jueves, 3 de marzo de 2011

Los restos de mi locomotora.





Hace muchos años, cuando yo era un infante de teta, mi padre empezó la construcción de una locomotora a escala. No sé de cual se trataba. Hoy solamente me quedan para el recuerdo algunas ruedas sueltas y este eje montado.

Él hizo los moldes, torneó ejes, cortó chapas para las ballestas, fundió, desmoldó, lijó, preparó el tender, caldera y pistón… hasta que la ilusión se fue apagando por la necesidad de ganar más dinero en aquellos tiempos difíciles del racionamiento.

Es muy posible que cuando yo falte, mis hijos las tiren a la chatarra, pero mientras, las tengo de pisapapeles en el desván de mi casa. Imposible olvidar lo que el viejo construyó y con lo que yo jugaba de niño.

2 comentarios:

Esilleviana dijo...

Esas ruedas para tus hijos y nietos serán un símbolo de la familia, no solo de ti, si no de tu padre. Un bonito recuerdo.

un abrazo.

Alfredo dijo...

Esilleviana.
No lo creo, bastante les importa a ellos lo que su abuelo hiciera de joven. Tal vez cuando tengan más años empiecen a valorar las cosas de sus mayores. Como hacemos casi todos.
Salu2.