad de tu hija para hacer buenos relatos, lo heredó (esto creo que te lo escribí).

un abrazo.

Alfredo dijo...

Esilleviana.
Te doy matrícula de honor en paciencia. Gracias.
Saludos.

rubo dijo...

Qué historia más interesante, me ha enganchado. ¡Maestro!
(Y no me llames adulador).
Salu2.

Alfredo dijo...

rubo.
Creo que tengo dos.
salu2.