lunes, 21 de marzo de 2011

¿Quién era El Cosmopolita?

Aunque ya publiqué algo sobre la alquimia, no recuerdo que, y no lo voy a buscar ahora, al comentar la palabra azófar, pensé en estos hombres que tuvieron en su mano tanto poder. Se puede entender el poder como riqueza, como posesión del vil metal que casi todo puede conseguir. Pero también es poder, esa forma de engatusar, de comer el coco a los demás haciendo ver blanco donde hay negro.

Permitidme que me extienda un poco más en este preámbulo para recordar a aquel francés que allá por los años ¿70? apareció en televisión española y a la vista de todos transmutó el plomo, apareciendo en su mano una pequeña barra de oro. Yo creo que aquél que se decía conde o marqués -tal vez lo fuera de verdad- lo que hizo fue un juego de manos, y como yo no creo ni en la piedra filosofal, ni en la fuente de la eterna juventud, prefiero los juegos de manos de mí mago preferido; Tamariz.


Hubo un hombre que viajaba por toda Europa realizando transmutaciones. Como quiera que en este mundo, muchas de las cosas que hace la mano derecha, no deben de ser conocidas por la mano izquierda - o viceversa- él tuvo la mala fortuna que, de sus trabajos quedara constancia clara. Fue pues prendido y torturado para que revelara el secreto, muriendo a causa de las heridas, a pesar de que su discípulo Sendivogio le salvara de la cárcel. Este hombre, escocés y alquimista, se llamaba Alexander Seton que vivió y murió en el año 1604.

A Sendivogio no le fue mejor, casado con la viuda de Seton, consiguió de ella "La piedra" que El Cosmopolita le dejara en herencia, logrando la trasmutación y consiguiendo oro en abundancia. Perseguido y despojado del resto del catalizador, murió en la miseria, aunque ya viejo.

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