miércoles, 6 de abril de 2011

La flor del... Guindo.




A mi me parecen casi todas las flores de los frutales muy parecidas, aunque todas tienen sus particularidades. El Guindo (Prunus avium), que no cerezo (Prunus Cerasus), como algunos lo llaman, da frutos algo más pequeños y ácidos. Mi abuelo, que tenía un pequeño chigre de pueblo, de aquellos en que el vino se traía de León en grandes pellejos, siempre tenía una botella de anís de guindas que se hacía en casa. Decía que eran buenas para la tripa, así que él, de vez en cuando se tomaba una copita y a mi me daba las guindas.

El cerezo común, bravío, de monte o guindo tiene hojas simples, aovadas a oblongas, con el margen aserrado de forma irregular y es caducifolio.

Las flores como tantos frutales, aparecen cuando el árbol aún no ha rebrotado, de abril a mayo. Son blancas, de entre 2 y 3 cm de diámetro; muestran cinco sépalos y otros tantos pétalos blancos. Los estambres son múltiples. Las flores forman haces (umbelas), formados por 2 a 6 unidades, en cuya base hay una corona de brácteas.

Lo mismo con el cerezo que con el guindo, hay que tener mucho cuidado con la poda; las heridas cicatrizan mal, pueden secar las ramas e incluso matar el árbol. Como todos los árboles de pepita, puede sufrir la gomosis.

En la foto central podéis ver un bichito, no sé si mosca o mosquito, que tal vez pueda influir en la polinización.

3 comentarios:

rubo dijo...

Chiste malo: ¿es el guindo del que te sueles caer?
Salu2.

Alfredo dijo...

rubo.
No, yo me he caído del cerezo.

Alfredo dijo...

rubo.
Ahora me he dado cuenta de que eres algo guasón. Lo dices por esa muletilla mía, y que como tal, utilizo con frecuencia.
¡Memoriona la tuya!
Esta vez tardé en caerme del guindo.
Salu2.